«Somos templo del Dios Viviente, del Dios Todopoderoso, y sabemos que vamos a ser templos por toda la eternidad en la Presencia del Dios Altísimo, sirviendo delante de Él.
Es por eso que ha llegado el tiempo de perfeccionar la santidad en forma plena; no podemos estar en debilidad espiritual, en inmadurez espiritual, como niños espirituales. Siendo templo del Dios Viviente, necesitamos limpiarlo de toda contaminación de carne y de espíritu, para poder ir perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
El Señor Jesús nos hizo, no solamente reyes, sino también sacerdotes; y como reyes y sacerdotes debemos cumplir claramente las Leyes del Reino, y vivir como tales, porque llevamos un real sacerdocio diferente al sacerdocio del Antiguo Testamento, al sacerdocio de la ley. Llevamos un sacerdocio que no es el levítico, sino que es según el orden de Melquisedec, porque vive para siempre. Y tenemos a un Sumo Sacerdote que es Jesús de Nazareth, el Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec. Y también siendo reyes, tenemos a un Rey Supremo, Rey de reyes y Señor de señores: Jesús de Nazareth, el Dios Todopoderoso.
La Escritura, en Segunda de Crónicas, capítulo 29, del verso 3 en adelante, relata de qué modo el rey Ezequías restableció el culto en el templo.
Este es el tiempo de restablecer el culto en el templo del Altísimo —que eres tú—, es tiempo de restauración, es tiempo de renovación. ¡Tú debes buscar tu santificación!, ¡necesitas limpiar tu templo!; porque tu templo se ha contaminado, está en oscuridad.
Recuerda que todo pecado, toda obra de la carne, pensamiento de la carne, deseo de la carne, emoción de la carne, sentimiento de la carne, de las cosas inmundas, no santas, como la mentira, la amargura, el rencor, la rabia, el dolor, la ira, el enojo, la prepotencia, la rebeldía, la falta de sujeción, en fin, tantas cosas, están acompañadas de espíritus inmundos. Todo esto es inmundicia espiritual que está en tu templo; es un principio claro espiritual.
Si tú sabes que necesitas hacer pacto de consagración, de perfeccionar la santidad en el temor de Dios, limpiándote de toda contaminación de carne y de espíritu, y sabes que tienes que entrar en su templo para limpiarlo, sacando toda la inmundicia que halles al atrio exterior, para luego llevarla fuera. Si tú has descubierto que no has estado viviendo como verdadero rey del Reino de los cielos, que no has estado llevando un real sacerdocio, un sacerdocio espiritual, esta Palabra es para ti.
Es necesario que esa inmundicia espiritual salga por el cuerpo; hay que sacarla al atrio exterior. ¿Cómo? Cuando tú confiesas al Señor tus pecados y te arrepientes de ellos, los espíritus inmundos están vencidos, nada tienen que hacer ya, fueron vencidos en la cruz del Calvario, Jesús los venció; y tú tienes el Poder sobre ellos para sacarlos de ti.
Los espíritus inmundos son aire. La palabra “espíritu” viene de la palabra griega “pneuma”, que significa: “aire, viento, espíritu”. Y justamente ese es el modo en que ellos salen de ti, a través del atrio exterior, que es tu cuerpo. Esa es la manera de limpiar tu templo».
Pr. Ricardo Claure Peñaloza
PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A LAS NACIONES