“Abre tu corazón ahora, porque lo oculto de tu vida ha de ser ahora manifiesto. ¡Aquello que ha estado en oscuridad!, ¡aquello que ha estado en tinieblas!, vas a poder ver a plena Luz, a plena Luz de Jesucristo, porque Él es la Luz que ilumina nuestras vidas.
Deja que ahora el Señor por su Espíritu Santo, te conduzca a su Presencia, te conduzca a su Reino, a su Trono celestial, a su Trono de Gracia.
Esta Palabra está dirigida a ti, que llevas en tu vida tanto dolor por aspectos de tu infancia, aspectos penosos cuando tú podías ver en otros niños que podían tener lo que tú no tenías, pasaste noches de hambre o pobreza. Y eso vuelve y trae dolor, y al mismo tiempo trae rabia, trae impotencia, amargura y dolor. Y podemos ir más allá cuando te hiciste ya adolescente: la rebeldía en tu vida, el rebelarte en contra de tus padres –si es que los tuviste–, o te rebelaste a aquellas personas que estaban en autoridad sobre ti. El Señor está hablándote a ti que has llorado mucho, muchas veces por esto, y no te perdonaste por los errores cometidos en tu juventud.
Si eres una vida que no puede olvidar el adulterio, en el interior está el dolor, en el interior está el ¡llanto!, ¡en el interior está la impotencia!, porque no pudiste perdonar, vencer.
Y vamos más allá, aspectos de lo que es en este tiempo tu vida familiar. ¿Cómo están tus hijos?, ¿cómo están tus padres?, ¿cómo está tu esposa?, ¿cómo está tu esposo? ¿Qué ocurrió la semana pasada?, ¿qué problema terrible tuviste en la casa que inclusive quisiste dejar el camino, quisiste apartarte del Señor Jesús? Y en estos días has estado recordando con rabia, con dolor, con impotencia, inclusive con deseos de venganza. Ha sobrevenido gritería a tu vida, pelea, contienda, insultos que han llegado a tu corazón y te lastimaron, te hirieron, y estás ahí con rabia, con dolor, con amargura, con resentimiento.
Hay algunos que son huérfanos, otros como si sus padres hubieran fallecido, hubieran muerto; porque los padres no estuvieron con ellos. Y he ahí también los problemas que inclusive se arrastran hasta en la edad madura, y esto necesita ser sanado.
Necesitas olvidar el pasado que te causa sufrimiento, dolor, tristeza, desesperación, depresión, zozobra.
Este es un tiempo de restauración, es el tiempo de llenar las lámparas de aceite, es el tiempo en que el Señor quiere derramar su aceite en tu interior para que puedas iluminar tu vida; y con esas lámparas encendidas puedas ver la realidad de tu vida”.
Pr. Ricardo Claure Peñaloza
PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A TODAS LAS NACIONES