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Los Santos de esta jornada desde sus servicio y unidad fueron un gran testimonio hasta dar la vida. Hoy la Iglesia nos presenta al Papa San Cornelio y al Obispo San Cipriano. El primero nace en Roma, siendo elegido Pontífice el año 251. Su defensa de la Fe, se hizo notar, sobre todo, en la lucha contra el cisma novaciano, que defendía una Iglesia distinta de la fundada por Jesucristo.
Novaciano, el teólogo que lo había creado defendía que el pecado de apostasía tenía tal perversión que ni la Iglesia católica lo podía perdonar sino que solamente Dios en el Juicio Final podía proceder a la reconciliación. El Emperador Galo le destierra y muere en Chivitavecchia el año 253. En su legado está el amplio Tratado sobre la Oración del Padre Nuestro.
Por su parte, Cipriano nace en Cartago, alrededor del 210. Aunque de origen pagano, se convierte al cristianismo y será sucesivamente sacerdote y Obispo de su ciudad natal. Pastor insigne y ejemplar, ayuda a Cornelio en el celo por el Evangelio. Varias son las persecuciones que tuvo que soportar, hasta que le llegó el momento de rubricar con la sangre lo que había predicado.
La ocasión se presentó cuando fue obligado a sacrificar a los ídolos. Las autoridades imperiales le amenazaron si no lo hacía. Él se negó con todas las consecuencias y fue decapitado públicamente. Los Santos Cornelio y Cipriano son ejemplo de dar la vida por Cristo con destierro y su decapitación respectivamente. Doctrinalmente se apoyaron y fueron un estímulo de Fe.
La Madre una vez más aparece íntimamente unida al Hijo en la Historia de la Salvación. Si ayer celebrábamos La Exaltación de la Cruz que presenta al Señor elevado sobre el Árbol Salvador, hoy evocamos los Dolores Gloriosos de La Virgen.
San Lucas, contempla La Presentación del Niño Jesús en el Templo. En él aparece Simeón que le anuncia a la Virgen que Jesús será Bandera discutida y que a Ella una espada le atravesará el Alma. Y en el Pasaje según San Juan se evoca a la Mater que Stabat Dolorosa unida fuertemente al Señor, al que Ella había engendrado.
Recreándose en el texto del cuarto Evangelio Jesús deja a María como madre de toda la humanidad y a Juan su hijo. En él se representan todos los hombres de todos los tiempos. En el siglo XI después de terminar la Cincuentena Pascual se pensó en un día para vivir a la Virgen Sufriente. Fue algo espontáneo.
En el siglo XIII la Orden de los Servitas profundizaría en los Dolores de Nuestra Señora. De hecho, establecieron una Misa sobre el Misterio de María bajo la Cruz. Inocencio XI la permitió celebrar en algunos lugares. Y en 1817 la superación de las guerras napoleónicas hizo que el Papa Pío VII lo instaurase.
La fecha fue cada viernes anterior al Domingo de Ramos. Por eso se llama “Viernes de Dolores”. Sin embargo, el Concilio Vaticano II en la Reforma Litúrgica, situó la Virgen de los Dolores el 15 de septiembre, la jornada siguiente a la Santa Cruz. Así se quedó reflejada para que se celebra esta fecha en toda la Cristiandad.
Nos acercamos hasta una Fiesta que nos lleva al Corazón Salvador. Hoy celebramos La Exaltación de la Santa Cruz. Esta Fiesta del Señor se une a las otras dos que se viven en el Tiempo Ordinario, que son la Presentación del Señor -llamada popularmente Las Candelas- el 2 de febrero y La Transfiguración de Jesús el 6 de agosto.
Santa Elena, madre del Emperador Constantino descubrió en Tierra Santa la Cruz de Cristo. Lo que hizo para descubrirla es, una vez sacadas de donde estaban enterradas, situó tres enfermos sobre cada una de ellas. Y con la enferma que sanó encima de Ella, descubrió el Leño donde estuvo clavada la Salvación del mundo y la llevó a Jerusalén.
Cuando los persas entraron en Tierra Santa la arrebataron, y se la llevaron como botín. Fue un motivo de escarnio porque la utilizaron para reclamo político en su paganismo y sufrió una profanación. Aquellos gobernantes persas se dividieron terminando en asesinato de las autoridades. El sucesor no quería problemas y firmó la paz con Palestina.
Así se desprendieron de la Cruz, siendo recuperada por el Emperador Heraclio que la entronizó en la Basílica del Santo Sepulcro. Dice la historia que el gobernante la quiso llevar a cuestas para imitar al Señor, pero tanto ropaje llevaba que era imposible cargar con Ella.
Por eso se despojó de la capa, quedándose con la túnica y ahí fue muy fácil llevarla hasta donde se coloca. La Fiesta se puso al principio el 3 de mayo que es cuando se descubrió. Posteriormente se fijó para el 14 de septiembre que es cuando se recuperó el Árbol de la Cruz para devolverlo al Lugar donde está.
Hoy, Domingo XXIV del Tiempo Ordinario Cristo expone a sus discípulos la manera de perdonar ante la pregunta de Pedro acerca de cómo hay que perdonar al hermano cuando nos ofrende. Y lo completa con la Parábola de un empleado que le debía mucho al rey.
Pero como no tenía con qué pagarle pide que tenga paciencia y el pagará todo. El monarca se emociona y le perdona. Sin embargo cuando ve el empleado a otro compañero que el debía dinero, le estrangula y como le pide paciencia para pagarlo, no le quiere escuchar, encerrándole. Entonces le encarcela y el rey al enterarse le echa en cara su dureza y le lleva a la cárcel.
Uno de los talentos que tuvo el hombre este día en el Santoral fue una facilidad de palabra que, con ella, tocaba el corazón. Con ellos vivió también el perdón del Cielo. Hoy celebramos a San Juan Crisóstomo.
Nacido en Antioquia hacia el año 349, su madre fue una mujer de probada virtud cristiana que dio esta educación a su hijo. Tras estudiar retórica, decide llevar una vida de anacoreta. Pero su mala salud le hace volver a su tierra natal. Allí se ordenaría sacerdote, gozando de una gran capacidad de oratoria.
Por eso, con el tiempo, recibiría el sobrenombre de Crisóstomo, que significa en griego “boca de oro”, debido a las palabras que salían de su boca. Posteriormente fue elegido Obispo de Constantinopla. Enfrentado al arrianismo que negaba la Divinidad de Cristo, sufrió el destierro. A pesar de todo esto el Papa, le confortó siempre. San Juan Crisóstomo muere el año 407.
Estos primeros días de septiembre marcan un ambiente muy Mariano que empieza el pasado día 8 con la celebración de la Natividad de Nuestra Señora. Hoy, cuatro días después de su Natividad, celebramos el Dulcísimo Nombre de María.
Tal y como se prescribía en la Ley Judía, ocho días después tocaba poner nombre a la Recién Nacido.
Y es la Liturgia la que introdujo en el Calendario Cristiano la festividad del Dulcísimo Nombre de María, en las jornadas siguientes al 8 de septiembre.
El significado que encierra va desde “Señora”, “Amada de Dios” o “Estrella del Mar”. Muchos Santos hacen hincapié en este Nombre. No se puede olvidar a San Efrén de Siria que hablaba de las excelencias de este Nombre. Y lo mismo San Buenaventura como buen franciscano.
Pero, sobre todo, el más dulce fue San Bernardo de Claraval al presentar su Nombre como “Miel en los labios”. San Bernardino de Siena se convierte también en un difusor de esta Devoción. Esta fiesta, se empezó viviendo en España, concretamente en Cuenca, tras obtener el permiso de la Santa sede en el año 1513.
Es el Papa Inocencio XI, el que decretó que dicha memoria se extendiese a toda la cristiandad, en el año 1683. De esta forma, se tributaba a la Señora del Cielo, un recuerdo especial, tras la batalla de austriacos y polacos contra los turcos en Viena, honrando a su Santísimo Nombre.
La hospitalidad a la gente y la contemplación se unen en el Santo de esta jornada en el calendario. Hoy recordamos a Santo Domingo de Silos. Nacido a principios del siglo XI en Cañas, cerca de Nájera, poco se sabe de su origen. De niño comparte la comida con los viandantes mientras pastorea un rebaño de ovejas.
Pronto destacará por su inclinación al estudio y a llevar una vida conforme al plan de Dios, dejando otro tipo de tentaciones humanas que le acechan. Ordenado sacerdote sigue el camino de los eremitas, entrando en el Cenobio de San Millán de la Cogolla.
Allí viste el hábito negro de San Benito, donde vivirá de forma ejemplar. Encargado del Priorato de Santa María, lo rehace, pensando en él los monjes de San Millán para que sea su Prior. Entonces el rey Don García le pide los tesoros que poseen, encarándose duramente con él, por lo que es desterrado.
Posteriormente, el rey Fernando le encarga restaurar el Monasterio de San Sebastián de Silos, lugar de Fe, cultura y configuración de la Castilla Medieval. En medio del trabajo cotidiano, se oyen las campanas que invitan a la oración y a la alabanza divina.
Esto reconforta a las gentes de aquella época porque sienten cómo hay personas consagradas que viven en una contemplación continua, presentando las inquietudes de los hombres. Santo Domingo de Silos muere el 20 de diciembre de 1073.
La palma del martirio se hace muy presente en el Santo de este día. No faltaron su valentía y confianza en el Señor. Hoy celebramos a San Nemesio. El que nos da los datos de la vida de este hombre es San Dionisio. Le sitúa en Egipto, concretamente en Alejandría, en el siglo III. Era la etapa de gran persecución.
Lo cierto es que desde Nerón no habían parado las persecuciones. En todo caso se habían relajado un poco. Pero al cabo de un tiempo solían recrudecerse porque el Lugarteniente del Emperador llamado Sabino era el brazo ejecutor de las leyes y lo de la persecución y muerte a los cristianos lo llevaba la pie de la letra.
El Santo de esta jornada no era una persona pública. No era un soldado, ni era un hombre influyente. Pero a los ojos de los vecinos era un cristiano y había que cumplir con los decretos de denuncia. Así que procedieron y le delataron. Cogido por sorpresa comprueban su penitencia y su solidaridad. Los jueces y acusadores le dan la oportunidad de defenderse.
Su sencillez confunde a todos. Pero los detractores no se dan por vencidos y le ofrecen hacer un voto con un sacrificio a los dioses. Es la única manera de que olvidasen su acusación y le justificaran. Él se mantiene en su Fe. Esto les exaspera y se revuelven más contra él.
Nemesio alega que Dios es el Único y que las divinidades paganas son falsas. Es el culmen de sus palabras por lo que será condenado a morir en la hoguera. Antes ha pasado por multitud de suplicios. San Nemesio muere mártir siendo un ejemplo de sencillez y valentía para todos.
La mujer de este día alcanzó la Santidad junto con su esposo de la manera más sencilla que pueda conocerse, sin destacar en nada. Hoy celebramos a Santa María de la Cabeza. No muy lejos de la capital de España, Madrid, se encuentra Torrelaguna. Allí,-aunque otros lo sitúan en Uceda, en la actual Provincia de Guadalajara-, nació María Toribia que sería la esposa de San Isidro.
Su pertenencia era a tierras reconquistadas y de índole mozárabe, es decir, de territorio cristiano donde vivían musulmanes adaptados a la convivencia con los cristianos. El nacimiento se sitúa entre finales del siglo XI y principios del XII. La familia era gente de campo que trabajaban cada día y que la Fe en el Señor era algo natural en su ser.
Fruto del matrimonio con Isidro tuvieron a San Illán. Era el Regalo del Cielo hasta que un día el niño cayó a un pozo. No sabiendo cómo reaccionar se les ocurrió arrodillarse y rezar a Dios. Las aguas crecieron y el niño apareció con vida de forma milagrosa. Los tres sentían la fortaleza del Cielo en cada momento.
Un día calumniaron a su esposa las malas lenguas, asegurándole al esposo que era sospechoso cuando cruzaba el río y nunca se sabía más hasta su vuelta. Él confiaba en su esposa, pero para disipar dudas posibles la siguió y al cruzar el río Jarama, hubo explicación para quienes la habían censurado.
Y es que en la otra orilla extendía el pañuelo y se arrodillaba a rezar. Al morir el marido, ella se retira a su pueblo con una vida de Fe grande hasta su muerte. Se baraja el año 1175 cuando se va a las moradas eternas. El apelativo de la Cabeza es por su Cráneo que se conserva incorrupto.
Estamos en una de las fechas señaladas de forma muy especial en el mes de septiembre de cara a la Devoción mariana. Hoy celebramos la Natividad de Nuestra Señora. Tras celebrar cada 8 de diciembre la Inmaculada Concepción de la Madre, nueve meses después se vive su Natividad.
Desde tiempos inmemoriales, La Iglesia de Oriente vivía con fervor este día un mes después de la Virgen Asunta a los Cielos. El escenario concreto era en Nazareth, y más concretamente, en la Casa de Joaquín y Ana, porque allí nació Santa María.
Estaba cerca de la Piscina Probática donde Cristo curó a aquel hombre paralítico que no podía echarse al agua cuando venían corrientes porque otros le cogían al delantera. En este lugar es donde cuenta la tradición que se dieron el abrazo Joaquín y Ana y fruto de ello, concibe a María.
En el siglo IV se construyó para conmemorar el lugar una Basílica Paleocristiana, siguiendo las indicaciones históricas. Y ahora nos vamos al siglo VII. En Roma, el Papa Sergio I asume esta festividad y organiza cada 8 de septiembre una Procesión con letanías a la Señora del Cielo que discurre desde la Iglesia de San Adriano hasta Santa María La Mayor en la Ciudad Eterna.
Gregorio II su sucesor en el tiempo promovió una Vigilia acompañando a María en su Nacimiento. Posteriormente, Inocencio IV estableció la Octava a esta festividad. De esta manera La Natividad de la Virgen María queda extendida a toda la Iglesia.
El calendario de este día, nos presenta a un hombre que vivió desde el carisma de San Ignacio de Loyola el amor a Dios y al prójimo por Él. Hoy celebramos a San Pedro Claver, nacido en el año 1580 en Verdú.
Casi un siglo después del Descubrimiento de América, forma parte del innumerable grupo de misioneros que marchan a aquellas tierras para predicar la Buena Nueva del Evangelio de Cristo. En su caso, ingresa en la Compañía de Jesús, y desde este carisma, siente la necesidad de extender el Reino de Dios. Para este cometido tuvo la ayuda y apoyo de San Alonso Rodríguez.
Muchos fueron los frutos pastorales que dio en su apostolado, sobre todo, en Cartagena de Indias. Allí impartió las catequesis de forma constante, y bautizó a una inmensa multitud de nativos, liberándolos, también de la condición de esclavos. A su celo por las almas se unen otras dos virtudes que le caracterizan:
La humildad ante los acontecimientos de la vida, viéndose como un pobre siervo que cumple la voluntad de Dios, además de la capacidad de servicio manifestada en el cuidado de los enfermos.
Así entenderá que cuando cuida a uno de ellos, cuida al propio Cristo.
También superó las barreras de lengua para poder predicar el Evangelio y bautizar a muchos en cada sitio que recorría. Escandalizado en Colombia por el comercio de trata se acercaba a los barcos para curar y ayudar a aquellos que habían sido capturados para ser vendidos como esclavos. San Pedro Claver contrae la peste y se cura. Muere en el año 1654.
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