El reciente atentado contra Donald Trump, el tercero que sufre desde 2024, ha vuelto a poner de manifiesto una siniestra constante en la historia de Estados Unidos. Como ha analizado la historiadora y experta en Historia del Arte, Ana Velasco, en la sección 'Curiosidades de la Historia' del programa 'Herrera en COPE' con Alberto Herrera, los ataques contra presidentes son una realidad que ha afectado a casi todos los mandatarios. De hecho, los últimos cuatro inquilinos de la Casa Blanca han sufrido intentos de asesinato o amenazas graves.
El actual presidente, Joe Biden, también ha enfrentado situaciones de alto riesgo. Velasco ha recordado que en agosto de 2023, en Utah, el FBI acudió a detener a un hombre llamado Craig Robertson que había publicado "amenazas explícitas" contra Biden antes de una visita. Durante la operación, Robertson murió en un enfrentamiento con un agente. Aunque existieron otras "amenazas digitales y conspirativas", este ha sido el incidente más serio contra él hasta la fecha.
En el caso de Barack Obama, el suceso más grave ocurrió en noviembre de 2011, cuando Óscar Ramiro Ortega Hernández disparó varias veces con un rifle semiautomático contra la Casa Blanca. Según ha explicado la historiadora, Obama no se encontraba en el edificio, pero "al menos una bala impactó contra una ventana blindada". El agresor, que fue detenido posteriormente, consideraba a Obama "una figura maligna". Además, en 2013 se interceptaron varias cartas con ricina dirigidas al entonces presidente.
George W. Bush también sufrió varios ataques. El primero ocurrió el 7 de febrero de 2001, cuando Robert W. Picket disparó frente a la Casa Blanca mientras Bush estaba dentro. El atacante fue herido y detenido, pero no fue juzgado por intento de asesinato al argumentar sus abogados "incapacidad mental" y asegurar que quería advertir sobre una "amenaza extraterrestre", según ha detallado Velasco.
Quizás el atentado más grave contra George W. Bush fue el 10 de mayo de 2005 en Tiflis (Georgia), donde un hombre le lanzó una granada durante un acto público. La experta ha señalado que "era una granada soviética que estaba diseñada para que matase a muy larga distancia". Sin embargo, el artefacto no explotó porque el atacante la había envuelto tan fuerte en un pañuelo que el mecanismo de activación no funcionó. El responsable fue condenado a cadena perpetua en 2006.
Bush también fue protagonista de un incidente de gran repercusión mediática, aunque no letal. El 14 de diciembre de 2008, durante una rueda de prensa en Bagdad, el periodista iraquí Alzaidi le lanzó dos zapatos, un gesto que en la cultura árabe es considerado un "insulto extremo" y que se convirtió en un símbolo de la protesta contra la invasión de Irak. Ya como expresidente, en 2022, se desarticuló otro complot para asesinarle.
Su predecesor, Bill Clinton, también vivió un episodio similar. El 29 de octubre de 1994, un joven de 26 años llamado Francisco Martín Durán "disparó 29 veces" contra la fachada de la Casa Blanca. Ana Velasco ha relatado que Clinton se encontraba dentro viendo un partido de fútbol americano y que el atacante "le vio por una ventana". Fueron los propios transeúntes quienes redujeron al agresor, que fue condenado a más de 40 años de prisión.
Ronald Reagan fue el último presidente en ser herido de bala y sobrevivir. Ocurrió el 30 de marzo de 1981, cuando llevaba solo 69 días en el cargo. John Hinckley Jr., obsesionado con la actriz Jodie Foster, le disparó a la salida de un hotel en Washington. Una de las balas rebotó en la limusina, le perforó un pulmón y, como ha apuntado Velasco, sobrevivió "por poquísimo" tras ser trasladado de urgencia al hospital.
La historia estadounidense está marcada por cuatro magnicidios. El primero fue el de Abraham Lincoln, asesinado en un teatro en 1865 por John Wilkes Booth. Le siguieron James Garfield en 1881, quien según Velasco "pudo sobrevivir" pero murió por las infecciones causadas al buscarle la bala "con los dedos y con material médico sin esterilizar"; y William McKinley en 1901, que también falleció días después del ataque.
Sin duda, el asesinato más famoso es el de John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963 en Dallas. La historiadora ha explicado que existían tantas amenazas que se dudó si debía ir en un coche descubierto. De los tres disparos que se efectuaron, dos le alcanzaron, uno de ellos en la cabeza. La crudeza del ataque fue tal que, según ha narrado Velasco, "literalmente, los sesos de Kennedy estaban en su vestido" cuando su esposa, Jackie Kennedy, intentó socorrerle sobre el vehículo.