Con la llegada del calor, el cambio de armario se convierte en una tarea ineludible. Es la ocasión perfecta para revisar qué prendas ya no se usan y decidir su destino y la donación emerge como la solución más sostenible. Pese a ello actualmente, solo el 13 por ciento de los 19 kilos de residuos textiles que cada español genera anualmente-el equivalente a unas 60 prendas-se recupera para su reutilización o reciclado, el equivalente de 2,45 kg por persona.
Casi 9 de cada 10 prendas que ya no queremos terminan en el vertedero, en concreto el 87 por ciento, según recoge el Informe "Situación actual del sector de la recogida y tratamiento de ropa usada" de Moda-Re, el proyecto eco-social que impulsa Cáritas que solo en 2025 recogió casi 51 millones de kilos de ropa.
Poner freno a esta carrera -alentada por el modelo de consumo elevado y de cuestionable calidad que promueve la fast fashion y que implica que cada persona en nuestro país se desprende cada año del equivalente a una maleta llena de ropa requiere según explica a COPE la directora general de Moda re-Noema Paniagua, "es un problema tan importante que tiene que haber una corresponsabilidad por parte de las administraciones públicas para que se cumpla la ley; por parte de las marcas para que se hagan cargo del final de la cadena de la ropa que producen y de los consumidores".
De esta gigantesca red de recogida forma parte Koopera. Ofrecen una alternativa al vertedero, dando una segunda vida a la ropa y, a su vez, impulsando la inserción laboral y social. Para Mariluz Ferro, coordinadora general de Koopera, la clave está en cambiar la percepción sobre la ropa usada. "Para nosotros la ropa no es un residuo, es un recurso", afirma. Esta filosofía ha guiado a la organización durante más de 35 años, convirtiendo prendas desechadas en una fuente de oportunidades. Cada vez que una persona elige uno de sus contenedores, pone en marcha un proceso que genera un doble impacto: social y medioambiental.
El proyecto Koopera recupera anualmente 18.500 toneladas de textil postconsumo, lo que se traduce en un ahorro de 56 millones de metros cúbicos de agua y una reducción de 408 toneladas de emisiones de CO2. Pero el impacto más significativo es el social: la actividad de Koopera ha permitido crear centenares de puestos de trabajo para personas con contrato de inserción, que encuentran en la organización una vía para reincorporarse al mercado laboral.
El viaje de una prenda donada comienza en uno de los casi 9.000 contenedores que tiene en más de 500 ciudades la red Moda re- de Cáritas de la que forma parte Koopera. Personal de la organización recoge el textil y lo traslada a las plantas de tratamiento, donde se inicia un meticuloso proceso de clasificación. "Toda la ropa se pasa por unas líneas de clasificación automatizadas, donde somos pioneros", explica Ferro.
En estas plantas, se decide el futuro de cada artículo. La ropa en mejor estado se destina a la venta en las 38 tiendas de Koopera y del resto de la red, donde se ahorran los recursos naturales que implicaría fabricar una nueva prenda. El resto se prepara para ser reciclado, y solo una mínima parte, que no puede ser reutilizada ni reciclada, acaba como residuo. El objetivo es claro: "intentar que nada llegue a un vertedero e intentar generar recursos con esa ropa".
Lo que empezó hace más de tres décadas en el País Vasco como un pequeño proyecto social con una decena de personas, es hoy una red que emplea a 700 personas y forma parte de una iniciativa estatal de 1.600 trabajadores. La percepción de las tiendas también ha evolucionado. Ferro recuerda que antes "se estigmatizaba muchísimo ir a una de las tiendas de segunda mano". Hoy, gracias a una mayor conciencia social y medioambiental, sus tiendas reciben a todo tipo de público y cada vez más jóvenes.
A pesar del éxito, los retos son enormes. El principal, según Ferro, es el "problemón" que supone el exceso de ropa generado por la 'fast fashion'. "Hay un exceso de ropa en Europa que no tenemos capacidad de gestionar", advierte. La complejidad de los materiales dificulta el reciclaje y pone de manifiesto la necesidad de una regulación que exija a los productores hacerse cargo del ciclo de vida completo de sus productos, un avance que se espera para este verano como parte del desarrollo de la Ley de Residuos.
Entre los retos pendientes y según explica a COPE el responsable de medioambiente y sostenibilidad de Moda re- Alberto Egido es que haya recogida selectiva de ropa en todos los municipios de España y que la mitad de las licitaciones públicas vayan destinadas a entidades sociales que se dedican a la reinserción profesional. Así lo establece la ley pero, según lamenta, "no está sucediendo".
El impacto de Koopera se refleja en historias como la de Michelle Lima, diseñadora y clienta habitual. Lo que empezó como una búsqueda de inspiración la ha llevado a renovar todo su armario con prendas de segunda mano. "Koopera genera una moda circular. Compras, y cuando ya no lo usas, lo puedes volver a echar al contenedor. Por un precio muy accesible, renuevas armario", relata. Considera que al comprar en Koopera "todos ganamos", se crea empleo y es positivo medioambientalmente.
La otra cara de la moneda es la de Rocío Mena Herrero, de 37 años, quien encontró en Koopera una oportunidad laboral. Tras buscar trabajo en logística, entró en el programa de inserción de la entidad. "Me ha venido muy bien el programa, creo que se me ha dado unas oportunidades que he exprimido", asegura. Gracias a esa experiencia y al apoyo recibido de los técnicos que la acompañaron, Rocío ha logrado dar "un salto enorme al mundo laboral" y hoy trabaja en el sector que deseaba. Lleva 2 meses trabajando en logística en la industria del metal.
Koopera forma parte de Moda-re de Cáritas que recoge más de 50 millones de kilos de ropa al año que se procesan venden en 191 tiendas, la red de tiendas de segunda mano más grande del país. Da trabajo a más de 1.600 personas siendo el 57 por ciento de los empleados de inserción profesional, personas en riesgo de exclusión social.
Representa el fruto de más de tres décadas de experiencia de la ONG de la Iglesia en la recogida y el reciclaje de ropa usada, con un claro objetivo social y solidario. En este tiempo los tradicionales roperos parroquiales han pasado a ser tiendas abiertas al público y en las que también las personas en situación de vulnerabilidad pueden elegir su ropa por medio de vales. Solo en 2025, entregaron más de 300.000 prendas a personas en riesgo de exclusión social.