RSS - Audios de Ecclesia

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RSS - Audios de Ecclesia episodes

  • San Martín de Dumio

    En este día recordamos a un hombre luchó por la unidad. porque hoy celebramos a San Martín Dumiense. Natural de Panonia, en el siglo VI, en Portugal, territorio de los suevos, convirtió a estos bárbaros a la Fe del Señor Jesús. El nacimiento de este Santo, que la historia le distingue de San Martín de Tours, es, concretamente, en el año 515. 

    El afán por conocer la Tierra de Cristo se hará realidad, peregrinando a los Santos Lugares donde podrá hacer penitencia y meditar, así como entrar en el estudio de la lengua griega. Allí conoce la espiritualidad existente  y profundiza en los Monasterios de Oriente, lo que le hace tomar nota y aprender lo que debe ser la verdadera oración. 

    Todo esto lo pone en práctica cuando retorna a Occidente en las zonas de Galicia y Portugal, en la Península Ibérica. En su propia tierra, funda un Monasterio, apoyándose en la Regla de San Benito. Sigue de cerca de los clérigos, impulsando su formación, según manda la Santa Madre Iglesia. Su labor de apostolado se consolidó cuando fue elegido obispo de esa Sede. 

    San Martín de Dumio muere en el año 580. Fue reconocido como Santo al poco de morir porque en la mente de todos se encontraba su gran labor de unión y pacificación. El gran recuerdo que se tiene de él es como al Figura de un Santo muy importante en los tiempos del Medievo. Por otro, lado se le considera un verdadero puente entre las culturas romana, germánica y cristiana.

    1 min
  • "Yo no vengo por mi cuenta"

    Se decían los impíos, razonando equivocadamente: «Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida; presume de conocer a Dios y se llama a sí mismo hijo de Dios. Es un reproche contra nuestros criterios, su sola presencia nos resulta insoportable. Lleva una vida distinta de los demás, y va por caminos diferentes. Nos considera moneda falsa y nos esquiva como a impuros. Proclama dichoso el destino de los justos, y presume de tener por padre a Dios.

    Veamos si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte. Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos. Lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia. Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según dice, Dios lo salvará».

    Así discurren, pero se equivocan, pues los ciega su maldad. Desconocen los misterios de Dios, no esperan el premio de la santidad ni creen en la recompensa de una vida intachable.

    El Señor se enfrenta con los malhechores,

    para borrar de la tierra su memoria.

    Cuando uno grita, el Señor lo escucha

    y lo libra de sus angustias. R/.

    El Señor está cerca de los atribulados,

    salva a los abatidos.

    Aunque el justo sufra muchos males,

    de todos lo libra el Señor. R/.

    Él cuida de todos sus huesos,

    y ni uno solo se quebrará.

    El Señor redime a sus siervos,

    no será castigado quien se acoge a él. R/.

    En aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.

    Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».

    Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».

    Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

    3 min
  • "José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor"

    En aquellos días, vino esta palabra del Señor a Natán: «Ve y habla a mi siervo David: "Así dice el Señor: Cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré tu reino. Será él quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre"».

    Cantaré eternamente las misericordias del Señor,

    anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

    Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,

    más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

    «Sellé una alianza con mi elegido,

    jurando a David, mi siervo:

    Te fundaré un linaje perpetuo,

    edificaré tu trono para todas las edades». R/.

    Él me invocará: "Tú eres mi padre,

    mi Dios, mi Roca salvadora".

    Le mantendré eternamente mi favor,

    y mi alianza con él será estable. R/.

    Hermanos: No por la ley sino por la justicia de la fe recibieron Abrahán y su descendencia la promesa de que iba a ser heredero el mundo.

    Por eso depende de la fe, para que sea según gracia; de este modo, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la que procede de la ley, sino también para la que procede de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Según está escrito: «Te he constituido padre de muchos pueblos»; la promesa está asegurada ante aquel en quien creyó, el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe.

    Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia». Por lo cual le fue contado como justificación.

    Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

    La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

    José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

    Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

    3 min
  • San José

    En la segunda mitad de la Cuaresma tenemos una Festividad muy especial. Porque hoy es la Solemnidad de San José. Oriundo de la estirpe de David, es el Esposo de la Virgen María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. 

    Él es designado por la Providencia para que haga las veces de Padre del Señor. San Mateo en el Evangelio de la Infancia nos cuenta cómo José se había desposado con María de Nazaret. Pero antes de vivir juntos resultó que Ella esperaba un Hijo por Obra del Espíritu Santo. José que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

    Pero tan pronto como lo decide, se le aparece el Ángel del Señor para decirle que no tenga reparo en llevarse a María porque la criatura que hay en Ella viene de Dios. Entonces sigue el Plan de Dios. Su vida en el Hogar de Nazareth, transcurre entre Jesús y María. Los evangelios le mencionan en la Infancia del Señor. 

    El último momento en que aparece es cuando el Niño Jesús se queda en el templo y lo encuentran a los tres días. Cumplida su misión muere rodeado de Ellos dos. Pío IX, recogiendo el sentir de los cristianos, declaró a San José Patrono de la Iglesia Universal. 

    De esta manera se le considera también el que ayudó a Jesús a crecer en Gracia ante Dios y ante los hombres. Por todo esto, se celebra hoy el Día del Padre y en torno a esta festividad es también el Día del Seminario. San José es también abogado de la buena muerte.

    1 min
  • "El Hijo no puede hacer nada, sino lo que viere hacer al Padre"

    Esto dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: "Salid", a los que están en tinieblas: "Venid a la luz".

    Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del Norte y del Poniente, y los otros del país de Sin.

    Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados».

    Sión decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado». «¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidará, yo no te olvidaré».

    El Señor es clemente y misericordioso,

    lento a la cólera y rico en piedad;

    el Señor es bueno con todos,

    es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

    El Señor es fiel a sus palabras,

    bondadoso en todas sus acciones.

    El Señor sostiene a los que van a caer,

    endereza a los que ya se doblan. R/.

    El Señor es justo en todos sus caminos,

    es bondadoso en todas sus acciones.

    Cerca está el Señor de los que lo invocan,

    de los que lo invocan sinceramente. R/.

    En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo». Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

    Jesús tomó la palabra y les dijo: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.

    Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.

    En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida. En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.

    Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

    3 min
  • San Cirilo de Jerusalén

    El Santo de este día oro, reflexionó y sufrió. Y es que hoy recordamos a San Cirilo de Jerusalén. Nace en el seno de una familia cristiana el año 315. De trato cercano, mantuvo una gran amistad con San Hilario de Poitiers, así como San Atanasio. Nombrado Arzobispo de Jerusalén, padeció multitud de incomprensiones. 

    Y ahí tuvo que mostrar mayor dulzura aprovechando las Gracias y el Don de Fortaleza que le daba el Espíritu de Dios. De hecho, participó en el Concilio de Constantinopla. Su condena del arrianismo, que negaba la divinidad de Cristo, le condujo a ser desterrado, en varias ocasiones. 

    Pero las calumnias no terminaron ahí. Otro caso fue el haberse despojado de algunos bienes eclesiales para venderlos a favor de los pobres, le valió una innumerable lluvia de críticas. Entre sus múltiples escritos, destacan algunas Catequesis. 

    Uno de los Puntos más importantes que aborda es la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía en sus Partes y partículas. Todo Entero. Con su Cuerpo y con su Sangre. Con su Alma y su Divinidad. Cuando retorna de su último destierro, se encuentra la Ciudad Santa llena de dificultades. 

    Él pide fuerza a la Providencia para hacer frente a esos problemas con oración y el acompañamiento las personas, además de vivir la caridad. Sobre todo trabajó el reto de que quienes se habían alejado de Dios volviesen a la Fe. San Cirilo de Jerusalén muere el año 386 y es Doctor de la Iglesia.

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  • "Levántate, toma tu camilla y echa a andar"

    En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo del Señor. De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este —el templo miraba al este—. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.

    Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el este, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas. Midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura. Midió otros quinientos metros: era ya un torrente que no se podía vadear, sino cruzar a nado.

    Entonces me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre?». Después me condujo por la ribera del torrente. Al volver vi en ambas riberas del torrente una gran arboleda.

    Me dijo: «Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal. Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente. En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».

    Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,

    poderoso defensor en el peligro.

    Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,

    y los montes se desplomen en el mar. R/.

    Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,

    el Altísimo consagra su morada.

    Teniendo a Dios en medio, no vacila;

    Dios la socorre al despuntar la aurora. R/.

    El Señor del universo está con nosotros,

    nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

    Venid a ver las obras del Señor,

    las maravillas que hace en la tierra. R/.

    Se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.

    Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?». El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».

    Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar». Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.

    Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla». Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”». Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?». Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado.

    Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor». Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

    3 min
  • San José de Arimatea

    Cada vez más cercanos a la Semana Santa y al Triduo Pascual con los Misterios Centrales de nuestra Fe, hoy el Santoral nos lleva a esos momentos Cumbre de la Historia de la Salvación con la celebración de San José de Arimatea, muy vinculado a la Pasión, Muerte y Resurrección. 

    La tradición le sitúa con algo de parentesco con el Señor ya que algunos le sitúan como hermano de su abuelo San Joaquín. Muchos defendieron que pudo ser hasta el benefactor de Jesús, al morir San José. Los evangelistas hacen una descripción muy breve él, denominándolo “hombre ilustre”, “bueno”, “magistrado” y “miembro del Sanedrín”. 

    La historia que conocemos nos lleva al Pasaje de la Pasión donde José de Arimatea, al que denominan “discípulo clandestino de Cristo por miedo a los judíos, se presentó al Gobernador Poncio Pilato. 

    Una vez ante el Procurador le pidió poder llevarse sepultar el Cuerpo del Señor según la costumbre judía. El Prefecto Romano se informó extrañado de que ya hubiese muerto Jesús. Pero después de que se lo confirmaron los soldados romanos, se lo autorizó. 

    Entonces bajaron de la Cruz al Salvador y le embalsamaron para llevarlo al Sepulcro que había dispuesto para él. Posteriormente no añaden nada más acerca de él. Es la historia la que cuenta que tuvo problemas con sus hermanos del Consejo por organizar el Sepelio del Señor. Incluso pudo sufrir encarcelamiento. Algunos defienden que predicó el Evangelio por zonas del Mediterráneo.

    1 min
  • "Si no veis signos y prodigios, no creéis"

    Esto dice el Señor: «Mirad: voy a crear un nuevo cielo y una nueva tierra; de las cosas pasadas ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.

    Regocijaos, alegraos por siempre por lo que voy a crear: yo creo a Jerusalén "alegría", y a su pueblo, "júbilo". Me alegraré por Jerusalén y me regocijaré con mi pueblo, ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido.

    Ya no habrá allí niño que dure pocos días, ni adulto que no colme sus años, pues será joven quien muera a los cien años, y quien no los alcance se tendrá por maldito. Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán los frutos».

    Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

    y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

    Señor, sacaste mi vida del abismo,

    me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.

    Tañed para el Señor, fieles suyos,

    celebrad el recuerdo de su nombre santo;

    su cólera dura un instante;

    su bondad, de por vida;

    al atardecer nos visita el llanto;

    por la mañana, el júbilo. R/.

    Escucha, Señor, y ten piedad de mí;

    Señor, socórreme.

    Cambiaste mi luto en danzas.

    Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.

    En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria». Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.

    Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis».

    El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño». Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino.

    Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre». El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

    3 min

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