RSS - Audios de Ecclesia

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RSS - Audios de Ecclesia episodes

  • "Velad y orad para no caer en la tentación"

    En aquellos días, llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: «¡Abrahán, Abrahán!».

    Él contestó: «Aquí estoy».

    El ángel le ordenó: «No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».

    Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

    Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «En el monte el Señor es visto».

    El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo: «Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».

    Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,

    y, en cambio, me abriste el oído;

    no pides sacrificio expiatorio;

    entonces yo digo: «Aquí estoy». R/.

    «-Como está escrito en mi libro-

    para hacer tu voluntad.

    Dios mío, lo quiero,

    y llevo tu ley en las entrañas». R/.

    He proclamado tu justicia

    ante la gran asamblea;

    no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.

    No me he guardado en el pecho tu justicia,

    he contado tu fidelidad y tu salvación. R/.

    Alégrense y gocen contigo

    todos los que te buscan;

    digan siempre: «Grande es el Señor»,

    los que desean tu salvación. R/.

    Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».

    Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.

    Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».

    Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».

    Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».

    De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».

    3 min
  • Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

    Seguimos con los días de prolongación del Tiempo Pascual en esta segunda parte del Tiempo Ordinario. Concretamente, hoy es la Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Tal y como se presenta en la Sagrada Escritura, Cristo es el Sacerdote Eterno según el rito de Melquisedec y la Carta a los Hebreos recuerda que Él tiene el Sacerdocio que no pasa. 

    El sentido de este día nos lleva a ver que nosotros tenemos parte desde la llamada a anunciar el Evangelio como Apóstoles en camino. Por otro lado, algunos miembros de la Comunidad son consagrados con el Sacerdocio Ministerial para hacerle presente mediante el servicio con la administración de los Sacramentos y la caridad con los más necesitados. Históricamente la festividad existía de alguna manera y se celebraba en algunas partes del mundo. Pero será Monseñor José María García Lahiguera, obispo de Valencia y fundador de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, junto a la religiosa María del Carmen Hidalgo de Caviedes, viajen a Roma para pedirle a Pío XII la celebración de esta Fiesta en la Congregación. 

    Pío XII dio su beneplácito, pero el Concilio Vaticano II dio un paso más para extender la Celebración que comenzó en 1971 y en 1972 la Conferencia Episcopal Española aprobó los textos. Ya en 1973 se propagó por toda la Iglesia. Además se pensó que como Pentecostés era el origen de la Iglesia, Pueblo Sacerdotal, y el jueves es para pedir poner los sacerdotes se fijase el jueves siguiente.

    1 min
  • San Agustín de Canterbury

    La evangelización es el cumplimiento del mandato de Dios a los Apóstoles antes de subir a los Cielos. Hoy celebramos a San Agustín de Cantorbery. Su vida transcurre en el siglo VI con toda seguridad. Probablemente, estuvo en los primeros momentos en un Monasterio preparándose a lo que Dios le pidiese. Fue su tiempo de oración y estudio. 

    Los primeros datos sobre él, nos cuentan cómo en el año 597, el Papa le envió a anunciar el mensaje del Evangelio a Inglaterra. La misión se llevó a cabo, con no pocas dificultades, dada la situación de vacilación en que se encontraba muchas veces el propio Agustín. 

    El Santo Padre, le tendrá que confortar hasta que la Providencia le pone en el camino al rey Etelberto, pagano y liberal, pero casado con una francesa católica y bastante respetuoso, con los testigos del Evangelio. 

    Algo que calaba en el corazón de todos los hombre es que nunca imponía la Fe, la proponía y la enseñaba con su sencillez y testimonio de vida. Todos los vieron idóneo para pastorear a la Grey. Pero esa idea, no era sino el Plan de la Providencia. 

    Consagrado Obispo de Cantorbery, se dedicó totalmente por completo al anuncio del Reino de Dios, convirtiendo a muchos y fundando innumerables comunidades cristianas, en el reino de Kent. Hizo de su Diócesis una Sede de fuerte unión de Fe y cultura, hasta donde se acercaban muchos para profundizar en una experiencia de Dios. San Agustín de Cantorbery muere en el 605.

    1 min
  • "El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor"

    Queridos hermanos:

    Ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

    Ya que habéis purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad hasta amaros unos a otros como hermanos, amaos de corazón unos a otros con una entrega total, pues habéis sido regenerados, pero no a partir de una semilla corruptible sino de algo incorruptible, mediante la palabra de Dios viva y permanente, porque

    «Toda carne es como hierba

    y todo su esplendor como flor de hierba:

    se agosta la hierba y la flor se cae,

    pero la palabra del Señor permanece para siempre».

    Pues esa es la palabra del Evangelio que se os anunció.

    Glorifica al Señor, Jerusalén;

    alaba a tu Dios, Sion.

    Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

    y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

    Ha puesto paz en tus fronteras,

    te sacia con flor de harina.

    Él envía su mensaje a la tierra,

    y su palabra corre veloz. R/.

    Anuncia su palabra a Jacob,

    sus decretos y mandatos a Israel;

    con ninguna nación obró así,

    ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

    En aquel tiempo, los discípulos estaban subiendo por el camino hacia Jerusalén y Jesús iba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que lo seguían tenían miedo. Él tomó aparte otra vez a los Doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará».

    Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».

    Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?».

    Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».

    Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».

    Contestaron: «Podemos».

    Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».

    Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

    Jesús, llamándolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

    3 min
  • "Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros"

    Queridos hermanos: Sobre la salvación de las almas estuvieron explorando e indagando los profetas que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba el Espíritu de Cristo que había en ellos cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías y su consiguiente glorificación.

    Y se les reveló que no era en beneficio propio, sino en el vuestro por lo que administraban estas cosas que ahora os anuncian quienes os proclaman el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo.

    Son cosas que los mismos ángeles desean contemplar.

    Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo.

    Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia.

    Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: «Seréis santos, porque yo soy santo».

    Cantad al Señor un cántico nuevo,

    porque ha hecho maravillas.

    Su diestra le ha dado la victoria,

    su santo brazo. R/.

    El Señor da a conocer su salvación,

    revela a las naciones su justicia.

    Se acordó de su misericordia y su fidelidad

    en favor de la casa de Israel. R/.

    Los confines de la tierra han contemplado

    la salvación de nuestro Dios.

    Aclama al Señor, tierra entera;

    gritad, vitoread, tocad. R/.

    En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».

    Jesús dijo: «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

    3 min
  • San Felipe Neri

    La Alegría como Fruto del Espíritu se advierte especialmente en el Santoral de la jornada. Hoy celebramos a San Felipe Neri. Nacido en Florencia (Italia) en el año 1515, pronto morirá su madre, pero su tía cuidó de él y de sus tres hermanos. Su padre quiso que se dedicase al comercio familiar, y él lo intentó pero el tiempo le marcaba partir hacia Roma. 

    La idea que había en su interior era seguir los pasos del Señor. Y ese camino le hacía desembocar en un encuentro mayor con la Providencia. Joven virtuoso y orante se establece en Roma. Allí se hospeda en casa de un mercante, siendo un verdadero aliciente para toda su familia. 

    Pero, al mismo tiempo, descubre a tantos niños, adolescentes y muchas personas sin lo más imprescindible. Un día decide consagrarse al apostolado en la Ciudad Eterna. Entonces funda con un grupo de hermanos presbíteros, funda la Congregación del Oratorio. 

    La Oración y el canto son las constantes del nuevo carisma, a las que se unía también las obras de caridad. Y es que si por algo se caracterizó siempre Felipe Neri fue por su alegría y sentido del humor. No pasaba un momento en el que arrancase una sonrisa a aquellas personas que se encontraban abatidas y sin ningún tipo de esperanza. 

    Realidades que le acompañaron hasta su muerte ocurrida en el año 1595. Es Patrono de los educadores porque siempre sentía que para acercar al Señor a las personas, había que explorar primero sus corazones.

    1 min
  • "Mujer, ahí tienes a tu hijo"

    El Señor Dios llamó a Adán y le dijo: «¿Dónde estás?».

    Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».

    El Señor Dios le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».

    Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».

    El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Qué has hecho?».

    La mujer respondió: «La serpiente me sedujo y comí».

    El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza, cuando tú la hieras en el talón».

    Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

    Él la ha cimentado sobre el monte santo;

    y el Señor prefiere las puertas de Sión

    a todas las moradas de Jacob.

    ¡Qué pregón tan glorioso para ti,

    ciudad de Dios! R/.

    Se dirá de Sión: «Uno por uno,

    todos han nacido en ella;

    el Altísimo en persona la ha fundado». R/.

    El Señor escribirá en el registro de los pueblos:

    «Éste ha nacido allí». R/.

    Y cantarán mientras danzan:

    «Todas mis fuentes están en ti». R/.

    Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

    Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».

    Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

    Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».

    Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca.

    Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

    Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

    3 min
  • "Recibid el Espíritu Santo"

    Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

    Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:

    «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

    Bendice, alma mía, al Señor:

    ¡Dios mío, qué grande eres!

    Cuántas son tus obras, Señor;

    la tierra está llena de tus criaturas. R/.

    Les retiras el aliento, y expiran

    y vuelven a ser polvo;

    envías tu espíritu, y los creas,

    y repueblas la faz de la tierra. R/.

    Gloria a Dios para siempre,

    goce el Señor con sus obras;

    que le sea agradable mi poema,

    y yo me alegraré con el Señor. R/.

    Hermanos: Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.

    Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

    Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

    Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

    Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».

    Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

    Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

    Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

    2 min
  • "¿A ti qué? Tú sígueme"

    Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con el soldado que lo vigilaba.

    Tres días después, convocó a los judíos principales y, cuando se reunieron, les dijo: «Yo, hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni las tradiciones de nuestros padres, fui entregado en Jerusalén como prisionero en manos de los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, me vi obligado a apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo, pues, os he llamado para veros y hablar con vosotros; pues por causa de la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas».

    Permaneció allí un bienio completo en una casa alquilada, recibiendo a todos los que acudían a verlo, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.

    El Señor está en su templo santo,

    el Señor tiene su trono en el cielo;

    sus ojos están observando,

    sus pupilas examinan a los hombres. R/.

    El Señor examina a inocentes y culpables,

    y al que ama la violencia él lo odia.

    Porque el Señor es justo y ama la justicia:

    los buenos verán su rostro. R/.

    En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»

    Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?»

    Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»

    Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»

    Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.

    Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo podría contener los libros que habría que escribir.

    3 min

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