Se llama Mohamed Lamine, tiene 32 años y hace nueve salió de El Aaiún, en el Sáhara Occidental, en una pequeña patera rumbo a Fuerteventura.
Hoy, su realidad es la de dormir en la calle en Gran Canaria. Su testimonio ha sido recogido en el programa 'La Tarde' de COPE, con Pilar García Muñiz, que se ha trasladado a la isla para contar lo que ocurre cuando los focos se apagan.
La historia de Mohamed se enmarca en la visita del Papa León XIV a Canarias, que tuvo una de sus paradas más simbólicas en Arguineguín, el puerto que es emblema de la ruta migratoria.
Siguiendo la huella del pontífice, el programa ha querido mostrar la realidad de quienes se quedan cuando ya no hay cámaras.
Mohamed Lamine no buscaba impresionar, sino contar su verdad con frases sencillas. Decidió venir a España porque en su tierra "no tenía trabajo ni derechos ni futuro".
Su objetivo era claro: "Para venir a España, para buscarme un futuro, a estudiar, a trabajar, para informarme, todo eso", explica.
El viaje lo emprendió sin avisar a su familia, un recuerdo que todavía atesora. En la barca viajaban siete personas en un espacio mínimo, una travesía marcada por la desesperación y el miedo. Al llegar, sintió que volvía a nacer.
Pese a que las llegadas a Canarias han descendido casi un 80% este año, la ruta sigue siendo la más mortífera del mundo.
Para los que sobreviven, como Mohammed, la lucha continúa en tierra. Nueve años después de llegar, su respuesta de dónde duerme es contundente: "Ahora mismo no tengo dónde, no tengo lugar,duermo en la calle". Pese a que las llegadas a Canarias han descendido casi un 80% este año, la ruta sigue siendo la más mortífera del mundo.
En ese punto de su vida aparece Cáritas, que se convierte en una ayuda concreta. Le proporcionan comida, ropa, una ducha, medicinas y clases de español.
Para Mohamed, son su familia: "Me enseña a mí la humanidad, el todo, todo... no me falta nada con Cáritas", asegura agradecido.
Allí, en la sede de Cáritas en Vecindario, está María José, una voluntaria que se ruboriza cuando Mohamed dice que son su familia.
Para ella, no hay heroicidad, sino el simple gesto de abrir una puerta.
Explica que a la organización se llega tras haber sido rechazado en otros lugares, y su labor es estar "al servicio de los más vulnerables y de los que están fuera del sistema".
María José insiste en la importancia de "tocar realidad" para entender la migración más allá de las cifras.
"Cuando una persona toca realidad, se transforma", afirma, invitando a la gente a acercarse y conocer las historias personales en lugar de observar desde la comodidad del sofá.
Junto a ella está Petri, una religiosa dominica de 73 años que, tras una vida de mudanzas, ahora se dedica en cuerpo y alma a acompañar a migrantes en Gran Canaria. "Desde hace 5 años estoy entregada al máximo a esta vida plena de acompañar", cuenta.
Su tarea se centra en "el acompañamiento, sobre todo, a los que están en la calle, últimos de los últimos".
Petri pone el foco en la dureza que enfrentan los jóvenes que, al cumplir 18 años, salen de los recursos para menores y se encuentran sin red de apoyo. Para ella, la clave es "saber escuchar".
Después del mar, la calle y las puertas cerradas, la historia de Mohamed Lamine demuestra que la acogida puede empezar con un gesto tan sencillo como una puerta que se abre y una sonrisa, el trabajo diario de personas como María José y Petri en Cáritas.