Con motivo del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, celebrado este 28 de mayo, tres expertas en salud femenina se han reunido en Zaragoza para desmitificar una de las etapas más complejas en la vida de la mujer: la menopausia. La educadora Aoife McGale, la doctora en tecnología de alimentos Marta Serrano y la entrenadora Paula Floristán han compartido sus conocimientos sobre nutrición, bienestar y ejercicio para ofrecer una perspectiva integral y derribar los tabúes existentes.
La menopausia no es una enfermedad, sino una fase natural que, sin embargo, sigue rodeada de desinformación. Aoife McGale, creadora de Menopausia Positiva, aclara que la menopausia es, técnicamente, "ese día cuando lleva la mujer 12 meses consecutivos sin la regla". Lo realmente significativo es la perimenopausia, una fase previa de cambios hormonales que dura de media entre 4 y 8 años y que conlleva múltiples consecuencias para el cuerpo y la mente. Una vez superada, la mujer entra en la posmenopausia para el resto de su vida, un periodo que, sumado al anterior, puede abarcar hasta 40 años.
McGale subraya que "no hay dos menopausias iguales", ya que la sensibilidad a los cambios hormonales varía en cada mujer. Por ello, insiste en la importancia de la divulgación para normalizar la conversación. "El primer paso para entender lo que nos pasa en estas fases es estar informadas", afirma la educadora, quien lleva tres años trabajando para dar visibilidad a esta etapa vital.
La alimentación es un factor "fundamental", según Marta Serrano, profesora de la Universidad San Jorge. Los cambios hormonales, especialmente la caída de estrógenos a partir de los 35 años, provocan una mayor resistencia a la insulina y una menor tolerancia al cortisol, la hormona del estrés. Esto se traduce en una alteración de la microbiota y una tendencia a perder un 1% de masa muscular cada año, que es reemplazada por grasa, sobre todo en la zona abdominal.
Para contrarrestar estos efectos, Serrano propone un cambio de enfoque: no centrarse en el sobrepeso, sino en "llegar bien y sumando años con salud". Su recomendación es seguir una alimentación limpia con comida real, evitando los ultraprocesados. Esto protege frente a enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2 o los problemas cardiovasculares, más frecuentes por la desprotección estrogénica.
La experta detalla la composición ideal del plato: la mitad deben ser verduras y hortalizas para alimentar la microbiota; un cuarto, proteína de alto valor biológico (carne, pescado, huevos o soja), garantizando unos 30 gramos por comida; y el cuarto restante, carbohidratos complejos como legumbres, quinoa o boniato. Además, aconseja realizar tres comidas principales para dar un respiro al páncreas y mejorar la sensibilidad a la insulina.
Serrano también desmitifica creencias, como el consumo de huevos, y ofrece pautas prácticas como consumir la fruta siempre acompañada de proteína o grasas saludables. Respecto a los caprichos, defiende la regla del 80/20, donde hay espacio para la vida social. Pero su mensaje principal es un llamamiento a la acción: "No normalicéis los síntomas, no os acostumbréis, no os conforméis. No es normal estar cansada, acumular grasa o despertarte a las tres de la mañana".
El tercer pilar es el ejercicio físico, donde el entrenamiento de fuerza se erige como "el pilar más importante", según Paula Floristán, entrenadora en el gimnasio David Lloyd. Este tipo de ejercicio ayuda a preservar la masa muscular y ósea, mejora el metabolismo y reduce el riesgo de osteoporosis. Floristán insiste en la necesidad de una "rutina variada, sostenible y adaptada a cada persona".
La especialista recomienda entrenar entre tres y cuatro días por semana, señalando que "podemos hacer un entreno muy efectivo en 45 minutos". Para quienes tienen poco tiempo, los entrenamientos HIIT (híbridos que combinan cardio y fuerza) son ideales. Además, es beneficioso complementar la fuerza con ejercicio cardiovascular, actividades como el yoga o el pilates para el bienestar emocional, y aumentar el movimiento diario fuera del gimnasio.
Los beneficios son transformadores. Floristán explica que las mujeres que empiezan a hacer ejercicio "notan que se encuentran mejor, que tienen menos dolores, que están más activas y que tienen más energía". A nivel anímico, el deporte "sube el estado de ánimo, reduce el nivel de cortisol y ayuda a descansar mejor", convirtiéndose en una herramienta clave para la gestión del estrés.
Las tres expertas coinciden en un mensaje final: la necesidad de que la mujer se priorice. Como resume McGale, "La información es tu mejor aliada" para tomar decisiones conscientes y buscar apoyo. Se trata de adoptar hábitos saludables de forma realista, marcando objetivos alcanzables para evitar la frustración y, en definitiva, mejorar la calidad de vida durante las décadas que dura esta transición.