«La Palabra del Dios Todopoderoso relata que uno de los fariseos rogó a Jesús para que comiese en su casa, y Jesús habiendo entrado en la casa de este fariseo llamado Simón, se sentó a la mesa.
Tenemos que darnos cuenta que esta Palabra tiene una relación total con nuestras vidas, porque llevando ya tiempo en el Señor, nos hemos convertido en simples oidores de la Palabra. Hemos rogado a Jesús que entre para comer a nuestra casa, y Jesús no se negó, Jesús ha aceptado, y estamos sentados a la mesa con Él.
En muchos creyentes se está dando un estado de seguridad falsa, e incluso tú has permitido que la religiosidad entre en tu vida, y te has convertido en un Simón, en un simple oidor. Solamente estás ligado a ciertas actividades espirituales que tienes que llevar en la congregación, estás acostumbrado a una rutina; hemos entrado en un rito, hemos entrado en una vida en la cual se hacen las cosas del Señor por hacerlas. Y nos llamamos “cristianos” porque solamente estamos sentados a la mesa con el Señor, comiendo de su pan, mas el cuerpo, el alma y el espíritu lo rechazan.
La iglesia de Cristo debe cambiar de actitud, porque está en rutina, en costumbres que no tienen nada que ver con lo que es el Evangelio de la Paz predicado por Jesucristo. La iglesia de Jesucristo tiene vida espiritual, y se mueve en el Reino espiritual del Espíritu Santo de Dios, mas se ha descuidado muchos aspectos, y ha entrado en simples ritos: cumplir por cumplir, llegar por llegar, servir por servir, trabajar por trabajar, orar por orar, ayunar por ayunar. De esa forma se ha entrado en un estado de tibieza que definitivamente no agrada al Señor.
La mujer mencionada en el Evangelio de Lucas, capítulo 7, versos 36 al 50 es figura de la iglesia de Cristo que ha sido redimida con la sangre del Cordero. Nosotros somos esa mujer pecadora, somos esa persona que estaba viviendo en deleites y en los placeres de este mundo; tal vez estábamos en adulterio, viviendo en engaño, en mentira y tantas otros pecados que nos menciona la Palabra: avaricia, orgías, borracheras, peleas, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías.
Debemos recordar de dónde el Señor nos ha sacado, de qué lodo nos ha recogido. Cada uno de nosotros sabe lo que ha hecho, lo que todavía sigue haciendo. Y el Señor nos está viendo con sus ojos que llenan todo el universo, no podemos escapar de la mirada del Señor, no podemos escapar de su Presencia.
Lo que debemos hacer es reconocer que es Jesús sentado en la mesa del fariseo, y traer un frasco de alabastro con perfume.
El alabastro es un recipiente hecho de una estalagmita de carbonato de calcio, que los antiguos empleaban para hacer recipientes e introducir ungüentos, perfumes y especies. Y con un frasco lleno de perfume esta mujer fue donde estaba Jesús. ¿Y qué es lo que hizo esta mujer? Dice que estando detrás de Él, a sus pies, estaba llorando, y comenzó a regar con lágrimas sus pies y los enjugaba con sus cabellos, besaba sus pies y los ungía con el perfume.
Ahora podemos escoger si queremos estar sentados a la mesa frente a frente con el Señor, o definitivamente tomar la actitud de la mujer, la iglesia de Cristo, que detrás de Jesús se postra a sus pies y llora.
¿Desde hace cuánto tiempo, desde hace cuántos días, desde hace cuántos meses no lloras por tus pecados que todavía sigues cometiendo? Ese llanto de arrepentimiento, ese llanto de quebrantamiento, es un llanto diferente al llanto de amargura, al llanto de desconsuelo, al llanto de desesperación, al llanto de ira, al llanto de odio, al llanto de duelo; el llanto que estaba derramando esta mujer, era un llanto lleno de Poder. ¿Por qué estaba lleno de Poder? Porque estaba lleno de arrepentimiento, estaba lleno del deseo de “cambiar totalmente de actitud”, porque eso significa “arrepentimiento”; estaba ya concibiendo esas lágrimas de Poder, esas lágrimas poderosas que también Jesús derramó en la Cruz del Calvario».
Pr. Ricardo Claure Peñaloza
PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE…