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La hondura espiritual del Santo de este día le viene marcada por su carácter. Hoy celebramos a San Jerónimo. Nace en Dalmacia hacia el año 340. Roma será la ciudad que le vea estudiar, pero también allí se hará bautizar, abrazando la Fe cristiana. En su preparación científica muestra un conocimiento de latín y griego.
De los grandes personajes de la literatura clásica, se hace un entusiasta conocedor de la vida y obra de Cicerón. Ordenado sacerdote, el Papa San Dámaso le trajo de regreso a Roma para nombrar secretario y, dado su conocimiento de las lenguas clásicas, le encomendó una importante tarea: Traducir la Sagrada Escritura del hebreo al latín.
Es su obra conocida como La Vulgata. Su anterior vida monacal, le impulsa a colaborar en la difusión del monacato en Occidente. Una cosa le quedaba pendiente: terminar la traducción de la Sagrada Escritura al latín.
Para ello, se retira a Belén, donde empezará una vida de austeridad y penitencia. Justamente se situó al lado de la Gruta de la Natividad. Decía que su cercanía al Nacimiento del Señor le daba fuerzas para trabajar incansablemente y terminarlo.
En su sobriedad cuando tenía periodos de dureza y carácter brusco, se hería con una piedra como una forma de ser penitente. El Papa Sixto V siglos después, afirmaba que esa piedra con la que se mortificaba el Santo era la clave para que fuese canonizado. San Jerónimo muere en el año 420.
Respondió Job a sus amigos:
«¡Se muy bien que es as!:
que el mortal no es justo ante Dios.
Si quiere pleitear con él,
de mil razones no le rebatirá ni una.
Él es sabio y poderoso,
¿quién le resiste y queda ileso?
Desplaza montañas sin que se note,
cuando las vuelca con su cólera.
Estremece la tierra en sus cimientos,
hace retemblar sus pilares;
manda al sol que no brille
y guarda bajo sello las estrellas.
Él solo despliega los cielos
y camina sobre el dorso del Mar.
Creó la Osa y Orión,
las Pléyades y las Cámaras del Sur.
Hace prodigios insondables,
maravillas innumerables.
Sí cruza junto a mí, no lo veo;
me roza, al pasar, y no lo siento;
si en algo hace presa, ¿quién se lo impedirá?,
¿quién le reclamará: “Qué estás haciendo”?
Cuanto menos podre yo replicarle
o escoger argumentos contra él.
Aunque tuviera yo razón, no respondería,
tendría que suplicar a mi adversario;
aunque lo citara y me respondiera,
no creo que me hiciera caso».
Todo el día te estoy invocando, Señor,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias? R/.
¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla,
o tu justicia en el país del olvido? R/.
Pero yo te pido auxilio, Señor;
por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro? R/.
En aquel tiempo, mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, le dijo uno:
«Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo:
«Sígueme».
El respondió:
«Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó:
«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo:
«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó:
«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».
Entramos en una semana de venerar a a los Servidores del Señor que están día y noche ante Él. Hoy, celebramos a los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Miguel significa ”Fortaleza de Dios”. Se le invoca para vencer al enemigo, porque le tocó la batalla contra el Dragón y sus secuaces venciendo Miguel y los coros angélicos fieles a Dios.
En el caso de Gabriel su nombre significa “Mensajero de Dios”. Él comunica a Zacarías que Isabel concebirá en su vientre al Precursor. También le asegura que como no da crédito al Anuncio Divino se le da la Señal de que quede mudo hasta que se cumpla lo prometido.
Por otra parte, anuncia a María que dará a Luz al Salvador del mundo, el Mesías Esperado desde siglos y generaciones. Es Patrono de los comunicadores. Finalmente Rafael significa “Medicina de Dios”.
El motivo es que acompaña a Tobías en su viaje y le provee el remedio para expulsar al demonio de su prometida. También le da la cura para que su padre, Tobit, recobrase la vista, tras haber tenido ceguera durante mucho tiempo.
Es Patrón de conductores y caminantes, junto a la Virgen de la Prudencia y San Cristóbal. Anteriormente se celebraban por separado. Pero en en año 1969, tras la Reforma Postconciliar se unieron los tres Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael el día 29 de septiembre, en una misma Fiesta.
Casi cerrando el mes de septiembre nos acercamos a la figura de un Santo mártir. Hoy celebramos a San Wenceslao. Nacido en el año 907 en Bohemia -actual Chequia-, su santidad de vida, se abrió paso en medio de un hogar donde el padre era un profundo cristiano, mientras la madre, procedía de raíces profundamente paganas.
Su abuela Lumidla, también hoy en los altares, quien había sido bautizada por San Metodio y educó a su nieto en el cristianismo. Cuando accede al Ducado de su país, firma la paz con algunos de sus contrincantes y su impronta cristiana siempre se manifestaba.
Se cuenta que él mismo fabricaba la materia del Pan y el Vino que se consagraban en la Santa Misa para convertirlas en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Su caridad se apoyó en lo que pide el Apóstol San Pablo y nunca fue una farsa. Se acercó a los más alejados de Dios y asistió a enfermos.
También visitaba a los presos en las cárceles para ayudarles a cambiar y confortarles. Pero su Fe, no podía estar exenta de la Cruz de Cristo, que le hizo sufrir multitud de problemas. Sin embargo fue fiel a Dios hasta el final. Su hermano le miró mal en sus gestos y logró eliminarle.
Para ello, contrató a unos sicarios que le asesinaron. San Wenceslao muere mártir en el año 935. Se le invoca como el Patrono Principal de Bohemia. Su propio hermano, convertido, trasladó sus reliquias a la Catedral de San Vito en Praga.
Si por algo se caracteriza el religioso francés de este día es por su gran y ardiente caridad que le dejó en su corazón el Espíritu de Dios. Hoy celebramos a San Vicente de Paul. Aquitania en Francia, vería nacer en el año 1581 a este Santo, que, ordenado sacerdote, fue un celoso pastor de almas en París. Para eso había necesitado una conversión importante.
Y es que al principio esperaba jubilarse relativamente con un buen sueldo y vivir bien. Pero el paso de los tiempos le llevó hacia su conocida sensibilidad caritativa. Este espíritu de caridad, siempre estuvo impregnado de la oración, ya que él mismo señalaba que, sin el trato diario con el Señor en el Sagrario, no podía dar los frutos debidos.
Una de sus famosas afirmaciones es que cuando se encontraba en oración y sonaba la puerta en la que llamaba algún necesitado siempre aseguraba que “dejaba a Dios en el Sagrario para atender a Dios que venía presente en aquella persona”.
Entre las obras de apostolado que hizo destacan la organización y desarrollo de las misiones populares, en las que presenta a modo didáctico el Catecismo a los fieles, además de una atención especial a los sacerdotes, así como a los pobres, en los que descubría el rostro del Señor.
Una manera de llevar a cabo mejor estas iniciativas, es con la Fundación los Padres Paúles y las Hijas de la Caridad. Para esta última contó con la ayuda de Santa Luisa de Marillac. San Vicente de Paúl muere en el año 1660.
La Gratuidad de Dios siempre ha tenido acogida en hombres que han sabido darlo todo sin esperar nada a cambio. Recordamos en este día a los Santos Cosme y Damián. Su vida se sitúa en torno al siglo IV. Nacidos en Arabia, estos dos hermanos gemelos, estudiaron medicina en Siria.
Su condición de cristianos, les impulsa a dedicarse a este oficio, sin cobrar nada. Eso sí, aprovechaban la ocasión para hablar de Dios y tratar de sanar a las almas espiritualmente para recobrar alma y cuerpo para el Número de los Justos.
En una de las ocasiones un hombre tenía la pierna deteriorada. Y después de cortársela le injertaron la de un hombre recién fallecido. Al despertar del sueño aquel hombre descubrió su extremidad como si fuese la suya, sin ninguna alteración.
Además de éste, muchos son los milagros que se les atribuyen a estos dos Santos que, al ser descubiertos por el Gobernador Lisias en Cilicia en su condición de cristianos, son apresados. Tras ser invitados y obligados a abandonar su Fe, ellos se reafirman en el seguimiento del Señor Jesús, por lo que su fidelidad se consuma con grandes tormentos.
Les intentan quemar, pero salen ilesos, les intentan llevar a la Cruz, pero son lo consiguen. Al final, obtienen la palma del martirio, muriendo decapitados. Los Santos Cosme y Damián son Patronos de los médicos y su culto es antiquísimo.
El Santo del día vivió inmerso en la más absoluta vida de eremita para ser un gran monje en un Monasterio. Hoy celebramos a San Sergio. Nacido en el siglo XIV en Rostov (Rusia), su familia es de estirpe noble y bastante religiosa. Su nombre original era Bartolomé.
Desde pequeño sintió que la Providencia le marcaba el camino de la vocación a la vida consagrada. Esa opción fue madurando en su corazón. Sin embargo siempre vio que el Señor le pedía estar con sus padres hasta que se fuesen al Cielo.
Al morir estos se fue a un bosque muy tranquilo para ser un ermitaño construyendo una Capilla en honor de la Santísima Trinidad. Le acompañó su hermano mayor que no soportó mucho tiempo, porque no se veía en esa vida tan apartada del mundanal ruido.
Al final se quedó él solo. Ordenado sacerdote sale del bosque y funda el Monasterio en honor de la Santísima Trinidad. Allí llevó una vida sencilla vistiendo muy sencillo el hábito. Todos veían un ejemplo de sencillez.
Era artífice de unidad y comunión ante los conflictos y dificultades que surgían. Incluso fuera de los muros conventuales le pidieron su oración y mediación ante el durísimo enfrentamiento que tenían los nobles y algunos príncipes de la época. San Sergio muere en el año 1392 y es venerado como el Patrón de Rusia.
¡Vanidad de vanidades! —dice Qohélet—.
¡Vanidad de vanidades; todo es vanidad!
¿Qué saca el hombre de todos los afanes con que se afana bajo el sol?
Una generación se va, otra generación viene, pero la tierra siempre permanece.
Sale el sol, se pone el sol, se afana por llegar a su puesto, y de allí vuelve a salir. Sopla hacia el sur, gira al norte, gira que te gira el viento, y vuelve el viento a girar. Todos los ríos se encaminan al mar, y el mar nunca se llena; pero siempre se encaminan los ríos al mismo sitio.
Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír. Lo que pasó volverá a pasar; lo que ocurrió volverá a ocurrir: nada hay nuevo bajo el sol.
De algunas cosas se dice: «Mira, esto es nuevo». Sin embargo, ya sucedió en otros tiempos, mucho antes de nosotros.
Nadie se acuerda de los antiguos, y lo mismo pasará con los que vengan: sus sucesores no se acordarán de ellos.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó;
una vela nocturna. R/.
Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R/.
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R/.
Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.
En aquel tiempo, el tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba sobre Jesús y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
Herodes se decía:
«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?».
Y tenía ganas de verlo.
No podemos terminar el mes de septiembre sin una Advocación Mariana de gran peso. Hoy celebramos a Nuestra Señora de la Merced. Nos vamos hasta el siglo XIII. En Barcelona los piratas sarracenos apresan a muchas personas y les llevan cautivos al Norte de África para venderlos como esclavos.
Según una vieja tradición, la Virgen se apareció a la vez a Jaime I, a San Raimundo de Peñafort y a San Pedro Nolasco. En esta manifestación, la Madre de los afligidos encomendó a los tres la misión de liberar a los cautivos que habían caído en poder de los herejes.
Esta petición cristaliza en el inicio de la Orden de los Mercedarios, quienes, en un principio, su carisma, propiamente dicho es redimir a los esclavos, devolviéndoles la libertad y, por lo tanto, la dignidad de hijos de Dios. Actualmente se dedican a la pastoral penitenciaria.
También es el comienzo del culto a Nuestra Señora de la Merced, que encuentra su expansión por toda la Iglesia, especialmente a partir del siglo XVII. La Merced pasó de ser un sentimiento de presos a mostrar la Misericordia, la Ternura y los Dones que Dios da a través de su Santísima Madre.
Uno de los momentos en la historia con mayor importancia es el Descubrimiento de América. Aquí los religiosos mercedarios se encargan de llevar la Devoción a este Título Mariano por las Tierras del Nuevo Continente.
El Santo de este día se ha hecho muy conocido en el Devocionario Popular de los cristianos. Hoy celebramos al Padre Pío. Nacido en Benevento (Italia) en el año 1887 es bautizado con el nombre de Francesco. Algunos años más tarde ingresa en los capuchinos. Aquí emite los votos y se ordena sacerdote. En 1916 llega a San Giovanni Rotondo, donde vivió para siempre.
Su dedicación era exclusivamente a las personas necesitadas espiritualmente con la confesión y la escucha. Con el tiempo tendrá los estigmas de La Pasión. Además de los estigmas de la Pasión tuvo multitud de éxtasis, realizó milagros y Dios le concedió el don de la bilocación -la capacidad de estar en dos lugares a la vez- y el conocimiento de almas.
Su humildad le hacia cubrirse con más ahínco las manos durante la Misa para evitar cualquier espectacularidad que supusiese una distracción de lo que celebraba. También tuvo diversos enfrentamientos con el maligno, de los que salió airoso.
Profundamente caritativo, auspició el hospital que hay allí. Cuando le pide al médico que le ayude para que le apadrine el proyecto de construir ese centro, el doctor le dice que no cree en Dios, a lo que el Padre Pío el asegura que Dios sí que cree en él.
Esto le estimuló a apoyar al religioso y sacar el proyecto adelante. San Pío de Pietrelcina muere en el año 1968. Su duro carácter se le va modulando desde la ayuda del Espíritu hasta ser un hombre de gran dulzura. Muchas son las personas que peregrinaban desde otros partes de Italia para hablar con el Santo.
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