En plena celebración de las pruebas de la PAU en toda España, el programa 'Herrera en COPE' ha abordado una de las facetas más desconocidas y en constante evolución de estos exámenes: los métodos de copia tecnológicamente avanzados. El periodista Alberto Herrera y el experto en tecnología Jorge Morla han desgranado las sofisticadas herramientas que algunos estudiantes utilizan para hacer trampas, un arsenal que parece sacado de una película de espionaje.
La picaresca, sin embargo, tiene consecuencias severas. Iván Arias, presidente de la Comisión Interuniversitaria de Galicia y catedrático de Matemáticas, ha advertido de que la sanción es la "expulsión completa de la PAU". Arias ha lamentado que "todos los años tenemos que expulsar alumnos y alumnas que están copiando, utilizando un pinganillo, una de las últimas gafas que ya tiene incorporadas la inteligencia artificial, de todo".
Según ha explicado Jorge Morla, los métodos de copia han evolucionado desde la tradicional chuleta a dispositivos de alta tecnología. Los más conocidos son los pinganillos, que ahora funcionan mediante inducción magnética y quedan completamente ocultos en el canal auditivo. Su tamaño se ha reducido drásticamente, hasta el punto de que algunos son como "un grano de arroz".
El precio de estos auriculares invisibles puede oscilar entre los 25 y los 200 euros. La principal novedad es que ya no siempre se necesita a una persona al otro lado de la línea. "Ahora hay sistemas que pueden conectarse a aplicaciones con inteligencia artificial", ha señalado Morla. El alumno lee la pregunta en voz baja y la IA "le genera la respuesta prácticamente en tiempo real".
En un segundo nivel se encuentran las gafas inteligentes, que son casi indistinguibles de unas normales pero que incorporan cámaras diminutas. Estas capturan la imagen del examen y, mediante un sistema de reconocimiento óptico de caracteres, una IA puede leer las preguntas y generar las respuestas, que llegan al estudiante por audio o se muestran en una pequeña pantalla.
Los relojes inteligentes modificados son otra de las herramientas de fraude. Como los smartwatches convencionales ya están prohibidos en muchas pruebas, han surgido versiones que imitan a los relojes analógicos baratos pero que esconden memoria interna, conexión inalámbrica y acceso a bases de datos. Los más sofisticados incluyen el llamado "botón del pánico", que al pulsarlo devuelve al reloj a una apariencia normal si el profesor se acerca.
El catálogo de dispositivos se completa con objetos cotidianos camuflados. Existen bolígrafos capaces de escanear texto y mostrarlo en una pantalla diminuta, con un coste que ronda los 150 euros, así como calculadoras o incluso gomas de borrar que ocultan tecnología en su interior.
Ante este despliegue tecnológico, las universidades están respondiendo con sus propias herramientas. Varias comunidades autónomas ya han anunciado el uso de detectores de frecuencia durante la Selectividad para localizar emisiones inalámbricas. "Si hay un dispositivo oculto que se esté comunicando o por Bluetooth o por radiofrecuencia, pues el sistema pita y te delata", ha comentado el experto.
Sin embargo, la vigilancia humana sigue siendo fundamental. Un ejemplo llamativo ocurrió hace dos años en una oposición a bombero en León, donde se descubrió a varios opositores copiando gracias a cómplices en una furgoneta. Fueron descubiertos porque, debido al calor, abrieron la puerta del vehículo y un viandante los vio "tecleando ahí como locos", demostrando que "un ojo bien entrenado" es insustituible.
Más allá de la persecución del fraude, el debate se abre hacia un cambio en el modelo de evaluación. Jorge Morla ha apuntado que muchas universidades ya están diseñando "preguntas que obliguen a razonar" para que, incluso usando IA, los alumnos tengan que demostrar su comprensión. Aunque se busca primar la capacidad de análisis, el experto ha concluido que no se debe "renunciar a la memoria", que sigue siendo "un pilar memorístico" fundamental en el aprendizaje.