El caso de Sandra Peña, la menor de 14 años que se quitó la vida en Sevilla tras sufrir acoso escolar, ha vuelto a la primera línea mediática a través del testimonio de sus padres, Zara Villar y José Manuel Peña. En una entrevista en el programa 'Herrera en COPE', han desgranado la cronología de los hechos y han denunciado la presunta inacción del colegio 'Las Irlandesas de Loreto', al que acusan de no haber activado los protocolos a pesar de las reiteradas alertas.
Lejos de la trágica imagen final, sus padres la recuerdan como "la niña de la eterna sonrisa", una joven "muy cariñosa, muy generosa, muy deportista y muy alegre". José Manuel Peña relata que era una futbolista prometedora, hasta el punto de que "en dos años y medio la llamó el Sevilla para hacerle unas pruebas". Era independiente, sociable y, según su padre, "la música de mi casa".
Sandra no era una niña aislada, como a menudo se asocia a las víctimas de acoso. Tenía "muchísimos amigos" del colegio, del equipo de fútbol y de la playa. Sin embargo, como explica su madre, el sufrimiento "lo llevaba por dentro". Zara Villar aclara que "las personas con una depresión grande también salen, también se ríen".
La pesadilla tomó forma para los padres en junio del curso pasado, cuando Sandra finalmente se derrumbó y le contó a su madre "lo mal que está por el acoso que viene sufriendo". En una conversación "muy escueta", le dio el nombre de las tres niñas que se metían con su físico. Inmediatamente, aprovechando la entrega de notas, Zara Villar acudió al centro para hablar con la tutora y pedir que, en la mezcla de clases del año siguiente, no la juntaran con sus acosadoras.
La reacción del centro educativo no fue de sorpresa. Según Villar, aunque no puede desvelar la conversación, su impresión fue que "lo sabía". A pesar de esta comunicación, la situación no mejoró. Durante el verano, Sandra comenzó a recibir terapia psicológica y llegó a autolesionarse, un dato que la familia considera clave.
En septiembre, Zara Villar volvió a reunirse con la jefatura de estudios, la orientadora y la tutora, esta vez con un informe de la psicóloga que alertaba de las autolesiones. En esa reunión se habló por primera vez de los protocolos. La orientadora, tras consultar con una enfermera de referencia, comunicó que debían abrirse tanto el protocolo de acoso como el de prevención del suicidio y autolisis. La decisión quedó anotada en un post-it que la jefa de estudios adhirió al acta de la reunión, un detalle que más tarde cobraría una importancia capital.
Sin embargo, los padres denuncian que esas medidas nunca se pusieron en marcha. "No se activó ninguno", afirma rotundamente José Manuel Peña. La familia se sintió "totalmente engañada". Según las testificales recogidas en la investigación, las acosadoras aprovecharon una excursión escolar al Parque de María Luisa para volver a burlarse de ella. El padre de Sandra es tajante: "Por eso decimos que todo es mentira. O sea, no la vigilaba nadie". Como prueba, señalan que el día de su muerte, Sandra escribió tres cartas de despedida durante la clase de matemáticas sin que ningún profesor se percatara.
La familia sostiene que la activación de los protocolos habría cambiado el desenlace. "Si un padre lee el protocolo de autolisis, de prevención del suicidio, con 11 o 12 puntos, eso es un traje a medida para salvar la vida de un niño", lamenta José Manuel. Su esposa añade que si se hubieran aplicado, "que Sandra estaba con los exámenes final de tercero de la ESO. Nosotros no estábamos aquí".
Actualmente hay tres procesos abiertos: un expediente de la Fiscalía de Menores por el acoso, un expediente sancionador de la Junta de Andalucía al colegio por no abrir los protocolos, y una querella de la familia contra el centro por homicidio imprudente, acoso y lesiones. Los padres basan su acusación en los testimonios de compañeros y en el informe de la Inspección de Educación, que concluyó que los protocolos de acoso y prevención del suicidio debieron activarse.
A pesar de las evidencias, el Juzgado de Instrucción número 7 de Sevilla archivó la querella en mayo. La familia ha recurrido el auto, argumentando que el juez "parece que no se ha leído todas las actuaciones", ya que solo valora el delito de homicidio imprudente y el protocolo de acoso, omitiendo el de prevención del suicidio y los otros delitos denunciados.
Los padres de Sandra recibieron sus cartas de despedida días después del fallecimiento. En ellas, la joven expresaba su amor a su familia y amigos y su deseo de "dejar de sufrir", un reflejo del "estado de desesperanza total" en el que se encontraba. Ahora, la familia pide que se recuerde a Sandra como "La niña de la eterna sonrisa" y que su caso sirva para marcar un "antes y un después", instando a la Consejería de Educación a que se pronuncie "con la sanción más grave que existe" para que no vuelva a repetirse.