RSS - Audios de Ecclesia

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RSS - Audios de Ecclesia episodes

  • "El que pierda su vida por mí, la encontrará"

    Un día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa.

    Ella dijo a su marido: «Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí.»

    Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó.

    Dijo a su criado Guejazi: «¿Qué podríamos hacer por ella?»

    Guejazi comentó: «Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo.»

    Eliseo dijo: «Llámala.»

    La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.»

    Palabra de Dios

    Cantaré eternamente las misericordias del Señor,

    anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

    Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,

    más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

    Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:

    camina, oh Señor, a la luz de tu rostro;

    tu nombre es su gozo cada día,

    tu justicia es su orgullo. R/.

    Porque tú eres su honor y su fuerza,

    y con tu favor realzas nuestro poder.

    Porque el Señor es nuestro escudo,

    y el Santo de Israel nuestro rey. R/.

    Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. 

    Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

    Palabra de Dios

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

    Palabra del Señor

    3 min
  • San Ireneo de Lyón

    Nos encontramos en el Domingo XIII del Tiempo Ordinario que recoge en el Evangelio más momentos del Sermón de Jesús en la Montaña. Es el anuncio de abandonar aquello que nos hace egoístas desprendiéndonos a veces hasta de lo más necesario si hubiese que hacerlo. Lo más hermoso es saber ayudarnos unos a otros y saber querernos. 

    Da detalles que suena a algo muy sencillo pero eso nos hace grandes como es dar un vaso de agua a quien lo precise. Eso es motivo de recompensa porque lo importante son esos gestos que engrandecen por la humildad de la persona que lo lleva a cabo. Todos recibirán recompensa sin excepción y sin exclusión. 

    Hoy, también, celebramos a San Ireneo de Lyón. Su nacimiento se sitúa hacia el año 130 y siguió a San Policarpo, a su vez, discípulo del Apóstol San Juan. Ordenado sacerdote será enviado como Legado a Roma para suplicar al Papa que trate el tema de los montanistas, herejes que surgieron de la mano de Montano, un hombre de Frigia que se autoproclamó profeta. 

    Por entonces Ireneo fue obispo de Lyón, en un momento en el que el gnosticismo de Marción impactaba, señalando que el Dios del Antiguo Testamento es distinto del Dios Neotestamentario. El Obispo de Lyón lo refutó en su Tratado contra los herejes. San Ireneo de Lyón muere mártir en torno al año 200, destacando su frase “La gloria de Dios es que el hombre viva”.

    1 min
  • "Basta que lo digas de palabra, y quedará sano"

    El Señor destruyó sin compasión todas las moradas de Jacob, con su indignación demolió las plazas fuertes de Judá; derribó por tierra, deshonrados, al rey y a los príncipes. Los ancianos de Sión se sientan en el suelo silenciosos, se echan polvo en la cabeza y se visten de sayal; las doncellas de Jerusalén humillan hasta el suelo la cabeza. Se consumen en lágrimas mis ojos, de amargura mis entrañas; se derrama por tierra mi hiel, por la ruina de la capital de mi pueblo; muchachos y niños de pecho desfallecen por las calles de la ciudad. Preguntaban a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras desfallecían, como los heridos, por las calles de la ciudad, mientras expiraban en brazos de sus madres.

    ¿Quién se te iguala, quién se te asemeja, ciudad de Jerusalén? ¿A quién te compararé, para consolarte, Sión, la doncella? Inmensa como el mar es tu desgracia: ¿quién podrá curarte? Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas; y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte, sino que te anunciaban visiones falsas y seductoras.

    Grita con toda el alma al Señor, laméntate, Sión; derrama torrentes de lágrimas, de día y de noche; no te concedas reposo, no descansen tus ojos. Levántate y grita de noche, al relevo de la guardia; derrama como agua tu corazón en presencia del Señor; levanta hacia él las manos por la vida de tus niños, desfallecidos de hambre en las encrucijadas.

    Palabra de Dios

    ¿Por qué, oh Dios, nos tienes siempre abandonados,

    y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?

    Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,

    de la tribu que rescataste para posesión tuya,

    del monte Sión donde pusiste tu morada. R/.

    Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;

    el enemigo ha arrasado del todo el santuario.

    Rugían los agresores en medio de tu asamblea,

    levantaron sus propios estandartes. R/.

    En la entrada superior

    abatieron a hachazos el entramado;

    después, con martillos y mazas,

    destrozaron todas las esculturas.

    Prendieron fuego a tu santuario,

    derribaron y profanaron la morada de tu nombre. R/.

    Piensa en tu alianza: que los rincones del país

    están llenos de violencias.

    Que el humilde no se marche defraudado,

    que pobres y afligidos alaben tu nombre. R/.

    En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»

    Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»

    Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quién soy yo para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; a mi criado: «Haz esto», y lo hace.»

    Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

    Y al centurión le dijo: «Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.» Y en aquel momento se puso bueno el criado.

    Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.»

    Palabra del Señor

    3 min
  • La Virgen del Perpetuo Socorro

    En este sábado nos acercamos hasta una Advocación de Título Mariano. Coincide además con el día consagrado especialmente a Nuestra Madre. Hoy celebramos a Nuestra Señora la Virgen del Perpetuo Socorro. 

    La historia nos lleva al siglo XV. Un comerciante llevaba un cuadro de Ella con mucha devoción. 

    Es el primer dato que se tiene sin ningún tipo de antecedente. En el mar se desató una tempestad y corría el riesgo de perecer. Pero Nuestra Madre le salvó de morir en dicho temporal. 

    Una vez en tierras italianas ve a un amigo al que el muestra la Pintura y le asegura que en un futuro no muy lejano se daría culto a dicho Cuadro. Cuando muere se lo deja a ese amigo. Sin embargo la mujer se apropia del mismo y no lo quiere donar. 

    Un día María se aparece en sueños a su hija y le pide que su Imagen vaya a un Templo. Desde ese momento madre e hija se van a donarla. Y será en la Iglesia de San Mateo, en Roma, entre Santa María La Mayor y San Juan de Letrán. Tras el saqueo de Napoleón, un agustino la recoge para evitar su destrucción. 

    Por otro lado, los Redentoristas de San Alfonso María de Ligorio se hacen cargo del Cuadro al levantar un nuevo Templo en San Mateo. De esta manera entronizan el Cuadro para que se le dé el culto debido. Por este motivo el Papa Pío IX les encarga promover la devoción a la Virgen del Perpetuo Socorro.

    1 min
  • "Señor, si quieres, puedes limpiarme"

    El año noveno del reinado de Sedecías, el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército contra Jerusalén. Acampó contra ella y la cercaron con una empalizada. Y la ciudad estuvo sitiada hasta el año once del reinado de Sedecías.

    El mes cuarto, el día noveno del mes, cuando arreció el hambre dentro de la ciudad y no había pan para la gente del pueblo, abrieron una brecha en la ciudad; todos los hombres de guerra huyeron durante la noche por el camino de la puerta, entre las dos muros que están sobre el parque del rey, mientras los caldeos estaban apostados alrededor de la ciudad; y se fueron por el camino de la Arabá.

    Las tropas caldeas persiguieron al rey, dándole alcance en los llanos de Jericó. Entonces todo el ejercito se dispersó abandonándolo.

    Capturaron al rey Sedecías y se lo subieron a Riblá, adonde estaba el rey de Babilonia, y que lo sometió a juicio.

    Sus hijos fueron degollados a su vista, y a Sedecías le sacó los ojos. Luego lo encadenaron con doble cadena de bronce y lo condujeron a Babilonia.

    En el quinto mes, el día séptimo del mes, el año diecinueve de Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nabusardán, jefe de la guardia, servidor del rey de Babilonia, vino a Jerusalén. E incendió el templo del Señor y el palacio real y la totalidad de las casas de Jerusalén.

    Todas las tropas caldeas que estaban con el jefe de la guardia demolieron las murallas que rodeaban a Jerusalén.

    En cuanto al resto del pueblo que quedaba en la ciudad, los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de la gente, los deportó Nabuzardán, jefe de la guardia.

    El jefe de la guardia dejó algunos de los pobres del país para viñadores y labradores.

    Junto a los canales de Babilonia

    nos sentamos a llorar

    con nostalgia de Sión;

    en los sauces de sus orillas

    colgábamos nuestras cítaras. R/.

    Allí los que nos deportaron

    nos invitaban a cantar;

    nuestros opresores, a divertirlos:

    «Cantadnos un cantar de Sión». R/.

    ¡Cómo cantar un cántico del Señor

    en tierra extranjera!

    Si me olvido de ti, Jerusalén,

    que se me paralice la mano derecha. R/.

    Que se me pegue la lengua al paladar

    si no me acuerdo de ti,

    si no pongo a Jerusalén

    en la cumbre de mis alegrías. R/.

    Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.

    En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo:

    «Señor, si quieres, puedes limpiarme».

    Extendió la mano y lo tocó, diciendo:

    «Quiero, queda limpio».

    Y en seguida quedó limpio de la lepra.

    Jesús le dijo:

    «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

    3 min
  • San Josemaría Escrivá de Balaguer

    Nos centramos en un hombre que alcanzó la Santidad desde el trabajo que realizaba cada día, ofreciéndole a Dios. Hoy celebramos a San Josemaría Escrivá de Balaguer. Nació en Barbastro (Huesca) en el año 1902 en un hogar muy religioso. 

    Sus padres son comerciantes de textil. Con este oficio el padre lograba mantener a todo el hogar. Surgen otras dificultades como la pérdida de algunos hermanos y la ruina del negocio familiar. Entonces tuvieron que emigrar a Logroño. 

    En ese lugar encontraron posibilidad de llevar el pan a casa porque encontraron un trabajo de dependiente comercial para el padre. Josemaría, por su parte, estudió la carrera eclesiástica entre Zaragoza y Calahorra. 

    En el año 1925 se ordena sacerdote y algún año después marcha a Madrid para doctorarse en Derecho Canónico. A lo largo de este periodo funda un nuevo camino de santificación: el Opus Dei. Su carisma se basa en la santificación en el trabajo cotidiano, mostrando que cualquier oficio o profesión son una manera de llegar a la santidad de los hijos de Dios.

    En el año 1946 fija su residencia en Roma. Asistió como oyente del Concilio Vaticano II que se celebró en la Iglesia entre las años 1962 y 1965. San Josemaría Escrivá muere en el año 1975. El Opus Dei, se consolidó en España y se extendió después por toda Europa, América, África y Asia.

    1 min
  • Santo Domingo de Henares

    El Santo del día siempre fue humilde. Así se consagró a Dios y derramó la sangre por Él. Hoy celebramos a Santo Domingo de Henares. Nació en Baena, Córdoba, en el año 1765, su familia tuvo que trasladarse a Granada porque eran muy pobres y necesitaban trabajo. 

    El joven era profundo y dado al estudio. Esto hizo que su familia le mandase a la Universidad granadina. Sabían que no sería en balde. Otro factor más importante le llamaba por dentro: la tarea espiritual e intelectual de los dominicos, fundados por Santo Domingo de Guzmán. 

    Sobre todo, le admiraban sus tareas misioneras en América y Asia. Ya las escuchaba muchas veces en forma de historias, lo que le cautivó para acercarse cada vez más a la Orden Dominicana. Tras ingresar en ellos siguió estudiando. 

    Ordenado sacerdote marchó a Filipinas, haciendo escala en México lo que supuso un largo viaje. Allí en las tierras filipinas tuvo gran prestigio y fue designado obispo. Los mandarines descubrían en él a un hombre de lleno de Dios por su vida de Santidad y humildad. 

    Cuando parece que iba a destacar en el tema de los estudios, pidió ser destinado a Vietnam. La tarea pastoral que realizó fue muy fructífera. Pero un sector rebelde le detuvo. Santo Domingo de Henares muere decapitado en el año 1838.

    1 min
  • "Edificó su casa sobre roca"

    Dieciocho años tenía Joaquín cuando inició su reinado y reinó tres meses en Jerusalén.

    El nombre de su madre era Nejustá, hija de Elnatán, de Jerusalén.

    Hizo el mal a los ojos del Señor exactamente lo mismo que había hecho su padre.

    En aquel tiempo las gentes de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la ciudad fue asediada. Vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a la ciudad, mientras sus servidores la estaban asediando.

    Entonces Joaquín, rey de Judá, se rindió al rey de Babilonia, que hizo prisioneros a él, a su madre, a sus servidores, a sus jefes y eunucos.

    Era el año octavo de su reinado.

    Luego se llevó de allí todos los tesoros del templo del Señor y los del palacio real y deshizo todos los objetos de oro que había fabricado Salomón, rey de Israel, para el santuario del Señor, según la palabra del Señor.

    Deportó a todo Jerusalén, todos los jefes y notables —diez mil deportados—; a todos los herreros y cerrajeros, no dejando más que a la gente pobre del país.

    Deportó a Babilonia a Joaquín, a la madre del rey y a las mujeres del rey, a sus eunucos y a los notables del país; los hizo partir al destierro, de Jerusalén a Babilonia.

    También llevó deportados a Babilonia a todos los hombres pudientes en número de siete mil; los herreros y cerrajeros, un millar; así como a todos los aptos para la guerra.

    Y, en lugar de Joaquín, puso por rey a su tío Matanías, cambiando su nombre por el de Sedecías.

    Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,

    han profanado tu santo templo,

    han reducido Jerusalén a ruinas.

    Echaron los cadáveres de tus siervos

    en pasto a las aves del cielo,

    y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra. R/.

    Derramaron su sangre como agua

    en torno a Jerusalén,

    y nadie la enterraba.

    Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,

    la irrisión y la burla de los que nos rodean.

    ¿Hasta cuándo, Señor?

    ¿Vas a estar siempre enojado?

    ¿Arderá como fuego tu cólera? R/.

    No recuerdes contra nosotros las culpas

    de nuestros padres;

    que tu compasión nos alcance pronto,

    pues estamos agotados. R/.

    Socórrenos, Dios, Salvador nuestro,

    por el honor de tu nombre;

    líbranos y perdona nuestros pecados

    a causa de tu nombre. R/.

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

    «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

    Aquel día muchos dirán:

    “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?”.

    Entonces yo les declararé:

    “Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad”.

    El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

    El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

    Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como sus escribas.

    3 min
  • La Natividad de San Juan Bautista

    En este Tiempo Ordinario nos adentramos en los Prolegómenos de la Llega del mesías redentor. Hoy celebramos la Natividad de San Juan Bautista, Precursor del Señor. Después de la Virgen, es el único del que se celebra su Nacimiento. Y es que, en La Visitación de la Virgen, queda santificado por la Presencia de Jesús en el Seno de María. 

    Lo dice San Lucas en el Evangelio, cuando señala que en cuanto Isabel oyó el saludo de María la criatura saltó de alegría en su vientre. La Tradición de la Iglesia así lo ha defendido. Juan, hijo de Zacarías e Isabel, nace en Aim Karim, en la montaña de Judá. 

    Sus padres eran ancianos y sin hijos. Pero un día que Zacarías, sacerdote de la Antigua Alianza, hacía la ofrenda, Gabriel le anuncia que concebirá su mujer. Él no lo cree y queda mudo hasta el Nacimiento. Cuando sale del Atrio no puede hablar y todos entienden que ha tenido una Visión del Cielo. Su mujer concibe y a los nueve meses nace el Bautista. 

    Al circuncidarle quieren ponerle Zacarías también, pero la madre interviene destacando que se llamará Juan. Extrañados le preguntan al padre por señas. Él escribe en una tablilla dicho nombre, y recobra el habla. 

    Entonces entona el Benedictus, Canto que ensalza Dios que ha visitado y redimido a su Pueblo al tiempo que recuerda a su hijo recién nacido que será Profeta del Altísimo y preparará sus Caminos. La Iglesia fija en el siglo IV la Fiesta el 24 de junio, seis meses antes de Navidad, tal y como señalan los Evangelios el tiempo entre Juan Bautista y el Mesías.

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  • "Juan es su nombre"

    Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:

    El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre.

    Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo:

    «Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».

    Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas».

    En realidad el Señor, defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios.

    Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios.

    Y mi Dios era mi fuerza:

    «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.

    Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

    Señor, tú me sondeas y me conoces.

    Me conoces cuando me siento o me levanto,

    de lejos penetras mis pensamientos;

    distingues mi camino y mi descanso,

    todas mis sendas te son familiares. R/.

    Tú has creado mis entrañas,

    me has tejido en el seno materno.

    Te doy gracias porque me has plasmado portentosamente,

    porque son admirables tus obras. R/.

    Mi alma lo reconoce agradecida,

    no desconocías mis huesos.

    Cuando, en lo oculto, me iba formando,

    y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R/.

    En aquellos días, dijo Pablo:

    «Dios suscitó como rey a David, en favor del cual dio testimonio, diciendo: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos”.

    Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegará Jesús; y, cuando Juan estaba para concluir el curso de su vida decía:”Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”.

    Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a vosotros se nos ha enviado esta palabra de salvación».

    A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.

    A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo:

    «¡No! Se va a llamar Juan».

    Y le dijeron:

    «Ninguno de tus parientes se llama así».

    Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre» Y todos se quedaron maravillados.

    Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

    Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo:

    «Pues ¿qué será este niño?».

    Porque la mano del Señor estaba con él.

    El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel.

    3 min

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