La controversia sobre las etiquetas medioambientales de la DGT sigue generando dudas entre los conductores una década después de su creación en 2016. En el programa 'Poniendo las Calles', Carlos Moreno 'El Pulpo' ha abordado esta polémica con el experto en motor Alfonso García 'Motorman', quien ha arrojado luz sobre una de las preguntas más recurrentes: ¿es obligatorio llevar la pegatina en el parabrisas?
La respuesta a esta pregunta encierra una notable contradicción. Según ha explicado 'Motorman', "no es obligatorio llevar la etiqueta, lo dice muy claro la DGT en su web, pero está, por otro lado, recomendado llevarla en el parabrisas si la zona de bajas emisiones de las localidades donde estén establecidas, así lo indique". Esta recomendación se convierte en una obligación de facto en ciudades como Madrid o Barcelona, cuyas ordenanzas municipales exigen exhibir el distintivo para cumplir con la normativa y evitar sanciones.
La falta de una normativa homogénea provoca que cada ayuntamiento con Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) aplique sus propias reglas, generando un desconcierto que puede salir caro. En Madrid, por ejemplo, la multa por no llevar la etiqueta puede ascender a 90 euros, mientras que el acceso indebido a una ZBE se sanciona con 200 euros, una situación que ha sido objeto de debate legal como muestra la reciente anulación de una multa de 200 euros por parte de un juez en Oviedo. Muchos conductores no entienden por qué deben gastarse cinco euros en la pegatina cuando existen cámaras de control de acceso que leen las matrículas.
Esta situación ha llevado a muchos a pensar que se trata de una medida con afán recaudatorio. "Es una una forma más de de recaudar, aunque sea un poquito", comentaba el experto en el espacio radiofónico, aludiendo a los millones de vehículos que componen el parque móvil español.
Lo que comenzó como un sistema para clasificar los vehículos según su impacto ambiental se ha convertido en un factor que determina por dónde se puede circular, aparcar y a qué coste. La expansión de las ZBE, ya obligatorias en todos los municipios de más de 50.000 habitantes, ha cambiado las reglas del juego. Ciudades como Barcelona se preparan para prohibir la circulación de coches con etiqueta B, mientras otras endurecen progresivamente sus accesos, aumentando la presión sobre los conductores.
La clasificación de un vehículo, que se puede consultar en la sede electrónica de la DGT con la matrícula, depende del tipo de combustible, la normativa Euro que cumple el motor y su año de matriculación. Los modelos de gasolina anteriores a 2001 y los diésel previos a 2006 no tienen derecho a distintivo, mientras que los más modernos se clasifican como B, C, ECO o Cero.
Aunque la DGT recomienda su uso, la obligatoriedad de llevar visible la pegatina depende de cada municipio. Ciudades como Madrid, Sevilla o Pamplona contemplan en sus ordenanzas la obligación de exhibirla. La diferencia entre 'no tener derecho a etiqueta' y 'no llevarla puesta' es clave, ya que un coche puede ser sancionado por no mostrarla aunque cumpla los requisitos para circular. Mientras tanto, la DGT sigue reforzando sus medios de vigilancia con nuevas motocicletas camufladas.
Lejos de ser un trámite gratuito, la obtención de la etiqueta tiene un coste de unos cinco euros. Puede adquirirse en oficinas de Correos, gestorías autorizadas o talleres asociados, presentando el permiso de circulación y la documentación del titular. Un pequeño desembolso que, para muchos, alimenta la percepción de que el sistema esconde un fin recaudatorio detrás de su propósito medioambiental.