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Los reyes que fueron reconocidos Santos a lo largo de la historia mostraron una confianza grande en el Señor al que sirvieron en el prójimo. Hoy celebramos a San Enrique. Baviera en Alemania, verá nacer a este descendiente de Otón el Grande y Carlomagno el año 973, en el castillo familiar junto al Danubio.
Su juventud se ve impregnada de una fuerte educación espiritual y humana, por su cercanía a los benedictinos de Hildesheim. Culmina su formación con el Obispo de Regensburg, San Wolfang. En el 995, sucede a su padre como Gobernador de Baviera, hasta que es monarca de Germania.
Siempre estuvo preocupado por el bienestar del pueblo. Su reinado no estuvo exento de conflictos. Él siempre se mantuvo ajeno a conflictos sangrientos, y si alguna vez le afectaba, trataba de resolver por la vía pacífica los problemas.
Benedicto VIII le proclama rey del Sacro Imperio Germánico. Casado con Santa Cunegunda, trabaja con el Abad de Cluny en bien de la Iglesia. Con su esposa viven ambos la caridad con los más necesitados.
Retirado al Monasterio de Vanne, el Abad Ricardo le ordena volver al trono, pero San Enrique muere el año 1024. Muchas personas se dieron cuenta en ese momento de que se traba de una persona buena y llena de Dios. En la mente de todos apareció la noción de un Gobernante lleno de generosidad.
Esto dice el Señor:
«Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,
y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
para que dé semilla al sembrador
y pan al que come,
así será mi palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía,
sino que cumplirá mi deseo
y llevará a cabo mi encargo».
Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales. R/.
Así preparas la tierra.
Riegas los surcos,
igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes. R/.
Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría. R/.
Las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan. R/.
Hermanos:
Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto.
Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.
El que tenga oídos, que oiga».
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
«Por qué les hablas en parábolas?».
Él les contestó:
«A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:
“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver;
porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos;
para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón,
ni convertirse para que yo los cure”.
Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador:
si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril.
Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».
Hoy, Domingo XV del Tiempo Ordinario, el Señor cuenta una Parábola en un ambiente muy entrañable para los que el escuchan. Aprovechando los tiempos de siembra y siega propios de tierras dedicadas las labores del campo, resulta muy apropiado contar la realidad del sembrador que muy de madrugada sale a sembrar.
De la simiente que echa, una parte cae al borde del camino y es pasto de los pájaros. No falta la que cae en terreno pedregoso que como no tiene raíces se seca al salir el sol. Otra parte cae entre zarzas pero en cuanto crecen el ahogan.
Otra parte cayó en tierra buena y dio mucho fruto según su capacidad. La realidad y el trasfondo sobre lo que significa se lo explica a sus discípulos en privado. Y mucho fruto dio San Clemente- Ignacio Delgado que recordamos hoy. Nace en Villafeliche, en Zaragoza, en el año 1762.
Su profundo amor a Dios le hace sentir la llamada del Señor para que le sirviese en la Orden de Predicadores, los Dominicos. Desde muy joven ingresó en este carisma y se preparó para su vocación misionera desde la espiritualidad de Santo Domingo de Guzmán a la que pertenecía. Una vez ordenado sacerdote quiere predicar el Evangelio hasta los lugares más recónditos.
Por eso es enviado a Vietnam. Ahí se acerca con bastante frutos a las comunidades hasta que es nombrado obispo de Tonkín Oriental. La persecución de las autoridades a la Fe Cristiana es cada día más. Entre los arrestados se encuentra nuestro Santo Obispo que será condenado a muerte. San Clemente-Ignacio Delgado muere decapitado en el año 1838.
Hijo mío, si aceptas mis palabras,
si quieres conservar mis consejos,
si prestas oído a la sabiduría
y abres tu mente a la prudencia;
si haces venir a la inteligencia
y llamas junto a ti a la prudencia;
si la procuras igual que el dinero
y la buscas lo mismo que un tesoro,
comprenderás lo que es temer al Señor
y alcanzarás el conocimiento de Dios.
Porque el Señor concede sabiduría,
de su boca brotan saber e inteligencia;
atesora acierto para el hombre recto,
es escudo para el de conducta intachable;
custodia la senda del honrado,
guarda el camino de sus fieles.
Entonces podrás comprender
justicia, derecho y rectitud,
el camino que lleva a la felicidad.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.
El ángel del Señor acampa en torno
a quienes lo temen y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R/.
En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús:
«Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna».
Dios se sirve del hombre de este día para sembrar la simiente de la Vida Contemplativa en Occidente. Hoy celebramos a San Benito. Nacido en Nursia el año 480, su familia es acomodada y le da las mejores opciones en su educación. Pasa toda su infancia en Roma.
Una de sus mayores desilusiones es ver la relajación de costumbres en la Ciudad Eterna. Esto le hace ser más desprendido. Allí empezará a pensar en una experiencia de retiro al más puro estilo de los anacoretas y ermitaños para vivir en la más absoluta pobreza. Su ejemplo cunde.
Con el tiempo se le van juntando un grupo de compañeros, cuyo objetivo será participar de ese espíritu de silencio y entrega total a Dios. Así irá fundando diversos conventos en Monte Subiaco. La idea consistía en estar unidos en la oración, el estudio y un trabajo compartido.
Posteriormente fundaría el emblemático Monasterio de Montecasino. Ahí pasó el resto de sus días. De su legado queda la Regla Monástica que escribió para la formación y perfección espiritual, que se consolida desde el “Ora et Labora” -”Reza y trabaja”-.
Era un hombre que infundía paz. San Benito muere en el año 543 y es Co-Patrón de Europa. Es el Fundador y Protector de los Monasterios de Occidente. Muchos son los que llevan la Medalla de este Santo que supone un compromiso para alejarse del mal y hacer el bien.
Nos encontramos con un hombre prudente y sencillo que sabe conducirse por los caminos de la Fe y de la vida. Hoy celebramos a San Cristóbal, que vive en torno al siglo III. Su nombre originario es Relicto y, hasta tiempo después no se convierte porque vive instalado en el paganismo.
De origen cananeo, es robusto y fuerte, y quiere servir al señor más poderoso. Buscando se encuentra con un hechicero que le habla del poder oscuro. En un gesto de máxima necedad, sirve al príncipe de las tinieblas, hasta que descubre su temor a Jesús Crucificado. Y es que un día el maligno cuando va con él ve una señal de la Cruz y se asusta.
Esto le impulsa a cambiar de vida. Tras convertirse ayuda a cruzar un río a los viajeros que no tenían posibilidades. Un día escuchará el llanto de un Niño Pequeño. Entendiendo que necesitaba ayuda le lleva hasta la otra orilla.
En su pensamiento siente que un pequeño como el que ve en muy poco tiempo le habrá llevado al otros lado. Pero en el trayecto se debilita. “Parece –dice dirigiéndose al Pequeño- como si llevase el mundo encima”.
A lo que el Infante le responde: “Y no sólo al mundo, sino a su propio Autor”. Descubriendo en Él al Niño Jesús, se bautiza, llamándose Cristóbal (En griego “Portador de Dios”). San Cristóbal muere mártir. Es el Patrón de los conductores y los caminantes, junto al Arcángel San Rafael. Por eso este día se hace Procesión de Vehículos llevando al Santo.
Esto dice el Señor:
«Vuelve, Israel, el Señor tu Dios, porque tropezaste por tu falta.
Tomad vuestras promesas con vosotros y volved al Señor.
Decidle: «Tú quitas toda falta, acepta el pacto. Pagaremos con nuestra confesión: Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no llamaremos ya “nuestro Dios” a la obra de nuestras manos. En ti el huérfano encuentra compasión».
«Curaré su deslealtad, los amaré generosamente, porque mi ira se apartó de ellos. Seré para Israel como el rocío, florecerá como el lirio, echará sus raíces como los cedros del Líbano.
Brotarán sus retoños y será su esplendor como el olivo y su perfume como el del Líbano.
Regresarán los que habitaban a su sombra, revivirán como el trigo, florecerán como la viña, será su renombre como el del vino del Líbano.
Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos? Yo soy quien le responde y lo vigila. Yo voy como un abeto siempre verde, de mí procede tu fruto».
¿Quién será sabio para comprender estas cosas, inteligente, para conocerlas?
Porque los caminos del Señor son rectos: los justos los transitan, pero los traidores tropiezan en ellos.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve. R/.
Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.
Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán.
Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.
En verdad os digo que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre».
Las misiones son el fuerte de tantos Santos que se han desgastado hasta dar la vida con el derramamiento de su sangre si era preciso. Hoy precisamente conmemoramos a San Juan de Colonia. Su historia se desarrolla en el siglo XVI y es de origen alemán. Una vida que estaba hecha para Dios con ese corazón ardiente de servir a Cristo.
Su vocación queda marcada en la Orden de Predicadores, en los Dominicos, en los que ingresa. Por entonces, llegan tristes noticias de conflictos en Holanda. El tema era la Reforma Protestante que había supuesto guerras de religión y conflicto hasta llegar a la muerte entre protestantes, calvinistas y católicos.
De hecho el calvinismo imponía mando entre los demás cristianos decretando el exterminio de quienes no practicasen su creencia. Admirado por esa realidad, el Santo Religioso Dominico cree que su puesto está allí. Que la Divina Providencia le quiere poner como fermento en la masa. Juan de Colonia es arrestado con otro grupo de compañeros y van a la cárcel.
Un día llega una normativa oficial pidiendo respeto para los sacerdotes y religiosos, pero no hacen caso y siguen adelante con su afán de eliminar a los que creen contrincantes católicos. Juan de Colonia, junto a otros diecinueve compañeros -entre los cuales hay laicos-, son ahorcados muriendo por el Señor Jesús.
Esto dice el Señor:
«Cuando Israel era joven lo amé
y de Egipto llamé a mi hijo.
Cuanto más los llamaba,
más se alejaban de mí:
sacrificaban a los baales,
ofrecían incienso a los ídolos.
Pero era yo quien había criado a Efraín,
tomándolo en mis brazos;
y no reconocieron que yo los cuidaba.
Con lazos humanos los atraje,
con vínculos de amor.
Fui para ellos como quien alza
un niño hasta sus mejillas.
Me incliné hacia él
para darle de comer.
Mi corazón está perturbado,
se conmueven mis entrañas.
No actuaré en el ardor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraín,
porque yo soy Dios,
y no hombre;
santo en medio de vosotros,
y no me dejo llevar por la ira».
Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece,
despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.
Gratis habéis recibido, dad gratis.
No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
Si alguno no os recibe o no escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies.
En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra, que a aquella ciudad».
Una viña arrasada es Israel, el fruto es como ella.
Por la abundancia de sus frutos, multiplicó sus altares.
Cuanto más rica era su tierra, más adornaban sus estelas.
Su corazón es inconstante, así pues pagarán.
Él mismo hará pedazos sus altares, demolerá sus estelas.
Entonces dirán: «no tenemos rey, porque no tuvimos temor del Señor..., y el rey ¿qué haría por nosotros?».
Ha desaparecido el rey de Samaria, como una rama de la superficie del agua.
Serán destruidos los altozanos de los Iniquidad, ¡pecado de Israel!
Espino y maleza crecerán sobre sus altares.
Dirán a las montañas: «Cubridnos», y a las colinas: «Caed sobre nosotros».
Sembrad con justicia, recoged con amor.
Poned al trabajo un terreno virgen. Es tiempo de consultar al Señor, hasta que venga y haga llover sobre vosotros la justicia.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas,
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R/.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.
En aquel tiempo, Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos».
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