El tenista profesional australiano Thanasi Kokkinakis llevaba años arrastrando un grave problema en el pectoral y el hombro que le provocaba dolor y limitaciones.
La lesión había llegado a un punto en que la mayoría de los médicos descartaban la cirugía por ser demasiado rara y arriesgada.
Sin embargo, Kokkinakis decidió pasar por el quirófano para someterse a una intervención sin precedentes en un tenista: le reconstruyeron la zona con un injerto de tendón de Aquiles de un donante fallecido.
Él mismo lo resumió con una frase impactante: "Tengo el tendón de Aquiles de un muerto en el brazo".
La operación se realizó en febrero de 2025, y la recuperación no fue sencilla. Kokkinakis ha pasado meses fuera del circuito, regresando lentamente y con dudas sobre la respuesta de su cuerpo.
Su vuelta a la competición se produjo en enero de 2026 en el ATP de Brisbane, en un partido de dobles junto a Nick Kyrgios. "Han sido 12 meses difíciles, pero esto hace que todo valga la pena", declaró emocionado el tenista tras su regreso.
Para comprender el alcance de esta proeza médica, Pilar García Muñiz, ha entrevistado a José María Lamo de Espinosa, jefe del departamento de cirugía ortopédica y traumatología del hospital Ascires en Valencia.
El doctor explica que, si bien la técnica se usa desde hace décadas, "lo extraordinario tal vez sea que sea elegido un tenista profesional" para recibir un tejido de cadáver que debe responder a una exigencia tan alta.
Según Lamo de Espinosa, el problema surge cuando un músculo se desgarra y se retrae del hueso. Si pasa mucho tiempo, no se puede estirar para volver a su sitio, por lo que se necesita "un puente" para unirlo.
"Necesitamos una cuerda, y esa cuerda muy fuerte, pues puede ser el tendón de Aquiles", aclara el experto.
Este tendón, uno de los más resistentes del cuerpo, se convierte en la solución para reconstruir la zona dañada.
El uso del tendón de Aquiles no es exclusivo para el hombro; también se ha utilizado para reforzar tendones en la rodilla o la cadera.
Su gran fortaleza lo convierte en un material ideal. "No es infrecuente utilizarlo porque es muy duro", señala el doctor.
Este tejido de donante pasa por un proceso de congelación, por lo que no es un tejido vivo, sino que actúa como una estructura de sostén o un andamio para dar estabilidad.
La exigencia para un deportista profesional es máxima, ya que se le pide a ese tendón que actúe como tope y ofrezca resistencia en cada golpe.
Es una situación límite, como apunta el doctor: "Si falló el tendón original, o sea, falló el suyo propio, pues, a veces pedirle esto a un tendón de cadáver es lo que lo complica.
Por ello, es una alternativa cuando todo lo demás ha fallado: "Cuando llega un momento en el que todo falla, pues hay que empezar a buscar alternativas, y no es la situación ideal", afirma.
El proceso para preparar el tejido es riguroso. Comienza con la extracción del donante, tras lo cual el tendón pasa por una cuarentena, se somete a cultivos y se congela a -80 grados.
En el momento de la cirugía, se descongela, se limpia y se prepara para anclarlo al hueso con implantes y suturarlo al músculo con un trenzado de alta resistencia.
A diferencia de los trasplantes de órganos, el riesgo de rechazo es mínimo.
El doctor Lamo de Espinosa explica que el proceso de congelación destruye las células vitales, dejando una "estructura más de colágeno, una estructura más de puente, que no tiene capacidad contráctil", por lo que no genera una reacción inmunológica.
Esto permite que los injertos de hueso y tendón puedan realizarse años después de la donación.
Finalmente, el especialista destaca que muchos avances médicos que hoy se aplican a la población general provienen de la medicina deportiva.
La alta motivación y la excepcional capacidad física de los atletas de élite permiten desarrollar técnicas que, como en el caso de los injertos, terminan beneficiando a otros campos como la cirugía oncológica para reconstruir huesos.