Domingo XVI, nos encontramos ante un tiempo de descanso que el
Maestro también se toma. Se acerca para un poco más de reposo a una
aldea llamada Betania. En ese término hay una posada que da
hospedería. Se trata de tres hermanos llamados Lázaro, Marta y
María.
Allí el Señor conoce los avatares de una hermana -Marta-
que se da abasto para servir, mientras la otra -María- escoge la
mejor parte: escuchar su Palabra. Entretanto, en el Santoral hace
pocos días recordábamos a Nuestra Señora, La Virgen del Carmen, y
hoy celebramos a San Elías, uno de los Baluartes de la Ley Antigua y
muy vinculado al Carmelo.
Su vida transcurre en el siglo IX a.C. Es
el Antiguo Testamento el que nos describe cómo este Profeta de Dios
ha de encararse con el pueblo abandona al Único Dios. En ese momento reta a
los profetas del ídolo Baal a que ofrezcan ellos un sacrificio a su
dios, y él también lo hará a Yavé. La prueba del Señor Verdadero
es que quien consuma con fuego el animal ofrecido, ese es el
auténtico Dios. Cuando lo intentan los baales no hay respuesta,
mientras que Elías ora y bien fuego del Cielo que consume a la
victima ante la conversión de todos. Jezabel, la mujer de Acab, le
persigue y Elías huye hasta el Horeb donde ve a Dios que se le
aparece en forma de Brisa Suave. En el Carmelo divisa la nubecilla
que es anticipo de la Virgen del Carmen.
También asiste a una viuda
y a su hijo enfermo. En el fin de sus días elige a Elseo como
sucesor suyo por Orden Divina. Van juntos de camino hasta que un
Carro de Fuego le arrebata y se le lleva al Cielo. San Elías aparece
nuevamente en la Transfiguración junto a Moisés hablando con Cristo
de su Pasión que iba a consumar en Jerusalén.