
Sign up to save your podcasts
Or


Esto dice el Señor:
«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.
Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita.
Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza.
Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto.
Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce?
Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones».
R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R/.
Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R/.
No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.
Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.
Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.
Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.
Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:
“Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.
Pero Abrahán le dijo:
“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.
Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.
Él dijo:
“Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.
Abrahán le dice:
“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.
Pero él le dijo:
“No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.
Abrahán le dijo:
“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».
Muchos han sido los que han llegado a la Santidad después de convertirse. Hoy celebramos a San Adriano. Su vida transcurre en los siglos IV en los tiempos de la dura persecución de los Emperadores. Eran los últimos tiempos sangrientos contra los cristianos. Un poco antes de Constantino.
Pero el martirio se producía en grandes cantidades de discípulos de Cristo. Sobre todo cuando les detenían con crueldad. Pero a los que no encontraban aparentemente les cogían por sorpresa cuando obligaban a hacer un sacrificio a los dioses.
Entonces los seguidores de Dios se oponían y eran descubiertos. Adriano era un militar romano que no era cristiano. Participaba en la detención e interrogatorio de quienes iban destinados a la muerte. Sin embargo su corazón se transformaría por un hecho concreto.
En una ocasión está presente en el interrogatorio con tortura a varios cristianos. Lo que más le llamó la atención es que ante los crueles golpes contra aquellos servidores del Evangelio, éstos no se quejaban. Cuando les pregunta qué esperaban, ellos le dijeron el Cielo. La respuesta con esa dulzura y sin ánimo de odio, rencor o venganza le toca su alma y recapacita.
Entonces él se convierte. Las autoridades le declaran traidor porque no pueden permitir que uno de los suyos deje los intereses imperiales, y decretan que muera. San Adriano muere decapitado en el año 306. Muchos cristianos son los que le confortan.
Ellos dijeron:
«Venga, tramemos un plan contra Jeremías porque no faltará la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga, vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos».
Hazme caso, Señor, escucha lo que dicen mis oponentes. ¿Se paga el bien con el mal?, ¡pues me han cavado una fosa!
Recuerda que estuve ante ti, pidiendo clemencia por ellos, para apartar tu cólera.
R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia
Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. R/.
Oigo el cuchicheo de la gente, y todo me da miedo; se conjuran contra mí y traman quitarme la vida. R/.
Pero yo confío en ti, Señor; te digo: «Tú eres mi Dios». En tu mano están mis azares: líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.
En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:
«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».
Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó:
«¿Qué deseas?».
Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
Contestaron:
«Podemos».
Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:
«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».
El hombre de hoy es como si fuese el “San Luis Gonzaga de Oriente”. En este día celebramos la memoria de San Casimiro. Nace en Cracovia (Polonia), en el año 1458. Su procedencia de estirpe real, profundamente religiosa, hace que reciba una esmerada educación cristiana. Tenía a su alrededor todas las posibilidades de tener todo tipo de riquezas y bienes que le diesen más poder.
Pero él siguió la senda de la Santidad. Precisamente en medio de los conflictos y dificultades, fue propuesto para ocupar el Trono Húngaro. Sin embargo la propuesta y los intentos fracasaron. Por eso descubrió que estaba llamado a extender la justicia y la paz.
Entonces no es de extrañar que el joven príncipe vivió con mucha sencillez en Palacio. Por la mañana solía despachar con su padre los asuntos del reino, para dedicarse por la noche a adorar al Santísimo Sacramento. Tampoco faltaba una profunda reflexión en torno a los misterios de la Pasión y Muerte de Cristo para alcanzar la Resurrección.
También descubría a Dios en los pobres, con los que se gastaba en grandes obras de caridad. Cuando su padre se ausentaba y le ponía de interino, él nunca usurpó lo que no era suyo, rigió con verdadera Santidad de vida. Renunció al matrimonio para vivir en continua consagración a la Virgen. En plena juventud, enfermó de tuberculosis, muriendo San Casimiro en el año 1484.
Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra:
«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien. Buscadla justicia, socorred al oprimid, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda. Venid entonces, y discutiremos - dice el Señor -.
Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana.
Si sabéis obedecer, comeréis de los frutos de la tierra; si rehusáis y os rebeláis, os devorará la espada - ha hablado la boca del Señor -».
R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños. R/.
¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos? R/.
Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara. El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios». R/.
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.
Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
La persecución a los cristianos que dan la vida por Cristo se unen al Señor que muere en la Cruz y resucita para darnos vida. Y ellos ya han participado de este Sacrificio. Hoy es la festividad de los Santos Emeterio y Celedonio. Muchos relacionan su nacimiento en Calahorra donde también fueron martirizados, y otros les sitúan en León.
Precisamente en la Iglesia del Salvador de Calahorra, se conservan las actas del hecho martirial. En el contexto en el que se hallan es la etapa de Diocleciano. Pensando este Gobernante que los cristianos andaban libremente por el Imperio, decidió aumentar el nivel de crueldad contra ellos. Y les toca a estos dos cristianos el turno.
Cuando se descubre su pertenencia a Jesús de Nazaret, son arrestados. La prueba que sufren estos dos militares, después de ser reconocidos sus méritos, es la de servir a los dioses romanos o seguir en la Fe del Señor Jesús. Cuando optan por esta segunda idea, ambos son encarcelados.
Pero ellos se siguen reafirmando todavía más en su Fe en Cristo. Se apoyan en las palabras de los Hechos de los Apóstoles cuando los Once ante el Sanedrín declaran que “hay que obedecer a Dios antes que los hombres”.
También añaden que han hecho todo lo que podían por el Imperio. Así son condenados a muerte. Muy pronto los calagurritanos dieron culto a los Santos Emeterio y Celedonio que, actualmente, son sus Patronos y protectores.
¡Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos!
Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.
Tú, mi Señor, tienes razón y a nosotros nos abruma la vergüenza, tal como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra ti.
Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti.
Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas.
R/. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados
No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados. R/.
Socórrenos, Dios, Salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre. R/.
Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte. R/.
Nosotros, pueblo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, cantaremos tus alabanzas de generación en generación. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
La senda de la Cuaresma está llena de momentos de cruz, que invitan a la oración, a la penitencia y a la caridad. Hoy celebramos a Santa Inés de Praga. Su camino fue un verdadero itinerario cuaresmal de desprendimiento y amor a los demás con obras de misericordia. Nace en el año 1211 en la propia capital Praga.
La educación que había recibido le fortaleció en la Fe. Precisamente pasó por diversos Conventos. Desde pequeña hizo una consagración a Dios y contó con la bendición del Papa Gregorio IX, después de comunicarle su proyecto de dedicación por completa a Dios.
De hecho rechazó multitud de posibilidades de matrimonio. La presencia de los franciscanos en su tierra le llevó a conocer a las Clarisas. Impactada por la figura de Santa Clara vendió todas sus posesiones y fundó diversos hospitales y conventos.
Ella ingresó en uno de ellos. La Providencia quiso que tuviese una estrecha correspondencia con Santa Clara de Asís por carta. La Fundadora de las Damas Pobres de San Damián le mostraba también su aprobación por la vida que había elegido Inés y le animaba a seguir adelante, al tiempo que le aseguraba que rezaba por ella.
Su fidelidad a Dios y al carisma franciscano hizo que fuese elegida abadesa. Santa Inés de Praga muere en el año 1282. Su culto se extendió rápidamente. Pero la canonización fue siglos después, concretamente en 1989, por el Papa San Juan Pablo II.
En aquellos días, el Señor dijo a Abrán:
«Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.
Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».
Abrán marchó, como le había dicho el Señor.
R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R/.
Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.
Nosotros aguardamos al Señor :él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R/.
Querido hermano:
Toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.
Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
El Segundo Domingo de Cuaresma presenta la Transfiguración del Señor que se lleva a sus tres discípulos más predilectos -Pedro, Santiago y Juan-, al Monte Tabor. Allí les quiere mostrar un poco de su Gloria porque se habían hundido cuando les anunció días atrás su Misterio Pascual. Ya en el Monte sus vestidos se vuelven de un Blanco Deslumbrador.
Entonces Aparecen Moisés y Elías que conversan con el Señor para hablar de su Muerte que iba a consumar en Jerusalén. Los tres Apóstoles se espabilan del sueño y Pedro que se encuentra muy bien propone hacer tres chozas para el Maestro, Moisés y Elías. Al final, una nube les cubre y sale la Voz que pide que escuchen a su Hijo Amado.
De nuevo Cristo vuelve a ser como antes y bajan de allí obedeciendo su mandato de no contar nada a nadie hasta después de la Resurrección. Y un ejemplo de Luz es también San Rosendo que celebramos hoy. Su origen queda entre España y Portugal, en el siglo X, concretamente en el año 907. Hijo de familia noble, pronto se quedará sin hermanos.
Entonces pasará al Monasterio de Mondoñedo, donde recibirá una sólida formación, al tiempo que firmará el diploma a la Iglesia de León al lado de otros nobles, en plena adolescencia. No mucho después, el Espíritu de Dios le encontrará digno de regir la Sede Episcopal de Mondoñedo.
Su único objetivo es conseguir la paz y la reconciliación entre todas las personas. Tiempo después será obispo de Compostela, que regirá también con acierto. Por fin logra retirarse definitivamente a Celanova. San Rosendo muere el año 977.
From the publisher's feed