“Es necesario que a través de esta Palabra tú puedas darte cuenta de lo que realmente está ocurriendo en tu interior, puedas ver en forma clara la cárcel en que te encuentras y el estado de tu vida espiritual.
Y este mensaje es un mensaje del Señor para con tu vida, es un mensaje que te abrirá el entendimiento para que puedas conocer la cárcel en que te encuentras; porque hay una Luz que está iluminando tu vida, que ilumina a todo hombre. No es la luz del farol, no es la luz de un reflector, no es la luz del sol; es una Luz mayor, porque es una Luz que puede penetrar tu cuerpo, puede penetrar tu alma e iluminar tu conciencia, iluminar tu vida que está viviendo en pecado, en oscuridad, en tinieblas. Esa luz tiene un nombre y es Jesús de Nazareth. Él es la Luz que resplandece en la cárcel. Es la Luz que quiere resplandecer en tu vida encarcelada que está en tinieblas, en oscuridad, en noche espiritual. Él quiere iluminar tu vida con su Luz, la verdadera Luz. Esa Luz que ilumina a todo hombre quiere resplandecer en tu vida, en la cárcel en que te encuentras. La Luz del Evangelio de Jesucristo quiere iluminar tu ser, quiere iluminar tu vida, porque tú ya no puedes estar atado, atada con cadenas en las manos, durmiendo espiritualmente.
Esas cadenas que mantienen tu vida cautiva tienen eslabones, y puedes empezar a ponerle nombre a cada eslabón si te das cuenta de lo que realmente está ocurriendo en tu interior. La cadena de la rebeldía lleva eslabones de ira, enojo, control, posesión, desconfianza, sospecha, persecución, amargura, rencor, resentimiento, odio, falta de perdón, venganza, violencia, recuerdos recurrentes del pasado, perfección, orgullo, soberbia, ser inenseñable. La otra cadena lleva eslabones de: rechazo, temor al rechazo y autorechazo, inseguridad, inferioridad, fornicación, masturbación, actividad sexual ilícita, adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, lujuria, deseo de los ojos, confrontación con honestidad a toda costa, acusación a otros, fracaso, “nadie me quiere”, “no valgo nada”, depresión, desesperación, zozobra.
Jesús de Nazareth, el Nombre sobre todo nombre, quiere libertarte de esa cárcel, hacer caer esas cadenas. Él quiere ser el Señor de tu vida, Él quiere ser el Dueño de tu vida. Y esta Palabra es del Señor, del Dueño de tu vida, porque Él te ha comprado por precio en la cruz del Calvario. Él te ha comprado por precio derramando su sangre allí en la cruz. Y justamente a través de este mensaje el Señor va a tocar tu costado, tu corazón. El Señor quiere tocar tu corazón, tu vida. El Señor ya no quiere que estés durmiendo, quiere despertarte. Y en su Misericordia a través de este mensaje tocar tu costado, tu corazón. Es el momento en que despiertes, ¡despiértate!, ¡despiértate ahora! por cuanto el Señor tiene un gran propósito para con tu vida”.