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Nos acercamos en el Santoral de este día a un grupo de religiosas que dieron su vida hasta derramar la sangre en tierras de misión. Hoy celebramos a Santa María Herminia y sus compañeras mártires, religiosas Franciscanas Misioneras de María.
Nacida en Francia en 1866, se llamó de pila Irma Grivot. Siempre tuvo un gran espíritu de oración. Esta vivencia interior lo compaginaba con su conocimiento de la realidad de los trabajos en el hogar y en las realidades existentes entonces. No en vano su hogar se ganaba el sustento como unos humildes trabajadores.
En 1894 ingresa en las Franciscanas Misioneras de María. Tuvo que esperar algún tiempo porque su padre se oponía. Ella lo vio como una forma de marcarle el camino Dios y en este momento en que ingresa lo percibe como el tiempo designado para que ella se consagrase en ese carisma.
El año 1898 será clave en su trayectoria. María Herminia será la candidata idónea para ir a misiones, en China. Allí asistieron a los más necesitados. En 1900, durante la Rebelión de la tribu de los Bóxers, hubo una brutal persecución contra los cristianos.
Muchos de los servidores de Dios se escondieron para evitar problemas. Ellas, sin embargo, se quedaron sin moverse de allí cuidando a los niños más huérfanos y rezaron mucho para ser fuertes. Y cuando fueron descubiertas, les arrestaron y condenaron a muerte. Santa Herminia y sus compañeras mártires fueron decapitadas el año 1900.
Esto dice el Señor:
«Han constituido reyes en Israel, sin contar conmigo, autoridades, y yo no sabía nada
Con su plata y con su oro se hicieron ídolos para establecer pactos.
¡Tu becerro te ha rechazado, Samaria!
Mi ira se inflamó contra ellos.
¿Hasta cuándo serán culpables de la suerte de Israel?
¡Un artesano lo ha hecho, pero no es un Dios!
Sí, terminará hecho pedazos, el becerro de Samaría.
Puesto que siembran viento, cosecharán tempestades; “espiga sin brote no produce harina”.
Tal vez la produzca, pero la devorarán extranjeros.
Efraín multiplicó los altares de pecado, y fueron para él altares de pecado.
Para él escribo todos mis preceptos, son considerados cosa de otros.
¡Sacrificios de carne asada!
Sacrificaron la carne y se la comieron.
El Señor no los acepta.
Tiene presente su perversión y castiga sus pecados: Deberán retornar a Egipto».
Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas. R/.
Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen. R/.
Tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan.
Que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos. R/.
Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo. R/.
En aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada:
«Nunca se ha visto en Israel cosa igual».
En cambio, los fariseos decían:
«Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
La popularidad del Santo de este día, nos hace adentrarnos en los pocos detalles que tenemos de sus comienzos Hoy celebramos a San Fermín. Entre los datos sobre su vida, destaca el nacimiento en un ambiente pagano. Hijo de familia romana, su padre, Firmo, era un alto funcionario administrativo, mientras su madre, Eugenia, era una matrona de ascendencia ilustre.
En ese paganismo dan culto a dioses de la Naturaleza con una creencia cósmica. Y en ese ambiente es donde la Divina Providencia iba a actuar. Casualmente conocen a un sacerdote que les instruye en la Fe con sencillez, enviado por el Obispo Saturnino desde Las Galias. Los tres reciben el Bautismo y se convierten a la Fe Cristiana.
La vida entregada le hace reflexionar al Santo sobre una posible llamada del Señor al Sacerdocio. Posteriormente Fermín será ordenado sacerdote y, más tarde, Obispo de Pamplona. Allí será un celoso Pastor de las almas.
Además de estas tierras, predicó en algunas zonas de Francia. Por ejemplo Amiens o Anjou. Desde el principio todos se sienten atraídos por las dotes de oratoria del nuevo Prelado. Durante su recorrido, sería detenido.
Sin embargo las simpatías de su persona hacen que las propias autoridades decreten su liberación. Al no obedecer las normativas imperiales, es detenido de nuevo, muriendo decapitado en el año 303. San Fermín es Patrono de Navarra junto con San Francisco Javier.
Esto dice el Señor:
«Yo la persuado, la llevo al desierto, le hablo al corazón.
Allí responderá como en los días de su juventud, como el día de su salida de Egipto.
Aquel día - oráculo del Señor -, me llamarás “esposo mío”, y ya no me llamarás “mi amo”.
Me desposaré contigo para siempre, me desposaré contigo en justicia y en derecho, en misericordia y en ternura, me desposaré contigo en fidelidad y conocerás al Señor».
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R/.
Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas. R/.
Encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias. R/.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo:
«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría.
Jesús se volvió y al verla le dijo:
«¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado».
Y en aquel momento quedó curada la mujer.
Jesús Llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:
«¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida».
Se reían de él.
Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano y ella se levantó.
La noticia se divulgó por toda aquella comarca.
La sencillez y la pequeñez hacen grande la limpieza de corazón de la Santa de este día a los Ojos de Dios. Hoy celebramos a Santa María Goretti. Nacida en Corinaldo (Italia), en 1890, procede de familia humilde. Su sentido de Fe es tan grande que, al día siguiente de nacer, la niña es bautizada y consagrada a la Virgen.
Y a medida que va creciendo, profundiza en un Amor a Jesús. Escasea el trabajo y ellos tienen que marchar a trabajar al servicio de los Condes de Mazzoleni. También allí viven su amor a Dios que les ha otorgado ganarse el pan y salir adelante de esa manera.
En ese lugar coinciden con la familia Senerelli, jornaleros como ellos en la casa de los nobles. En el transcurso de su estancia muere el padre y la madre asume las tareas del campo, mientras María en plena adolescencia se encuentra dispuesta para educar a sus hermanos.
En ese transcurso llega la prueba decisiva para la niña. Y es que Alejandro, el hijo de los Senerelli, llevado por sentimientos mundanos y hedonistas trata de atentar contra su integridad. María puesta en esa situación prefiere morir antes que pecar, siendo apuñalada por su agresor varias veces hasta dejarla terriblemente herida de muerte.
María Goretti muere en 1902 exclamando: “Le perdono y quiero que esté conmigo en el Cielo”. El joven Alejandro tras cumplir pena en al cárcel, sale arrepentido, pide perdón a la madre que le dice: “Si mi hija lo hizo, yo también”. Así termina su vida como lego penitente en un Convento Capuchino.
Esto dice el Señor:
«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, Jerusalén!
Mira que viene tu rey,
justo y triunfador,
pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.
Suprimirá los carros de Efraín
y los caballos de Jerusalén;
romperá el arco guerrero
y proclamará la paz a los pueblos. Su dominio irá de mar a mar,
desde el Río hasta los extremos del país».
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.
Hermanos:
Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Estamos en el XIV Domingo del Tiempo Ordinario. El Sermón de la Montaña que seguimos cada semana nos lleva en el Evangelio a contemplar a Jesús que alaba a los humildes como los que reciben la Buena Nueva de Dios, mientras que los soberbios y los que se creen auto-suficientes no lo pueden conocer.
Sólo se acercan a Dios y su Misterio de Amor los pequeños con un corazón sencillo que acoge. Es una invitación a acercarse a Cristo los que se sienten cansados, hartos y superados por las situaciones vividas.
También celebramos a un sencillo de corazón: San Antonio María Zacarías. Nace en Cremona, la zona más septentrional de Italia, en el año 1502. Cuando su padre muere, la madre, en lugar de contraer matrimonio nuevamente, prefiere comprometerse en la educación de su hijo.
El Amor a Cristo Eucaristía y la tierna devoción a la Virgen, fueron las claves de su espíritu de pureza y de su sentido de la pobreza. Pronto inicia los estudios de medicina, pero, a medida que con el tiempo, siente la llamada de Dios a curar a las almas, surgen dentro de su interior, grandes deseos de ser sacerdote.
En Milán fundó los Clérigos de la Congregación de San Pablo, aprobados por el Papa Clemente VII. Y es que su vida interior siempre estuvo marcada por la situación del Apóstol de los Gentiles. De ahí surgen sus grandes ratos de Oración ante Cristo Eucaristía, que le conforta y llena en su trayectoria. San Antonio María Zacarías muere en el año 1589.
La mujer del Santoral en este día siempre ha dejado un gran testimonio de Fe y amor para las generaciones venideras en la Iglesia y en el mundo. Hoy celebramos a Santa Isabel de Portugal. Nacida en 1270, en Zaragoza, a la hija de Pedro III de Aragón y nieta de Jaime I el Conquistador, le pusieron Isabel por su abuela Santa Isabel de Hungría.
Desde muy temprana edad mostró una gran vida de piedad. Había aprendido a rezar profundizando en los Pasajes de la Sagrada Escritura. Siempre mostraba una gran confianza en el Señor. Se le notaba algo distinto a los niños de su tiempo.
Aquellos estaban entretenidos en sus juegos y asuntos materiales, pero ella se centraba en cómo ayudar a los necesitados. Casada en plena adolescencia con Dionisio, rey de Portugal, su matrimonio fue problemático. Muchos fueron los albergues y hospitales que llevó a cabo, en medio de un hogar dividido.
Su marido no le prohibía su Fe, pero mostraba su malestar con sus obras de misericordia. En una ocasión ella lleva comida en el delantal para los necesitados. Su cónyuge le intercepta para saber lo que lleva. La esposa le asegura que son flores y cuando abre el delantal caen rosas recién cortadas. Al final su esposo se convierte, gracias a las Oraciones de la Santa.
Tras enviudar se consagró más plenamente a los necesitados. Al enterarse de la contienda entre su hijo Alfonso y su nieto, el monarca de Castilla emprendió un viaje, pero su vejez le hace retirarse a un Convento de Clarisas. Santa Isabel de Portugal muere en 1336.
Esto dice el Señor:
«Aquel día, levantaré la cabaña caída de David, repararé sus brechas, restauraré sus ruinas y la reconstruiré como antaño, para que posean el resto de Edón y todas las naciones sobre las cuales fue invocado mi nombre - oráculo del Señor que hace todo esto -.
Vienen días - oráculo del Señor - cuando se encontrarán el que ara con el que siega, y el que pisa la uva con quien esparce la semilla; las montañas destilarán mosto y las colinas se derretirán.
Repatriaré a los desterrados de mi pueblo de Israel; ellos reconstruirán ciudades derruidas y las habitarán, plantarán viñas y beberán su vino, cultivarán huertos y comerán sus frutos. Yo los plantaré en su tierra, que yo les había dado, y ya no serán arrancados de ella - dice el Señor, tu Dios -».
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón». R/.
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.
El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino. R/.
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos?
Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».
Hermanos:
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.
Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.
R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos. R/.
Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. R/.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
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