En el programa 'Herrera en COPE', Alberto Herrera y Mar Amate han explorado la evolución del rendimiento deportivo, revelando el abismo que separa las competiciones de hoy con las de hace un siglo. Un viaje al pasado, a los Juegos Olímpicos de San Luis en 1904, muestra cómo una prueba de supervivencia extrema se ha transformado en una disciplina de alta precisión gracias a la ciencia y la tecnología.
Mar Amate ha relatado las inhumanas condiciones de aquella maratón: más de 30 grados, caminos polvorientos y un único punto de agua en 42 kilómetros. El ganador, Thomas Hicks, cruzó la meta casi inconsciente después de que su equipo le suministrara dosis de estricnina con brandy para estimularle, un método que en esa época era considerado ciencia.
Más de un siglo después, el enfoque es radicalmente distinto. La ciencia ya no busca estimular con venenos, sino optimizar el cuerpo humano como una máquina. Los equipos que rodean a los atletas de élite trabajan para mejorar sus habilidades por medio de la tecnología, llevando el rendimiento a cotas que han permitido batir marcas que parecían imbatibles.
Sin embargo, el doctor en Ciencias del Deporte, Roberto Cejuela, matiza el papel de la innovación. "La ciencia en sí no mejora la marca deportiva o el rendimiento deportivo. Sobre todo, lo que más mejora el rendimiento deportivo es el entrenamiento", explica. Cejuela añade que los propios reglamentos, como los que ya regulan las zapatillas, pueden limitar el impacto de la tecnología.
Uno de los avances más disruptivos son las zapatillas con placas de carbono y espumas ultraligeras. Este calzado no solo amortigua, sino que devuelve energía en cada zancada, haciendo la carrera más eficiente. Esta tecnología, según ha detallado Amate, puede suponer una mejora de entre un 3% y un 4% en una maratón, lo que se traduce en minutos.
El excampeón mundial de maratón, Martín Fiz, coincide en este punto, afirmando que, además del talento, las innovaciones son clave en los récords actuales. "Evidentemente, y yo lo he probado, es el calzado, el mayor avance", asegura. Según Fiz, estas zapatillas permiten que los atletas lleguen "a los últimos kilómetros, a los últimos metros, con las fuerzas intactas".
Más allá de la tecnología, la mente es un factor decisivo, como explica el modelo del gobernador central. Esta teoría sostiene que el cerebro actúa como un sistema de protección, generando fatiga o dolor para evitar que el cuerpo se dañe. Los deportistas de élite aprenden a interpretar y superar estas señales para seguir adelante.
El bicampeón mundial de maratón, Abel Antón, lo considera fundamental. "Realmente, el que tiene una buena cabeza, al final, ese es ganador", sentenció. Para Antón, la fortaleza mental es tan importante que su impacto es rotundo: "Por eso yo pienso que el 50% de los triunfos es por una buena cabeza".
En definitiva, el atleta del siglo XXI es un híbrido entre biología y tecnología. A diferencia de pioneros como Thomas Hicks, los corredores actuales combinan su talento innato con la ciencia, la gestión de datos, la estrategia y un equipamiento avanzado para seguir rompiendo las barreras del rendimiento humano.