“Jesús es el mismo de ayer y de hoy, y por los siglos de los siglos, y en la medida
que pasa el tiempo su Palabra no pierde Poder, no pierde vigencia, permanece.
Cada día de tu vida esta Palabra puede cobrar mayor profundidad en relación a
aquello que está aconteciéndote, en el momento preciso, importante. Y hoy es un
tiempo especial en que el Señor quiere hablarte a través de ella y de lo que el Señor ha permitido que se escriba.
Hay muchas personas que han podido recibir mucho de parte del Señor; habiendo recibido
al Señor le pidieron muchas bendiciones, y el Señor en su Amor y Misericordia,
les ha otorgado mucho. Aun teniendo poco crecimiento espiritual, siendo menores
entre los hijos de Dios, han recibido bendiciones de lo alto, dones
espirituales, sanidad del cuerpo, sanidad del alma, lenguas, ¡don para sanar a
los enfermos!, ¡conversión de algunos familiares o te toda la casa!, ¡sanidad
en el cuerpo de algún familiar o de alguna persona por la cual oraron!
Y por supuesto que el Padre en su Amor y Misericordia, repartió y te dio lo que tú en
algún momento le pediste. Mas, tú, tiempo después te apartaste, entraste en
rutina, y esa rutina te trajo muerte espiritual. Y estás lejos de la Presencia
del Señor, en esa provincia apartada, estás lejos de Él, y de pronto ya has
perdido comunión con Él, ya no hay un sentimiento de búsqueda total, de
búsqueda de santidad, búsqueda de su Presencia en todo momento. Tienes
conocimiento del Padre, sí, pero lejos de Él.
¡Y esta Palabra es para aquellos que se sienten en ese lugar!, ¡para aquellos que se sienten
lejos, en esa provincia apartada!, que con el transcurrir del tiempo han
llegado a ese lugar. Y cuando uno se aleja del Señor, cuando uno llega a ese
lugar espiritual, ¡esa provincia apartada!, ¡apartada del Padre!, allí se
empieza a desperdiciar lo que uno ha recibido de parte del Señor. Aquella paz,
aquel reposo que tenían al principio, se ha ido diluyendo, ha ido
desapareciendo. De pronto no hay reposo, todo es incertidumbre, todo es
desesperación, ven las cosas terribles ante la más mínima situación adversa que
se pueda presentar en la vida. He ahí, eso es lo que ocurre cuando uno está
lejos, en esa provincia apartada. Ese Amor perfecto, ese Amor ágape, ese Amor
de lo alto que reposa en la vida del cristiano al principio, se va diluyendo y
de pronto termina por extinguirse. Eso es lo que ocurre, se desperdician los
Bienes recibidos. Ya no hay fuerza para vencer las tentaciones, y empiezas a
El Señor ahora a través de esta Palabra te está llamando, para que tú vengas a su casa a
ser uno más de sus jornaleros. Ha llegado el día en que tú puedas volver al
Padre, simplemente dispón tu corazón a experimentar esa Presencia de
Misericordia, de Amor que hoy ya está corriendo hacia ti. ¡Él quiere besarte!,
¡Él quiere arrullarte!, ¡Él quiere mimarte!, ¡Él quiere hacerse sentir ahora
con toda su Presencia de Amor!, para que tú puedas ver la indignidad del pecado,
la Misericordia de Él, y puedas reconocer delante de Él ¡QUE ÉL TE AMA!,
pidiéndole perdón por tus pecados”.
Pr. Ricardo Claure Peñaloza
PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A