El psiquiatra Javier Quintero, jefe de servicio de Psiquiatría y Salud Mental del hospital universitario Infanta Leonor, ha analizado en 'La Tarde' los crecientes casos de problemas de salud mental entre personajes famosos.
En la entrevista con Pilar García Muñiz, el experto ha señalado que, si bien la visibilización ayuda a romper el estigma, la sobreexposición somete a artistas y deportistas a una presión que exige un trabajo específico.
Quintero ha celebrado que se hable con naturalidad de la salud mental, ya que es “evidentemente bueno” para que la sociedad normalice los trastornos. En este sentido, ha destacado el impacto de testimonios como el de Alejandro Sanz, quien describió una “sensación de vacío que no tiene explicación”.
Según Quintero, cuando una persona con tanto impacto social verbaliza ese “dolor del alma”, ayuda a mucha gente a “ponerle nombre a algo que es un problema, que es un dolor, que es una enfermedad”.
A pesar de los beneficios de este fenómeno, el doctor ha advertido sobre los peligros de la exposición pública. Ha explicado que el éxito o el dinero no protegen contra la depresión, ya que “uno se deprime cuando le pasan cosas; y, a veces no te pasan cosas y te deprimes”.
Para figuras como deportistas de élite o cantantes, la “sensación constante de sobrecarga” y la exigencia son enormes.
Por ello, Quintero subraya que “la gente que está con ese nivel de exigencia también tiene que trabajar esa parte de regulación emocional, y probablemente mucho más que un trabajador cualquiera”.
El experto ha puesto como ejemplos a deportistas como Michael Phelps o Simone Biles, quienes han sufrido el peso de la presión. Ha recordado también una entrevista con Usain Bolt, quien resumió la tensión de su carrera con una frase reveladora: “Tened en cuenta que yo estoy cuatro años trabajando para jugarme la vida en 10 segundos”.
Quintero ha abordado el papel de las redes sociales, que pueden actuar como un “escaparate salvaje” y un “tribunal que no da tregua”. Ha descrito cómo la misma situación puede viralizarse “para bien” o “para mal”, generando compasión o un “escarnio colectivo”, como ocurrió con Amaia Montero.
El problema, según el psiquiatra, se basa en la “inercia” y el “punto de lapidación” que se produce cuando alguien “empieza a lanzar la primera piedra y luego van todos detrás”.
Este comportamiento se ve potenciado por el anonimato. “El anonimato nos permite decir cosas que no diríamos a la cara a otra persona”, ha afirmado Quintero.
Ha añadido que quienes emiten estas críticas a menudo no miden el impacto de sus palabras, creyendo que son inocuas, cuando en realidad recibir una “cantidad recurrente de mensajes con una crítica muchas veces desproporcionada y absurda” supone un golpe duro para quien lo sufre.
Finalmente, el psiquiatra ha ofrecido una clave para afrontar la retirada de los focos, un momento especialmente delicado para deportistas y artistas.
Ha recalcado que la identidad, más allá del personaje público, debe construirse “durante los focos, durante el éxito”.
En su experiencia acompañando a celebridades, ha visto cómo deben adaptar su vida a un ritmo diferente. Por ello, ha insistido en que “es muy importante, tanto gestionar el éxito como gestionar el final del éxito”.
Esta planificación, ha concluido, no debe hacerse “el día después, sino meses o años antes”.