«Este Estudio Bíblico titula: “EL MINISTERIO PASTORAL Y LA LIBERACIÓN DEMONIACA”.
El primer libro de Samuel, capítulo 17, versos 34 al 37, hace un relato de David como pastor de las ovejas de su padre. Y cómo cuando venía un león o un oso y tomaba algún cordero de la manada, salía David tras él, lo hería y lo libraba de su boca; y si atacaba a David, él mismo lo hería y lo mataba; sea león o sea oso, este siervo de Dios lo mataba.
Y es justamente lo que nosotros hemos venido a comprender respecto de la importancia de que el ministerio pastoral tiene que estar siempre armado —en el sentido espiritual— de la Fortaleza y el Poder del Señor Jesús para enfrentarse a leones, osos, y todo tipo de animales espirituales inmundos que destruyen y están devorando mucha carne de los corderos de la manada, mucha carne de vidas que están sojuzgadas por el enemigo.
Habíamos hablado que tenemos una lucha espiritual contra estos seres espirituales que Jesús mismo manifestó, están tipificados como animales; no animales físicos de la creación, sino animales espirituales.
Nosotros debemos recordar que Jesús sanaba a muchos endemoniados y afligidos por diversos tormentos, como dice la Escritura. Y vemos que hay mucha gente atormentada por espíritus inmundos.
¿Qué es lo que provoca la contaminación espiritual demoniaca en el hombre? Lo que sale del hombre. ¿Y qué es lo que sale del hombre y lo contamina? Lo que sale del corazón: los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Ahí da una lista, y podemos ampliarla todavía aún mucho más.
Creemos que una de las bases de esta Obra, y mediante la cual se ha recibido tanta bendición, es el ministerio pastoral y la liberación demoniaca: la sanidad interior.
Sabemos que hay mucha necesidad, sabemos que hay hermanos y hermanas con muchas obras de la carne que no pueden vencer; hay una fuerza interior que los gobierna, que los domina. Siendo creyentes tratan de autoreprimirse, luchan contra sí mismos —siendo de sangre y carne—, transgrediendo de este modo la Ley del Reino que dice que no tenemos lucha contra sangre y carne, más bien tenemos lucha contra principados, potestades, gobernadores y huestes.
Hay que luchar contra ellos de una forma sencilla: disponer el corazón para saber lo que el Espíritu de Dios quiere para con tu vida, que Él te muestre en tu conciencia cuáles son las obras de la carne que no le agradan al Señor. Orar y confesar pidiéndole perdón al Señor, renunciar con tus propias palabras y darle muerte en la cruz del Calvario. Así de sencillo es vencer a las fuerzas espirituales, porque inmediatamente, habiendo hecho esto de todo corazón, es necesario expulsar a todos los espíritus operantes en esas obras de la carne confesadas. Se los echa fuera en el nombre de Jesús, hay plena libertad en el espíritu y hay transformación, Vida en abundancia».
Pr. Ricardo Claure Peñaloza
PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A LAS NACIONES