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La Antigua Alianza preparó grandes servidores de Dios hasta que Él plantase su Tienda entre nosotros y nos abriese las Puertas del Cielo. Hoy abrimos el Santoral con la festividad de San Josué. Es hijo de Nun y fue Moisés el que le puso ese nombre.
Este hombre cuyo nombre significa “Salvación de Dios” aparece en el Antiguo Testamento, en el Éxodo, sin olvidar que los Números y el Deuteronomio, así como el Libro de Josué, le presentan con una tarea muy encarnada en la realidad del Pueblo Elegido.
La lucha contra Amalec está dirigida por él y gracias a la Oración de Moisés con los brazos extendidos vence Israel. Dada la responsabilidad y compromiso que representa, se le encomienda inspeccionar Canaán para asaltarla y conquistarla.
Todas sus cualidades no pasan por alto en la mente de Moisés que le designa su sucesor y le explica cómo regir al Pueblo. Pero el perfil y la misión que realiza se muestra en el Libro de su mismo nombre. Fue con Moisés a la tierra del Sinaí cuando Dios le dio los Mandamientos.
Pero no fue ajeno a la algarabía en el Pueblo Judío, hasta que Moisés le aclaró que esos gritos eran de guerra. De esta forma vio claramente el pecado de Israel haciéndose un becerro de oro, mientras Aarón pensaba en purificaciones para ofrecer al falso dios.
Una vez designado sucesor y Guía al estilo Moisés, confortó y siempre alentó al mundo semita. En la vejez, antes de morir pidió un gesto de Fe del Pueblo Hebreo. La Iglesia siempre le ha considerado como ejemplo de entrega y servicio por la Antigua Alianza. Fallecido a la edad de 110 años, Josué fue enterrado en Timnat- Sera.
Hermanos:
El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. Pues, ¿quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Del mismo modo, lo íntimo de Dios lo conoce solo el Espíritu de Dios.
Pero nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo; es el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que de Dios recibimos.
Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu. Pues el hombre natural no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque solo se puede juzgar con el criterio del Espíritu. En cambio, el hombre espiritual lo juzga todo, mientras que él no está sujeto al juicio de nadie. «Quién ha conocido la mente del Señor para poder instruirlo?». Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.
Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz:
«¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús le increpó diciendo:
«¡Cállate y sal de él!».
Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.
Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí:
«¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen».
Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.
Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.
También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
¡Cuánto amo tu voluntad:
todo el día estoy meditando. R/.
Tu mandato me hace más sabio
que mis enemigos,
siempre me acompaña. R/.
Soy más docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos. R/.
Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus leyes. R/.
Aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra. R/.
No me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido. R/.
En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles:
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.
Y decían:
«¿No es este el hijo de José?».
Pero Jesús les dijo:
«Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».
Y añadió:
«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.
El Santo del día sintió la protección de Dios siempre y fue un servidor de lo que le pidió la Divina Providencia a través de la Madre del Cielo. Hoy, celebramos a San Ramón Nonato. Nacido a comienzos del siglo XIII, recibe el sobrenombre de Nonato porque le sacaron vivo del seno materno, mediante una operación similar a la cesárea, después de morir su madre.
Todos vieron que la Mano del Señor estaba con él. Desde pequeño tiene gran amor a la Virgen. Encargado de los bienes familiares, gracias a una profunda amistad con Pedro Nolasco, se plantea el sacerdocio. Más tarde la Virgen le pide su servicio en la Orden de la Merced.
La Señora Celestial le había pedido algo similar a Jaime I, el Conquistador, San Raimundo de Peñafort y al propio San Pedro Nolasco. Entonces ingresa en este carisma, ordenándose sacerdote. Pronto marcha a tierras de África a liberar a los cautivos, algo propio de los mercedarios.
Incluso logró la conversión de algunos sarracenos lo que le valió ser encarcelado y torturado por las autoridades hasta que el propio San Pedro Nolasco le rescató pagando una fuere suma de dinero por su liberación.
Nombrado Cardenal, cuando va a Roma, no llega ya que enferma y muere. Las reliquias de San Ramón Nonato son llevadas a la Iglesia de San Nicolás en Portell. Es el Patrón de las mujeres que van a dar a luz y de las matronas.
Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
has sido más fuerte que yo y me has podido.
He sido a diario el hazmerreír,
todo el mundo se burlaba de mí.
Cuando hablo, tengo que gritar,
proclamar violencia y destrucción.
La palabra del Señor me ha servido
de oprobio y desprecio a diario.
Pensé en olvidarme del asunto y dije:
«No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»;
pero había en mis entrañas como fuego,
algo ardiente encerrado en mis huesos.
Yo intentaba sofocarlo, y no podía
Oh, Dios, tú eres mi Dios,
por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.
Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R/.
Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual.
Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»
Hoy, Domingo XXII del Tiempo Ordinario, nos encontramos con el siguiente momento después de que Pedro confesase a Jesús como el Hijo de Dios Vivo. El Maestro les explica que debe ir a Jerusalén para morir y dar la vida, resucitando al tercer día. Ellos se atemorizan y Pedro intenta quitar de ese camino a su Maestro que termina llamándole Satanás por sus pensamientos.
Y por si no les queda claro les anima a cargar con la Cruz para ser sus discípulos. Incluso les recuerda que si no siguen el camino establecido de esa Cruz y los Mandamientos, no sirve de nada la vida de las personas. No hay ningún mérito y termina previniendo de que al final de los tiempos, Él vendrá entre sus ángeles para juzgar a todos los hombres y pagar a cada uno según su conducta.
Hoy celebramos a los Santos Félix y Adaucto. Su historia se remonta a diez años antes del Edicto de Milán. Félix es un sacerdote que anuncia la Buena Nueva. Un día es descubierto bajo la persecución de Diocleciano y es llevado al templo de los dioses romanos. Él se puso a condenar esos ídolos. Tal fue su confianza en Jesús que todos cayeron a tierra.
Por eso le condenaron a muerte. Camino del suplicio, un niño proclamó valientemente su condición de cristiano. Su nombre era anónimo y por eso le llamaron Adaucto que en griego significa “el que se añade”. Así fue también ajusticiado por eso. El martirio de los Santos Félix y Adaucto entra en el Devocionario de la antigüedad.
Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos
aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.
Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.
Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R/.
Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos. R/.
En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado.
El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
«Pídeme lo que quieras, que te lo daré».
Y le juró:
«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella salió a preguntarle a su madre:
«¿Qué le pido?».
La madre le contestó:
«La cabeza de Juan el Bautista».
Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.
En el final del mes de agosto nos acercamos a una jornada que completa la Solemnidad del 24 de junio. Hoy celebramos el Martirio de San Juan Bautista. El Evangelio nos cuenta cómo Herodes Antipas, se había desposado con Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Y Juan le recrimina al rey usurpar la mujer a su hermano.
Herodes encarcela al Bautista. En esa situación Herodías quiere quitar del medio al Precursor. Sin embargo choca con un obstáculo. El monarca no quiere hacerlo. Le escucha con gusto y le defiende. Y por si fuera poco tiene miedo de creencias supersticiosas que le impiden seguir lo que le pide su esposa actual.
Pero al final, se presenta la ocasión cuando es el cumpleaños del rey y la hija de Herodías de nombre Salomé danza gustando a todos. Antipas se queda rendido al baile y le promete darle con juramento aunque sea la mitad del reino. Instigado por su madre le pide la cabeza del Bautista.
Esto no le gusta a él, pero el fuerzan diciéndole que lo ha prometido y no puede volverse atrás. Así le decapita. El origen de esta festividad se centra en la construcción de la Iglesia del Precursor en Sebaste (Samaría).
Precisamente este día se cumple el aniversario de su Dedicación y, por eso, se fijó el 29 de agosto. Durante el siglo V se recoge en Francia y en el siglo VI llega hasta Roma para toda la cristiandad la celebración del Martirio de San Juan Bautista, Precursor del Señor.
Hermanos:
No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios.
Pues está escrito:
«Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces».
¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el docto? ¿Dónde está el sofista de este tiempo? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?
Y puesto que, en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para salvar a los que creen.
Pues los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados —judíos o griegos—, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.
El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre;
los proyectos de su corazón, de edad en edad. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
Señor, señor, ábrenos.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».
La Santa de ayer es la total alusión y eslabón del Santo de este día. Hoy celebramos a San Agustín de Hipona. Nacido en Tagaste (Norte de África) en el año 354, es hijo de Santa Mónica, cuya memoria celebrábamos ayer, y de un pagano converso de nombre Patricio. Durante su juventud se desvió de los caminos de la Fe en que le había instruido su madre.
El motivo es que se había trasladado a la ciudad para estudiar y formarse, pero coincidió con un clima totalmente pagano que le absorbió. Un día, en esa búsqueda de la Verdad que nunca dejó, se encontró con la doctrina maniquea.
Esta herejía provenía del clérigo persa Manes que distinguía entre un dios bueno y otro malo. Con el tiempo descubrió sus trampas y engaños lo que le llevó a una decepción. Todo esto introdujo a Agustín en un vacío, que terminó en su conversión, gracias a los ruegos de su propia madre. Su conversión y bautizo a manos de San Ambrosio de Milán fue en la Noche Santa de Pascua.
Elegido Obispo de Hipona, fue un pastor ejemplar que profundizó en el estudio de Platón. De esta forma combatió las herejías de su tiempo, siendo un baluarte de la Fe y la Tradición Cristiana. Entre sus muchos escritos filosóficos y teológicos, destaca La Ciudad de Dios y Las Confesiones. San Agustín muere en el año 430.
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