Dos terremotos de 4,4 y 4,5 grados en la escala Richter han sacudido el sur de Nevada en la última semana, desatando una oleada de especulaciones. La razón es que el epicentro se ha localizado en el Área 51, la base militar más secreta y enigmática de Estados Unidos. El experto Javier Sierra, en el espacio 'Lo Misterioso' de 'Herrera en COPE', ha analizado las hipótesis que van desde pruebas nucleares hasta la destrucción deliberada de pruebas sobre ovnis.
El primer movimiento sísmico, de 4,4 grados, se detectó el pasado miércoles a solo cuatro kilómetros de profundidad. Según Sierra, aunque no es un gran terremoto, su intensidad y localización son poco frecuentes, lo que ha disparado las alarmas. La memoria histórica es clave, ya que en esa misma zona, entre 1951 y 1992, "se detonaron 828 bombas nucleares subterráneas". La posibilidad de que se trate de una nueva prueba nuclear con un arma táctica de pequeño alcance ha resucitado el recuerdo de décadas de ensayos secretos.
A este seísmo se ha sumado otro posterior, de mayor intensidad. "Ha sido una detonación de 4,5, es decir, superior a la del miércoles, a 7 kilómetros de profundidad", explicó Sierra. Este segundo evento, ocurrido en la madrugada española, promete avivar aún más el debate en Estados Unidos sobre las actividades que se desarrollan en la base.
Más allá de la explicación nuclear, Javier Sierra ha expuesto una hipótesis geopolítica que conecta los seísmos con la tensión existente entre la Casa Blanca y el Pentágono. Uno de los puntos de fricción es la promesa del gobierno de desclasificar información sobre OVNIs, una iniciativa que el Pentágono no estaría cumpliendo en los plazos marcados. Dado que el Área 51 es la principal fuente de gestión de este fenómeno desde la Guerra Fría, la teoría cobra una nueva dimensión.
La especulación más audaz, calificada por el propio Sierra como "de película", es que los terremotos podrían ser en realidad una "detonación controlada de instalaciones subterráneas donde podría haber información básica sobre ovnis para que esto no saliera a la luz". Se trataría de una maniobra para destruir pruebas sensibles antes de que una orden de desclasificación desde Washington obligue a revelarlas.
El secretismo en torno a la base se ha intensificado recientemente. El pasado 25 de marzo, las autoridades militares tomaron una decisión sin precedentes: cerrar el pico de Ticabú, el único punto de observación civil desde el que se podían vislumbrar las instalaciones. "No quieren que haya nadie, que no haya civiles", apunta Sierra, lo que ha provocado que "la paranoia de que ahí se está ocultando algo" esté escalando.
Este clima coincide con un creciente interés por los ovnis fuera de los círculos habituales, llegando a altas esferas como el Congreso y el Senado de EEUU. Sierra recuerda que hace apenas un año tuvo lugar una reunión del más alto nivel en NASA, recientemente desclasificada, donde se analizó cómo comunicar a la opinión pública el descubrimiento de vida extraterrestre. La conclusión de la agencia fue que debería tratarse "como una celebración, no como algo de miedo".
El Área 51 ha sido la cuna de tecnología militar avanzada. Allí se desarrollaron los famosos aviones invisibles 'stealth' como el F-117, un avión triangular que en 1989 provocó una oleada de avistamientos ovni sobre Bélgica, que resultaron ser "vuelos ilegales sobre suelo europeo". También fue clave en el desarrollo del avión espía U-2 durante la Guerra Fría. Un informe de la CIA desveló que el 50% de los avistamientos ovni en Nevada en 1957 correspondían a estos aviones. "La mitad de los ovnis de Nevada del 57 sabía la CIA que eran ellos, la otra mitad no sabemos qué son", señala Sierra.
La base también está en el centro de las teorías de retroingeniería, la supuesta aplicación de tecnología extraterrestre a proyectos humanos. El ingeniero Bob Lazar fue el primero en hablar públicamente en 1989, afirmando que trabajó en el Área 51 con restos de naves recuperadas. Aunque entonces no se le creyó, Sierra destaca que "en los pequeños detalles, Bob Lazar tenía razón", pues describió procedimientos y transportes que décadas después se ha confirmado que eran reales. Su historia se narra en el documental de Netflix 'S4'.
El origen de muchas de estas teorías se remonta al famoso caso Roswell de 1947. Javier Sierra, autor de 'Roswell: Secreto de Estado', relató su propia investigación, en la que entrevistó al oficial de relaciones públicas que emitió la nota de prensa reconociendo el hallazgo de un "platillo volante" y, horas después, la rectificación que lo atribuía a un globo sonda. Tras su muerte, este oficial dejó una confesión ante notario donde afirmaba que lo que realmente vio fue "una nave extraterrestre y sus cuerpos de los tripulantes".