«Esta Palabra es para tu vida, y traerá consigo conocimiento espiritual y libertad, porque predicamos a un Dios de Verdad; Jesús mismo dijo que Él es la Verdad, y la Verdad nos hace libres.
Esta porción de la Palabra describe el momento en el que el Señor Jesús entró a la ciudad de Jericó; e identificamos a un personaje llamado Zaqueo, este hombre se encargaba de cobrar los impuestos para Roma, era publicano y también era rico.
Tal vez Zaqueo había escuchado hablar de Jesús, de sus obras maravillosas y del carácter mismo de Jesús de Nazareth; y cuando se enteró que Jesús entró a la ciudad, dice la Palabra que procuraba verlo, pero la multitud que estaba delante de él no se lo permitía, pues Zaqueo era de poca estatura. ¿Y qué es lo que hizo? Él quería ver quién era Jesús a como dé lugar, no le importaba cómo, y se subió a un sicómoro, un árbol frondoso.
Los sicómoros se caracterizan por su gran altura, llegan a medir hasta 15 metros de altura, la copa del árbol es tan frondosa, que su diámetro llega a medir hasta 18 metros. Verdaderamente un árbol enorme y bastante alto.
Zaqueo se subió a ese sicómoro para ver al Señor, y fue cuando Jesús lo miró y le dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa”. (Lucas 19:5). Zaqueo descendió de prisa y lo recibió con gozo.
Esta Palabra es para tu vida, porque tú eres un Zaqueo; Jesús está viendo el estado de tu alma, y tú quieres, procuras ver quién es Jesús. Mas no puedes, estás limitado porque no puedes creer y no has crecido espiritualmente; eres pequeño de estatura, no has llegado a la estatura y la plenitud de Cristo Jesús en tu vida.
Y así como Zaqueo se subió a un sicómoro, y desde allí quiso ver a Jesús; del mismo modo tú quieres ver a Jesús de Nazareth desde arriba, sin bajar, sin humillarte, inflado en tu orgullo y en tu soberbia. Puede que inclusive estés entre aquellas personas que no quieren pasar por la cruz de Cristo, por la cruz del Calvario; no quieren ver que verdaderamente su herida necesita sangrar para que pueda ser sanada por el Médico de médicos: Jesús de Nazareth. Y llenos de orgullo, de altivez y de soberbia, quieren ver a Jesús desde arriba, bajo la sombra, imponentes, orgullosos, altivos y soberbios. De ningún modo existe humildad en Cristo Jesús en ellos, lo único que manifiestan es actividad carnal, anímica, no espiritual, que por lo tanto no es de Dios.
Y te mantienes en esa posición: tú arriba y el Señor abajo. No quieres reconocer tus faltas y errores, vives en vanidad, en apariencia externa y mientes con la facilidad más grande.
Pues es tiempo de que cese esa conducta carnal, anímica y no espiritual.
Así como Jesús llegó a aquel lugar, y mirando hacia arriba dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa”, ¡también a ti el Señor te está hablando! ¡¿No te has dado cuenta?! Bájate de ese sicómoro. ¡Date prisa, el tiempo está cerca! Estamos viviendo las señales de los últimos días, somos la generación que vamos a ver el rostro de Jesús. Es necesario que Jesús more en tu casa este día, es necesario que la Salvación entre en tu casa este día».
Pr. Ricardo Claure Peñaloza
PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A LAS NACIONES