RSS - Audios de Ecclesia

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RSS - Audios de Ecclesia episodes

  • "Tendrán respeto a mi hijo"

    Voy a cantar a mi amigo

    el canto de mi amado por su viña.

    Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.

    La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas;

    construyó en medio una torre y cavó un lagar.

    Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones.

    Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá,

    por favor, sed jueces entre mí y mi viña.

    ¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no hubiera hecho?

    ¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio agrazones?

    Pues os hago saber lo que haré con mi viña:

    quitar su valla y que sirva de leña,

    derruir su tapia y que sea pisoteada.

    La convertiré en un erial: no la podarán ni la escardarán,

    allí crecerán zarzas y cardos,

    prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

    La viña del Señor del universo es la casa de Israel

    y los hombres de Judá su plantel preferido.

    Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada;

    esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.

    Sacaste una vid de Egipto,

    expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.

    Extendió sus sarmientos hasta el mar,

    y sus brotes hasta el Gran Río. R/.

    ¿Por qué has derribado su cerca

    para que la saqueen los viandantes,

    la pisoteen los jabalíes

    y se la coman las alimañas? R/.

    Dios del universo, vuélvete:

    mira desde el cielo, fíjate,

    ven a visitar tu viña.

    Cuida la cepa que tu diestra plantó.

    y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R/.

    No nos alejaremos de ti:

    danos vida, para que invoquemos tu nombre.

    Señor, Dios del universo, restáuranos,

    que brille tu rostro y nos salve. R/.

    Hermanos:

    Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

    Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

    Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

    Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.

    Y el Dios de la paz estará con vosotros.

    En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

    «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

    Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.

    Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.

    Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

    Le contestan:

    «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

    Y Jesús les dice:

    «No habéis leído nunca en la Escritura:

    “La piedra que desecharon los arquitectos

    es ahora la piedra angular.

    Es el Señor quien lo ha hecho,

    ha sido un milagro patente”

    Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

    3 min
  • San Francisco de Asís

    Hoy, Domingo XXVII del Tiempo Ordinario, Cristo sigue contando Parábolas a los ancianos del pueblo. En este caso un viñador arrenda su viñedo a unos labradores. A medida que pide su renta ellos no le hacen caso. Incluso descalabran y apalean a los enviados para percibir el dinero justo por su arrendamiento. 

    Al final les envía a su propio hijo al que echan y matan para usurpar. Fruto de esto, el Maestro les asegura que ellos tampoco han dado la talla, por lo que se les quitará lo que les había dado para constituir un pueblo bien dispuesto que produzca sus frutos, en alusión a la Iglesia. 

    Y hoy celebramos a San Francisco de Asís, que dio grandes resultados de conversión y cambio. Juan, hijo del comerciante Bernardone, nace en Asís el año 1182. Su infancia y juventud transcurrieron en medio de un deseo de aspirar a grandes puestos humanos. 

    Sin embargo, renuncia a todo por Cristo y se cambia el nombre por el de Francisco. Así comienza su faceta de servidor de la Iglesia desde el más absoluto desprendimiento y fidelidad. Su predicación cala en el corazón de cuantos le escuchan. 

    Con este grupo funda los franciscanos, impulsando también las Damas de San Damián (con la ayuda de Santa Clara) y la orden tercera para seglares. En el corazón de todos cala su sentimiento de paz sobrenatural. Una realidad que le lleva a entenderse con todos los hombres que le rodean. San Francisco de Asís muere el año 1226.

    1 min
  • San Francisco de Borja

    El hombre de este día es un descubridor de la Belleza de Dios que, tal vez, tenía oculta en su corazón. Hoy celebramos a San Francisco de Borja. Nace en Gandía (Valencia) el año 1510 dentro de una familia ducal. En su sangre hay títulos nobiliarios y también familia eclesiástica. 

    Por ejemplo, bisabuelo es quien accederá a la Silla de San Pedro como Alejandro VI, el Papa Borgia.  Volviendo al Santo, su condición de noble hizo que el Emperador Carlos V, le llamase a desempeñar diversos servicios en su corte. 

    Y el monarca nunca se arrepintió de la elección puesto que aquel hombre fue un siervo bueno y fiel. 

    Sin embargo, el Señor desde su Providencia, le empujó a una vivencia profunda de la Fe con un servicio más amplio. La ocasión se presentó cuando muere la Emperatriz Isabel. Al ver el cadáver de la reina deteriorado después de una vida de hermosura, Francisco impresionado exclama: “No volveré a servir a señores que se puedan morir”. 

    Así se entrega a una vida más inclinada hacia Dios, hasta que en 1546, cuando fallece su esposa, ingresa en la Compañía de Jesús, fundada por el también español Ignacio de Loyola. El trato de amistad con Pedro Fabro y otros compañeros del inicio de los jesuitas, le puso en su corazón ser uno de ellos. Y no sólo eso, sino que al ver sus cualidades, es nombrado Superior General. San Francisco de Borja muere en Roma en el año 1572.

    1 min
  • "Te doy gracias, Padre"

    Job respondió al Señor:

    «Reconozco que lo puedes todo,

    que ningún proyecto te resulta imposible.

    Dijiste:

    “¿Quién es ese que enturbia mis designios

    sin saber siquiera de qué habla?”.

    Es cierto, hablé de cosas que ignoraba,

    de maravillas que superan mi comprensión.

    Te conocía solo de oídas,

    pero ahora te han visto mis ojos;

    por eso, me retracto y me arrepiento,

    echado en el polvo y la ceniza».

    El Señor bendijo a Job al final de su vida más aún que al principio. Llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil borricas.

    Tuvo siete hijos y tres hijas: la primera se llamaba Paloma; la segunda, Acacia; y la tercera, Azabache. No había en todo el país mujeres más bellas que las hijas de Job. Su padre las hizo herederas, igual que a sus hermanos.

    Job vivió otros ciento cuarenta años, y conoció a sus hijos, a sus nietos y a sus biznietos.

    Murió anciano tras una larga vida.

    Enséñame la bondad, la prudencia y el conocimiento,

    porque me fío de tus mandatos. R/.

    Me estuvo bien el sufrir,

    así aprendí tus decretos. R/.

    Reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos,

    que con razón me hiciste sufrir. R/.

    Por tu mandamiento subsisten hasta hoy,

    porque todo está a tu servicio. R/.

    Yo soy tu siervo: dame inteligencia,

    y conoceré tus preceptos. R/.

    La explicación de tus palabras ilumina,

    da inteligencia a los ignorantes. R/.

    En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:

    «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».

    Jesús les dijo:

    «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.

    Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

    En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo:

    «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.

    Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.

    Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

    Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:

    «Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».

    3 min
  • "Te doy gracias, Padre"

    Job respondió al Señor:

    «Reconozco que lo puedes todo,

    que ningún proyecto te resulta imposible.

    Dijiste:

    “¿Quién es ese que enturbia mis designios

    sin saber siquiera de qué habla?”.

    Es cierto, hablé de cosas que ignoraba,

    de maravillas que superan mi comprensión.

    Te conocía solo de oídas,

    pero ahora te han visto mis ojos;

    por eso, me retracto y me arrepiento,

    echado en el polvo y la ceniza».

    El Señor bendijo a Job al final de su vida más aún que al principio. Llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil borricas.

    Tuvo siete hijos y tres hijas: la primera se llamaba Paloma; la segunda, Acacia; y la tercera, Azabache. No había en todo el país mujeres más bellas que las hijas de Job. Su padre las hizo herederas, igual que a sus hermanos.

    Job vivió otros ciento cuarenta años, y conoció a sus hijos, a sus nietos y a sus biznietos.

    Murió anciano tras una larga vida.

    Enséñame la bondad, la prudencia y el conocimiento,

    porque me fío de tus mandatos. R/.

    Me estuvo bien el sufrir,

    así aprendí tus decretos. R/.

    Reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos,

    que con razón me hiciste sufrir. R/.

    Por tu mandamiento subsisten hasta hoy,

    porque todo está a tu servicio. R/.

    Yo soy tu siervo: dame inteligencia,

    y conoceré tus preceptos. R/.

    La explicación de tus palabras ilumina,

    da inteligencia a los ignorantes. R/.

    En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:

    «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».

    Jesús les dijo:

    «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.

    Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

    En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo:

    «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.

    Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.

    Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

    Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:

    «Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».

    3 min
  • "Te doy gracias, Padre"

    Job respondió al Señor:

    «Reconozco que lo puedes todo,

    que ningún proyecto te resulta imposible.

    Dijiste:

    “¿Quién es ese que enturbia mis designios

    sin saber siquiera de qué habla?”.

    Es cierto, hablé de cosas que ignoraba,

    de maravillas que superan mi comprensión.

    Te conocía solo de oídas,

    pero ahora te han visto mis ojos;

    por eso, me retracto y me arrepiento,

    echado en el polvo y la ceniza».

    El Señor bendijo a Job al final de su vida más aún que al principio. Llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil borricas.

    Tuvo siete hijos y tres hijas: la primera se llamaba Paloma; la segunda, Acacia; y la tercera, Azabache. No había en todo el país mujeres más bellas que las hijas de Job. Su padre las hizo herederas, igual que a sus hermanos.

    Job vivió otros ciento cuarenta años, y conoció a sus hijos, a sus nietos y a sus biznietos.

    Murió anciano tras una larga vida.

    Enséñame la bondad, la prudencia y el conocimiento,

    porque me fío de tus mandatos. R/.

    Me estuvo bien el sufrir,

    así aprendí tus decretos. R/.

    Reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos,

    que con razón me hiciste sufrir. R/.

    Por tu mandamiento subsisten hasta hoy,

    porque todo está a tu servicio. R/.

    Yo soy tu siervo: dame inteligencia,

    y conoceré tus preceptos. R/.

    La explicación de tus palabras ilumina,

    da inteligencia a los ignorantes. R/.

    En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:

    «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».

    Jesús les dijo:

    «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.

    Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

    En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo:

    «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.

    Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.

    Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

    Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:

    «Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».

    3 min
  • Los Santos Ángeles Custodios

    El Santoral de este día es un fiel reflejo de la cercanía de Dios al hombre. Si el pasado 29 de septiembre recordábamos a los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, hoy celebramos a los Santos Ángeles Custodios, o también el Santo Ángel de la Guarda. 

    La Sagrada Escritura recuerda en el Antiguo Testamento que los ángeles reciben órdenes del Señor para guardarnos en nuestros caminos y así nuestros pies no tropezarán nunca en la piedra. Y Cristo en el Nuevo Testamento alude a los Ángeles cuando recuerda con Bartolomé la escalera de Jacob, al tiempo que advierte de que en la mirada de un niño, los Ángeles descubren el Rostro del Padre. 

    La devoción a los coros angélicos, se remonta a la más estricta antigüedad en los tiempos de la Iglesia. Desde los primeros tiempos han sido objeto de representación pictórica o escultórica. En el siglo IV el arte les pone cara humana para hablar de la conexión de Dios con el hombre a través del Santo Ángel. 

    Y en el siglo V se habla de sus servicio con prontitud por lo que se les representa con alas. Un sentimiento que cristaliza en fervor en la parte anglosajona. En el siglo IX se forja su devoción en Inglaterra y en el siglo XVII, el Papa Clemente X instaura su festividad. El Santo Ángel de la Guarda es Patrono de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

    1 min
  • “¿Quién es el mayor en el Reino de los cielos?”

    Así dice el Señor:

    «Voy a enviarte un ángel por delante, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado. Respétalo y obedécelo. No te rebeles, porque lleva mi nombre y no perdonará tus rebeliones. Si lo obedeces fielmente y haces lo que yo digo, tus enemigos serán mis enemigos, y tus adversarios serán mis adversarios. Mi ángel irá por delante.»

    Tú que habitas al amparo del Altísimo,

    que vives a la sombra del Omnipotente,

    di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,

    Dios mío, confío en ti.» R.

    .El te librará de la red del cazador,

    de la peste funesta.

    Te cubrirá con sus plumas,

    bajo sus alas te refugiarás. R.

    Su brazo es escudo y armadura.

    No temerás el espanto nocturno,

    ni la, flecha que vuela de día,

    ni la peste que se desliza en las tinieblas,

    ni la epidemia que devasta a mediodía. R.

    No se te acercará la desgracia,

    ni la plaga llegará hasta tu tienda,

    porque a sus ángeles ha dado órdenes

    para que te guarden en tus caminos. R.

    En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

    -«¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?»

    Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:

    -«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mi. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. »

    3 min
  • Santa Teresita del Niño Jesús

    Iniciamos el mes de octubre con la festividad de Santa Teresita del Niño Jesús. Nacida en Alençón (Francia) el año 1873, siente desde muy joven la llamada del Señor a la vida contemplativa. Sin embargo su edad prematura le impide el ingreso. Pero tan fuerte es su deseo que pide entrevistarse con el Papa León XIII al que comunicará su vocación. 

    Siempre dirá que su encuentro con el Vicario de Cristo fue muy fructífero para su alma y su corazón. Así entra en el Convento de las Carmelitas de Lisieux. Su principal motor para seguir este camino lo encontró en la tierna confianza en Dios, la sencillez y la humildad. 

    Y es que decía que cuando leyó a San Pablo en su Himno de la caridad en la Primera Carta a los Corintios se sintió identificada con el Apóstol que nunca se sintió identificado con los carismas que había en la Iglesia. 

    Nunca encontraba su puesto, hasta que lo halló en la caridad como el más excelente de todos los dones. Este es su “caminito” para llegar con naturalidad a Dios. Tras una grave dolencia, muere con tan sólo 24 años, ofreciendo su vida por la Iglesia y la extensión del Evangelio. En su legado destaca también su profundidad mística. 

    No en vano, ante los primeros síntomas de la enfermedad, asegurará: “Es el Esposo que llega”. Santa Teresita del Niño Jesús es Patrona de las Misiones, junto con San Francisco Javier, porque a pesar de estar en ellos Muros Conventuales animó por carta a muchos misioneros en Japón.

    1 min
  • “El reino de Dios ha llegado a vosotros”

    Dijo Job:

    ¡Piedad, piedad, amigos míos, que me ha herido la mano de Dios!

    ¿Por qué me perseguís como Dios y no os hartáis de escarnecerme?

    ¡Ojalá se escribieran mis palabras!

    ¡Ojalá se grabaran en cobre, con cincel de hierro y con plomo se escribieran para siempre en la roca!

    Yo sé que mi redentor vive y que al fin se alzará sobre el polvo: después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios.

    Yo mismo lo veré, y no otro; mis propios ojos lo verán.

    ¡Tal ansia me consume por dentro!

    Escúchame, Señor, que te llamo;

    ten piedad, respóndeme.

    Oigo en mi corazón:

    «Buscad mi rostro.» R/.

    Tu rostro buscaré, Señor,

    no me escondas tu rostro.

    No rechaces con ira a tu siervo,

    que tú eres mi auxilio;

    no me deseches. R/.

    Espero gozar de la dicha del Señor

    en el país de la vida.

    Espera en el Señor, sé valiente,

    ten ánimo, espera en el Señor. R/.

    En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

    Y les decía:

    -«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

    ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.

    Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa". Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

    Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.

    Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: "El reino de Dios ha llegado a vosotros."

    Pero si entráis en una ciudad y no os reciban, saliendo a sus plazas, decid: "Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado."

    Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».

    3 min

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