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Hermanos:
Un tiempo estabais muertos por vuestras culpas y pecados, cuando seguíais el proceder de este mundo, según el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los rebeldes contra Dios. Como ellos, también nosotros vivíamos en el pasado siguiendo las tendencias de la carne, obedeciendo los impulsos del instinto y de la imaginación; y, por naturaleza, estábamos destinados a la ira, como los demás. Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo —estáis salvados por pura gracia—; nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él, para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos.
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R/.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R/.
El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R/.
En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:
«Maestro, dije a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Él le dijo:
«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».
Y les dijo:
«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
Y les propuso una parábola:
«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”.
Y se dijo:
“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».
El Santoral de esta jornada pone a una de las piezas claves en el carisma franciscano y su reforma en el ámbito español. Hoy celebramos a San Pedro de Alcántara. Extremeño de nacimiento, fue Alcántara en Cáceres, la ciudad que le vio nacer, concretamente en el año 1499.
Hijo del Gobernador de esta zona, un día se marcha las aulas de Salamanca para estudia Filosofía y Derecho. Pero algo le faltaba al ver que le atraían los franciscanos. Decidido a seguirles abandona su entorno para ingresar en ellos. Sobre todo le interesaba esa pobreza y ese desprendimiento que tenían para alcanzar un día un Tesoro en el Cielo.
Después de tomar los hábitos sigue su Camino de Consagración al Señor. Ordenado sacerdote, su penitencia era extrema. Tal era la situación que dormía poco y en un contexto muy duro y nada aconsejable para descansar. Se pasaba largas horas en oración y se azotaba.
La fama de Santidad corrió por todas partes. Incluso Santa Teresa no tuvo inconveniente, aunque no fuesen del mismo carisma, en escogerle como guía espiritual. Ella misma decía de él que su penitencia y sobriedad mostraba una gran “locura de amor hacia Cristo”.
Él mismo usó su personalidad arrolladora para impedir que el Santo Oficio detuviese a la Santa Andariega. Muchos nobles y reyes le piden ayuda y consejo. Era imposible no tener amistad con este hombre. San Pedro de Alcántara muere en el año 1562.
Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro:
«Yo lo he tomado de la mano,
para doblegar ante él las naciones
y desarmar a los reyes,
para abrir ante él las puertas,
para que los portales no se cierren.
Por mi siervo Jacob,
por mi escogido Israel,
te llamé por tu nombre,
te di un título de honor,
aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro;
fuera de mí no hay dios.
Te pongo el cinturón,
aunque no me conoces,
para que sepan de Oriente a Occidente
que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor y no hay otro».
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.
Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles no son nada,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R/.
Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R/.
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente». R/.
Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.
En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas:
¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario.
Él les preguntó:
«De quién son esta imagen y esta inscripción?».
Le respondieron:
«Del César».
Entonces les replicó:
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
Hermanos:
Habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyente, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro.
Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza. R/.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para mirar por él? R/.
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Todo lo sometiste bajo sus pies. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios, pero si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios.
Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué razones os defenderéis o de lo que vais a decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».
Hoy, Domingo XXIX del Tiempo Ordinario, el Evangelio nos lleva hasta el momentos en el que los fariseos quieren pillar por sorpresa al Señor y le envían con unos herodianos a preguntarle si es lícito pagar el impuesto al César o no.
La malicia de ellos es que si les contesta que sí le dejarán a manos de la multitud que le puede apedrear por tomarle como un colaborador de los romanos invasores. Y si les dice que no se puede pagar, a ellos les faltaría tiempo para denunciarle ante las autoridades romanas que están allí.
Pero salen abatidos del encuentro con el Maestro porque su respuesta les deja en evidencia: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Así lo recoge San Mateo en el Evangelio que escribió.
Y en este día también celebramos al evangelista San Lucas. Nace en el seno de una familia pagana, dedicándose a la medicina. Pronto abraza la Fe del Señor Jesús, y el propio San Pablo le menciona como uno de los que le acompañan en varios de sus viajes apostólicos y misioneros.
Toda la predicación paulina la puso por escrito en el Tercer Evangelio, que se incluye en la Sagrada Escritura. También es autor del Libro de los Hechos de los Apóstoles donde refleja los hitos de la Primitiva Iglesia.
Convertido en testigo y predicador de la Buena Nueva, al igual que los primeros discípulos muere mártir. Se le representa con un buey porque comienza su Evangelio con el Sacrificio de Zacarías en el Templo.
La fortaleza y la entrega total acompañaron al Santo que recordamos en este día. Hoy celebramos a San Ignacio de Antioquía. Su nacimiento se sitúa en Siria Romana. La fecha concreta habla del año 35. Si atendemos a su etimología el nombre en griego significa “Teóforos” - “Portador de Dios”-.
Su conversión se debe a San Pedro del que fue discípulo y probablemente también se acercó a San Juan. Cuando Pedro sale de Antioquía es elegido Obispo de esa Diócesis, servicio que aceptó y desempeñó con un alma de Pastor.
Muchas son las herejías que afectan a los seguidores del Evangelio por entonces. Una de ellas es el gnosticismo. Esta desviación ancestral defendía que Cristo no tenía una Naturaleza Humana Real. No corrían buenos tiempos para los cristianos que sufrían una de las persecuciones más cruentas con el Emperador Trajano.
En una de las redadas es interceptado el Santo y condenado a morir en Roma a manos de las fieras. Durante el trayecto escribió sus famosas Cartas a las Iglesias que han quedado como Legado. Al llegar a Roma será pasto de los leones en el circo.
Él mismo señalaba “que era trigo de Cristo que había de ser molido por las fieras”. San Ignacio de Antioquía muere entre los años 107 y 108, y es el primero en acuñar al Papa como Obispo de Roma, y de hablar de la Iglesia Católica que significa “Universal”.
Nos acercamos hasta la figura de otra mística que tuvo una vivencia especial de Dios como le pasó a Santa Teresa de Jesús, que recordábamos ayer. Hoy celebramos a Santa Margarita María de Alacoque. Oriunda de Francia, nace en Autun en el año 1647. Su hogar vivía inmerso en la Fe del Señor Jesús, que afrontó con serenidad la muerte prematura del padre.
Ella sufrió también una enfermedad que le dejó postrada cuatro años. En ese tiempo se consagró a La Virgen que le consiguió la curación. La familia se congratuló por esa recuperación y le intentó encauzar a casarse.
Pero no era ese el camino que la Providencia le trazaba, sino seguir la Vida Contemplativa para lo cual ingresa en Paray-Le-Monial, Monasterio perteneciente a la Orden de la Visitación, carisma fundado por San Francisco de Sales y Santa Juan Francisca de Chantal.
Es un momento para tener grandes vivencias con el Señor. Y aquí se le aparece Cristo. En sus encuentros le muestra su Divino Corazón y le cuenta cómo siempre derrocha su Amor por los hombres, pero muchas veces sólo recibe ingratitudes.
Un serio toque de atención para que difunda esta Devoción. Muchos le tomaron por loca y le despreciaron. Y para salir de esta prueba encontró apoyo en su confesor, el jesuita Claudio de la Colombière. Santa margarita María de Alacoque muere en el año 1690.
Hermanos:
En Cristo hemos heredado también los hijos de Israel,
los que ya estábamos destinados por decisión
del que lo hace todo según su voluntad,
para que seamos alabanza de su gloria
quienes antes esperábamos en el Mesías.
En él también vosotros,
después de haber escuchado la palabra de la verdad
—el evangelio de vuestra salvación—,
creyendo en él
habéis sido marcados con el sello del Espíritu Santo prometido.
Él es la prenda de nuestra herencia,
mientras llega la redención del pueblo de su propiedad,
para alabanza de su gloria.
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R/.
En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea.
A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.
Os voy a enseñar a quién tenéis que temer: temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la “gehenna”. A ese tenéis que temer, os lo digo yo.
¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios.
Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros».
Así obra el que teme al Señor, el que observa la ley alcanza la sabiduría.
Ella le sale al encuentro como una madre y lo acoge como una joven esposa. Lo alimenta con pan de inteligencia y le da a beber agua de sabiduría.
Si se apoya en ella, no vacilará, si se aferra a ella, no quedará defraudado.
Ella lo ensalzará sobre sus compañeros y en medio de la asamblea le abrirá la boca.
Lo llenará del espíritu de sabiduría y de inteligencia y lo revestirá con un vestido de gloria. Encontrará gozo y corona de júbilo, y un hombre eterno recibirá en herencia.
R/. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.
El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.
Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean. R/.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
La naturalidad y la vida sencilla son la manera de vivir su Fe la mujer que recordamos en este día en el Santoral. Hoy celebramos a Santa Teresa de Jesús. Nacida en Ávila en 1515, de pequeña se quiso escapar con su hermano a tierra de persecución para morir mártir. Y sería un tío de los pequeños quien les devolvería a casa.
Tras una adolescencia y primeros momentos de juventud muy metida en los mundano ingresa en las agustinas donde su espíritu se serena y termina ingresando en el Convento Carmelita de la Encarnación. En sus primeros tiempos superó muchas tribulaciones hasta que experimenta una conversión total un poco antes de los 40 años.
Desde entonces tiene una mayor cercanía al Señor. De aquí surgen muchas vivencias místicas y muchas conversaciones con el Señor Amado. Uno de los momentos más destacados es La Trasverberación en la que ella ve a un Ángel que le clava en su corazón una flecha con un poco de fuego en la punta, imprimiéndole el Sello del Amor Divino.
Renovadora del Carmelo, a lo largo de su trayectoria, funda quince monasterios, empezando con el Convento de San José, en su ciudad natal. Sin embargo las pruebas y dificultades no se retiran de su trayectoria.
Incluso corre riesgo de ser detenida y procesada por su ascendencia judía, aunque la presencia de San Pedro de Alcántara impide su arresto. Todo esto plasma en su Literatura de gran valor místico y cultural. Dejó esta vida, a la que denominó una mala noche en una posada, en 1582. San Pablo VI, declaró a Santa Teresa de Jesús Doctora de la Iglesia.
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