Tras el gran auge de la inteligencia artificial en los últimos dos años, el nuevo foco de atención se dirige hacia el cloud o la nube. Esta tecnología es el soporte fundamental para herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot, y su desarrollo es clave para la evolución de la IA.
En este contexto, José María Abad, cofundador de LT2, ha explicado en el programa ‘Lo que viene’ que la IA ha supuesto “un antes y un después” en la forma de abordar las tareas cotidianas y profesionales.
Según Abad, el modelo de trabajo ha cambiado por completo.
“Pasamos de un momento en el que generar cosas era lo importante, a un momento donde hay muchas cosas que se están automatizando”, ha señalado.
Este cambio representa una nueva revolución industrial que, en lugar de automatizar tareas mecánicas, se centra en automatizar tareas cognitivas que requieren razonamiento.
Para las personas, esto implica un cambio de rol: de ejecutar una tarea a revisar el resultado que ofrece la tecnología.
Este cambio se refleja en ejemplos prácticos del día a día, como la gestión de presupuestos para una reparación en la casa o la consulta de la factura eléctrica. Abad ha compartido su propia experiencia al solicitar presupuestos para un aire acondicionado, donde la IA le permitió gestionar un proceso que de otra manera “habría sido imposible”.
Interactuar con herramientas como ChatGPT permite obtener una primera visión y una ayuda para entender información compleja.
Uno de los puntos clave de la conversación ha sido la importancia de la nube soberana y los modelos soberanos de IA.
Abad ha explicado el riesgo de usar modelos públicos con una analogía: “Imagínate, estás en un edificio que está fortificado y tienes un documento que es un contrato superconfidencial. Y de repente dices, pues voy a analizar este documento, coges el documento y lo pegas fuera del edificio”. Al usar modelos públicos, “se está exponiendo información confidencial que es de la empresa o de la persona, y lo van a utilizar estas entidades para entrenarlo”.
El experto ha advertido sobre el peligro de la dependencia de la IA y la falta de control sobre los costes.
Si una empresa integra la IA en sus flujos de trabajo y de repente el proveedor aumenta el precio de la suscripción, puede encontrarse en una situación crítica.
“Si te empiezan a subir el coste de la suscripción y no tienes el control de eso, va a llegar un momento donde te acostumbres a hacer las consultas, pero resulta que ahora la licencia no te cuesta 20, te va a costar 120, y no puedes pagarlo”, ha alertado.
Este riesgo puede llevar a una regresión aún mayor.
“Empiezas a utilizar la inteligencia artificial, subes 3 escalones”, ha explicado Abad, pero si no puedes asumir los costes, “no bajas al punto intermedio, bajas 3 puntos por detrás, porque has reestructurado muchas cosas que haces en el día a día, y ahora resulta que las tienes que volver a hacer, pero lo que tenías antes para hacerlo ya no lo tienes”.
A esto se suma una previsión de subida del precio del hardware y los componentes hasta 2030.
La compañía de Abad, LT2, busca precisamente evitar estos problemas, ayudando a las empresas a “hacer la inteligencia artificial realidad” y a que los proyectos sean productivos.
El cofundador ha citado un informe del MIT del año pasado que revela una dura realidad: “El 95% de todos los proyectos que se han implementado no han funcionado”.
Según Abad, esto se debe a que la IA no se está logrando adoptar correctamente en las compañías.
Como ejemplo de buena implementación, ha mencionado los proyectos en el departamento legal, que suelen funcionar por tener datos muy estructurados.
Por el contrario, ha advertido sobre los peligros de usar la IA para tomar decisiones basadas en datos numéricos, ya que funciona como una “caja negra”.
“La gente que utiliza la IA para analizar datos numéricos y sacar conclusiones de datos numéricos, está bien para tener un vistazo general, pero no está bien para tomar decisiones”, ha sentenciado.
Finalmente, Abad ha insistido en la necesidad de la validación humana. “La inteligencia artificial al final tiene que ser un complemento para la persona, nunca va a poder sustituir a la persona”.
Ha destacado que, aunque la IA permite aumentar la productividad, la responsabilidad individual es clave para revisar el contenido generado y no limitarse a “coger, copio, pego”, un mal hábito que ya se está observando en propuestas y artículos.
En su reflexión final, ha compartido que la obsesión por la productividad debe depender del sector. Mientras que en tareas ofimáticas y de gestión es un objetivo claro, en campos como el creativo se valora la “esencia” de la persona, algo que una IA no puede replicar.