La historia de Soledad López y Jessica Alfaro es la de un cambio de vida radical. Tras conocerse en el prestigioso Basque Culinary Center y forjar sus carreras en cocinas de renombre internacional en Singapur, Costa Rica y el galardonado Mugaritz de Andoni Luis Aduriz, decidieron dejar atrás la alta presión de las estrellas Michelin. Su destino fue un pequeño rincón en la plaza de su pueblo, Motilla del Palancar (Cuenca), donde han abierto La Bodeguilla de Motilla. Una de sus protagonistas, Soledad López, ha contado su experiencia en el programa 'Herrera en COPE', dentro de la sección 'A Ciegas' con Alberto Herrera y María José Navarro.
La decisión de abandonar la élite gastronómica no fue por desprestigio a las estrellas Michelin, que aseguran seguir visitando, sino por un cambio en su ritmo de vida. Soledad López ha explicado que el motivo principal fue la "vorágine del día a día" en la alta cocina, con un altísimo nivel de exigencia tanto físico como mental. "Llega un momento en el que dices, ¿hasta qué punto es sostenible, pues, dedicar solo media hora a mis relaciones a la semana?", ha confesado López sobre la dificultad de conciliar.
Ahora, en su nuevo proyecto, han encontrado un equilibrio que les permite disfrutar más de su tiempo. "No quiere decir que ahora estemos todos los días de fiesta y de jaranas", ha aclarado Soledad, pero sí valora tener la flexibilidad para compartir momentos con la familia, como celebrar el cumpleaños de su abuela o ver a sus sobrinos en una competición. Se trata, según sus palabras, de "poder escaparte, ir a comer a casa de tu madre y luego sigues trabajando", recuperando así una calidad de vida que habían perdido.
Ambas cocineras provienen de familias hosteleras, pero fue su formación y experiencia lo que les dio las herramientas para crear un negocio con un enfoque diferente. "Pasar por todos esos sitios, por supuesto que te da una visión muchísimo más profesional", ha afirmado López. Esta es la clave que, en su opinión, diferencia su local de otros bares de pueblo. "Hay muchísimos bares en los pueblos que se abren porque tienen una cámara de cerveza y ya está, pero no tienen una propuesta de valor, un concepto definido y un montón de detalles que nosotras sí que veíamos muy importantes", ha señalado.
La Bodeguilla de Motilla ocupa un local de apenas 35 metros cuadrados, con una cocina de 2 metros, una barra y un pequeño comedor. El concepto, inspirado en los bares de San Sebastián, fomenta la interacción entre clientes. Soledad, que fue jefa de sala en Mugaritz, asegura que el trato es igual de profesional, aunque más informal. "Aquí igual es con una camiseta, y voy con pendientes de colores", ha comentado, pero la experiencia se mantiene, incluyendo la labor de formar al cliente en ámbitos como el vino, en una zona productora como Castilla-La Mancha.
El formato de la cocina se adapta al espacio. No hay menús degustación ni una estructura de primero, segundo y postre. La oferta se basa en "un montón de pequeños bocados para compartir" y una sección de "entre panes un poquito más contundente". Una de las claves de su éxito es que la carta cambia cada mes, lo que les permite trabajar con producto de temporada y mantener la propuesta fresca para los clientes locales. "Aquí igual no existía tanto la parte de la temporalidad, y para nosotras era básico", ha explicado López.
El plato estrella indiscutible, y el único que no ha rotado en dos años, es el sobanchoa: una combinación de sobapasiego, anchoa de Santoña 00 y queso añejo manchego. Es un plato que, según Soledad, conquista incluso a quienes no les gustan las anchoas. Junto a él, siempre hay alguna ensaladilla, destacando actualmente una sorprendente y exitosa ensaladilla de chistorra que, según cuenta, venden "casi de 5 en 5".