
Sign up to save your podcasts
Or


¡Ay de los que traman el crimen y planean pérfidas acciones en sus camas.
En cuento apunta el día las ejecutan, porque tienen el poder!
Desean campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al cabeza de familia y a los suyos, explotan al ciudadano y sus bienes.
Por tanto. esto dice el Señor:
«Yo también tramo contra estas gentes un mal del que no podréis apartar el cuello y no andaréis con la cabeza alta, pues serán malos tiempos aquellos.
Aquel día os dedicarán una sátira, se cantará una elegía que diga:
"Estamos totalmente perdidos, pues se reparte el lote de mi pueblo; ¿cómo se volverá hacia mí para restituir nuestros campos que ahora está repartiendo?”.
Por ellos, no tendrás quien te eche a suertes un lote en la asamblea del Señor».
¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del aprieto?
En su soberbia el impío oprime al infeliz
y lo enreda en las intrigas que ha tramado. R/.
El malvado se gloría de su ambición,
el codicioso blasfema y desprecia al Señor.
El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me pida cuentas». R/.
Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de fraudes;
su lengua encubre maldad y opresión;
en el zaguán se sienta al acecho
para matar a escondidas al inocente. R/.
Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en tus manos.
A ti se encomienda el pobre,
tú socorres al huérfano. R/.
En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús.
Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron.
Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran.
Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles.
La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; en su nombre esperarán las naciones».
El grupo de personas que dieron la vida y que engrosan el Martirologio y el Santoral de este día, fueron fermento en medio de la masa. Hoy celebramos a Santa Teresa de San Agustín. Nace en Francia en 1752. Su realidad no era nada fácil porque nació en el siglo XVIII. Era el momento en el que se fraguaba la Revolución Francesa.
Sin embargo su amor por Cristo era más fuerte que el miedo. Su familia era humilde y ella había podido ser educada en la Fe en medio de ese clima que perseguía cualquier creencia. Prueba de ello es que desde muy joven ingresó en las religiosas carmelitas, desafiando cualquier miedo a morir cruentamente.
La Contemplación siguiendo los pasos de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, entre otras figuras del Carmelo le abrieron el corazón a Dios totalmente, siendo elegida Superiora. Toda la Comunidad repara en su sentido profundo y espiritual. Siempre que había dificultades entre las monjas, ella ponía paz en la medida de sus posibilidades.
Por entonces se suprimió y prohibió el culto público en las Iglesias. Un día llegó la obligación de que abandonasen sus votos los religiosos, para proceder a sus exclaustración y secularización total de la sociedad francesa. Como ella no lo acepta es arrestada junto con sus hermanas. Santa Teresa de San Agustín y sus religiosas de Convento mueren mártires en el año 1794.
En aquellos días, el rey Ezequías enfermó mortalmente. El profeta Isaías, hijo de Amós, vino a decirle:
«Esto dice el Señor: “Pon orden en tu casa, porque vas a morir y no vivirás ».
Ezequías volvió la cara a la pared y oró al Señor:
«¡Ah, Señor!, recuerda que he caminado ante ti con sinceridad y corazón íntegro; que he hecho lo que era recto a tus ojos».
Y el rey se deshizo en lágrimas.
Le llegó a Isaías una palabra del Señor en estos términos:
«Ve y di a Ezequías: “Esto dice el Señor, el Dios de tu padre David: He escuchado tu plegaria y visto tus lágrimas. Añadiré otros quince años a tu vida y te libraré, a ti y a esta ciudad, de la mano del rey de Asiria y extenderé mi protección sobre esta ciudad”».
Isaías dijo:
«Que traigan un emplasto de higos y lo apliquen a la haga para que se cure».
Ezequías dijo:
«¿Cuál es la prueba de que podré subir a la casa del Señor?».
Respondió Isaías:
«La señal que el Señor te envía de que cumplirá lo prometido será esta: Haré retroceder diez gradas la sombra en la escalera de Ajaz, que se había alargado por efecto del sol».
Y el sol retrocedió las diez gradas que había avanzado sobre la escalera.
Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
me privan del resto de mis años». R/.
Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo». R/.
Levantan y enrollan mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor, devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama. R/.
¡Señor, en ti espera mi corazón!,
que se reanime mi espíritu.
Me has curado, me has hecho revivir. R/.
En aquel tiempo, atravesó Jesús en sábado un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas.
Los fariseos, al verlo, le dijeron:
«Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado».
Les replicó:
«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes de la proposición, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino solo a los sacerdotes.
¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa?
Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo.
Si comprendierais lo que significa “quiero misericordia y no sacrificio”, no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado».
Un Título Mariano muy especial el que recordamos en este ecuador del mes de julio. Y es que hoy celebramos a Nuestra Señora, La Virgen del Carmen. Los orígenes se remontan hasta el Antiguo Testamento, en el Libro de los Reyes.
El Pasaje presenta a Elías, que sube al Carmelo a orar con su criado, descubriendo una nubecilla que sale del mar y se eleva a los Cielos, después de mirar varias veces el horizonte. Tras tres años de sequía esa visión anunciaba lluvia próximamente.
La tradición ha querido ver en este hecho a La Virgen del Carmen. Aquí surge la Orden del Carmelo.
El carisma es orar y servir al Señor por intercesión de la Virgen. Y uno de los momentos fuertes es la Aparición de la Virgen en 1251 al General de los carmelitas San Simón Stock.
Los ermitaños del Carmelo, había tenido que refugiarse como pudieron después de las Cruzadas y corrían peligro de extinción. Por eso esta Visita del Señor a través de su Madre, era un estímulo para la Orden Carmelitana. La Señora del Cielo le entregó el Escapulario, y le garantizó que quien lo llevase puesto debidamente, Ella le asistiría en la hora de la muerte.
Incluso, el añadió que aquel que fuese al Purgatorio y lo llevase puesto, subiría la Cielo el sábado siguiente a su muerte. Esta Devoción se ha extendido por todo el mundo. También los marineros y pescadores le invocan. Por eso La Virgen del Carmen es Patrona de las Gentes del Mar.
La senda del justo es recta. Tú allanas el sendero del justo; en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos, ansiando tu nombre y tu recuerdo.
Mi alma te ansia de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, porque tus juicios son luz de la tierra, y aprenden la justicia los habitantes del orbe.
Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú. Señor, en la angustia acudieron a ti, susurraban plegarias cuando los castigaste.
Como la embarazada cuando le llega el parto se retuerce y grita de dolor, así estábamos en tu presencia, Señor: concebimos, nos retorcimos, dimos a luz... viento; nada hicimos por salvar el país, ni nacieron habitantes en el mundo.
¡Revivirán tus muertos, resurgirán nuestros cadáveres, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo!
Pues rocío de luz es tu rocío, que harás caer sobre la tierra de las sombras.
Tú permaneces para siempre,
y tu nombre de generación en generación.
Levántate y ten misericordia de Sión,
que ya es hora y tiempo de misericordia.
Tus siervos aman sus piedras,
se compadecen de sus ruinas. R/.
Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.
Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Estamos ante uno de los pilares de la oración, la reflexión y la enseñanza. Hoy celebramos a San Buenaventura. Nacido cerca de Viterbo (Italia) en 1221, en su infancia sufrió una grave dolencia. Las oraciones de su madre a San Francisco de Asís, le sanan milagrosamente.
De ahí que el propio nombre parece que le encaja bien porque significa “Buena Dicha”. En plena juventud ingresa en los Hermanos Menores, que le envían a París donde será profesor de Teología. Allí tendrá la protección y formación del prestigioso Alejandro de Hales, un franciscano que profundizó al más puro estilo de la Escolástica.
En ese mismo lugar, conoció a Santo Tomás de Aquino por el que tuvo gran devoción y respeto. San Buenaventura fue elegido Ministro General de la Orden. El ministerio pastoral, el estudio, la predicación, o las misiones, son algunos de sus ámbitos de apostolado.
Hecho Cardenal y Obispo de Albano, participó en el II Concilio de Lyón. Todos sus escritos suponen un auténtico legado a la Iglesia, a los que se une su santidad de vida. San Buenaventura muere en el año 1274.
Los hugonotes franceses sitiaron en las Guerras de religión Lyón y en un gesto de odio a las imágenes, quemaron las reliquias del Santo. Su presencia y su obra le han merecido el apelativo de “Doctor Seráfico”. Este sobrenombre viene por el fervor que mostraba en sus escritos y su legado.
Esto dice el Señor:
«¡Ay Asiria, vara de mi ira!
¡Mi furor es bastón entre sus manos!
Lo envío contra una nación impía, lo mando contra el pueblo que provoca mi cólera, para saquearlo y despojarlo, para hollarlo como barro de las calles.
Pero él no lo entiende así, no es eso lo que piensa en su corazón, sino exterminar, aniquilar naciones numerosas.
Porque se decía: "Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente.
He borrado las fronteras de las naciones, he saqueado sus tesoros y, como un héroe, he destronado a sus señores.
Mi mano ha alcanzado a las riquezas de los pueblos, como si fueran un nido; corno quien recoge huevos abandonados, recogí toda su tierra.
Ninguno batió el ala, ninguno abrió el pico para piar".
¿Se enorgullece el hacha contra quien corta con ella?
¿Se gloría la sierra contra quien la mueve?
¡Como si el bastón moviera a quien lo sostiene, o la vara sostuviera a quien no es de madera!
Por eso, el Señor, Dios del universo, debilitará a los hombres vigorosos y bajo su esplendor encenderá un fuego abrasador».
Trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad;
asesinan a viudas y forasteros,
degüellan a los huérfanos. R/.
Y comentan: «Dios no lo ve,
el Dios de Jacob no se entera».
Enteraos, los más necios del pueblo,
ignorantes, ¿cuándo discurriréis? R/.
El que plantó el oído ¿no va a oír?
El que formó el ojo ¿no va a ver?
El que educa a los pueblos ¿no va a castigar?
El que instruye al hombre ¿no va a saber? R/.
Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el juicio retornará a la justicia,
y la seguirán todos los rectos de corazón. R/.
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
El religioso de este día visitó, cuidó y se preocupó especialmente de los que sufrían cualquier tipo de enfermedad. Hoy celebramos a San Camilo de Lelis. Nacido en Abruzos (Italia), en el año 1550, se hizo militar como su padre. Durante su adolescencia se vició con los juegos de azar, teniendo una adicción preocupante.
Tal fue la situación que como el Hijo Pródigo perdió todo y pasó por el tiempo de hambre literalmente. Para solucionarlo un poco, no tuvo más remedio que pedir limosna. Por fin encuentra un trabajo como peón en un Convento de frailes. Una pequeña enfermedad, le obliga a ingresar en el Hospital de Santiago, donde también ayuda a los enfermos.
Tras un tiempo alejado de Dios, se convierte. Había oído predicar a un religioso capuchino y eso le abrió el corazón al Cielo. De nuevo en el mismo Hospital, es nombrado Asistente General del mismo, mientras se repone.
Pronto toma a San Felipe Neri, como Director Espiritual en su camino hacia el sacerdocio. Al ver la ingente masa de peregrinos que llegaban a la Ciudad Eterna, se dio cuenta con total claridad que los hospitales no estaban capacitados para atender a los enfermos.
Entonces funda los Camilos, también llamados Siervos de los Enfermos. San Camilo de Lelis muere en el año 1614. También dio los pasos pertinentes para fundar lo que. con el tiempo, sería la Cruz Roja en bien de los enfermos y necesitados.
Cuando reinaba en Judá Ajaz, hijo de Jotán, hijo de Ozías, subieron a atacar Jerusalén Rasín, rey de Siria, y Pécaj, hijo de Romelías, rey de Israel, pero no lograron conquistarla.
Se lo comunicaron a la casa de David:
«Los arameos han acampado en Efraín», y se agitó su corazón y el corazón del pueblo como se agitan los árboles del bosque con el viento».
Entonces el Señor dijo a Isaías:
«Ve al encuentro de Ajaz, con tu hijo Sear Yasub, hacia el extremo del canal de la alberca de arriba, junto a la calzada del campo del batanero y dile: “Conserva la calma, no temas y que tu corazón no desfallezca ante esos dos restos de tizones humeantes: la ira ardiente de Rasín y Siria, y del hijo de Romelías. Porque, aunque Siria y Efraín y el hijo de Romelías tramen tu ruina, diciendo: ‘Marchemos contra Judá, aterroricémosla, entremos en ella y pongamos como rey al hijo de Tabee!’, así ha dicho el Señor:
‘Ni ocurrirá ni se cumplirá:
Damasco es capital de Siria, y a la cabeza de Damasco está Rasín. (Dentro de sesenta y cinco años, Efraín, destruido, dejará de ser un pueblo). Samaría es capital de Efraín, y a la cabeza de Samaría está el hijo de Romelías. Si no creéis no subsistiréis’”».
Grande es el Señor
y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra. R/.
El monte Sión, confín del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar. R/.
Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos. R/.
Allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis. R/.
En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido:
«¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza.
Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.
Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.
Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti».
Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra:
«¿Qué me importa la abundancia de vuestros sacrificios? - dice el Señor -.
Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada.
Cuando venís a visitarme, ¿quién pide algo de vuestras manos para que vengáis a pisar mis atrios?
No me traigáis más inútiles ofrendas, son para mí como incienso execrable.
Novilunios, sábados y reuniones sagradas: no soporto iniquidad y solemne asamblea.
Vuestros novilunios y solemnidades los detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más.
Cuando extendéis las manos me cubro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé.
Vuestras manos están llenas de sangre.
Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones.
Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien.
Buscad la justicia, socorred al oprimido, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda».
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños. R/.
¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos? R/.
Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios». R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espada. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.
El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
From the publisher's feed