RSS - Audios de Ecclesia

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RSS - Audios de Ecclesia episodes

  • “El que persevere hasta el final, se salvará”

    En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

    Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:

    «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».

    Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:

    «Señor Jesús, recibe mi espíritu».

     R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu  

    Sé la roca de mi refugio, 

    un baluarte donde me salve, 
    tú que eres mi roca y mi baluarte; 
    por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

    A tus manos encomiendo mi espíritu: 

    tú, el Dios leal, me librarás; 
    tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. 
    Te has fijado en mi aflicción. R/.

    Líbrame de los enemigos que me persiguen. 

    Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, 
    sálvame por tu misericordia. R/.

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

    «Cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.

    Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

    El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán.

    Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará».

    3 min
  • Octava de Navidad: San Esteban

    El

    Segundo día de las fechas navideñas continúa marcando esta Octava
    de Navidad que vive hasta el día 1 como si se tratase del propio 25
    de diciembre. Pero la Iglesia quiere entroncar la vida cotidiana con
    el Nacimiento de Cristo. Por eso, en esta jornada celebramos a San
    Esteban, Protomártir. 

    De origen judío recibe una formación de la

    escuela griega y, cuando abraza la Fe, la Comunidad de Jerusalén le
    tiene en gran estima. De hecho, cuando las viudas dicen que se
    sienten desatendidas nombran varios diáconos que les sirvan. Y entre
    ellos se encuentra Esteban por designio de Los Apóstoles y con el
    beneplácito de todos. 

    No le falta una fuerte formación que le hace

    ser un hombre preparado. Pero algunos conocidos suyos son de la
    Sinagoga y no han abrazado la Fe Cristiana. Al contrario. Son del
    sentir de las Autoridades judías que persiguen a la Comunidad. 

    Entonces se vuelven contra Esteban al que quieren tomar como chivo

    expiatorio y lo hacen. Comienzan por denunciarle a los jefes del
    pueblo. Y sin ir una patrulla policial. La chusma alborotada y
    fanatizada le llevan violentamente al Sanedrín. 

    Allí le acusan de

    proclamar a Cristo como Dios. Como él se reafirma le llevan a la
    Puerta de Damasco donde le apedrean con el apoyo de un joven llamado
    Saulo que poco después será el Apóstol de los Gentiles porque se
    convierte. Esteban pide a Dios que les perdone y que a él le acoja.
    Así la Iglesia une en este Día del Nacimiento de Cristo al Primer
    Mártir de la Fe Cristiana.  

    1 min
  • “El Verbo se hace carne y acampa entre nosotros”

    ¡Qué hermosos son sobre los montes

    los pies del mensajero que proclama la paz,

    que anuncia la buena noticia,

    que pregona la justicia,

    que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!».

    Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro,

    porque ven cara a cara al Señor,

    que vuelve a Sión.

    Romped a cantar a coro,

    ruinas de Jerusalén,

    porque el Señor ha consolado a su pueblo,

    ha rescatado a Jerusalén.

    Ha descubierto el Señor su santo brazo

    a los ojos de todas las naciones,

    y verán los confines de la tierra

    la salvación de nuestro Dios.

     R/. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios  

    Cantad al Señor un cántico nuevo, 

    porque ha hecho maravillas. 
    Su diestra le ha dado la victoria, 
    su santo brazo. R/.

    El Señor da a conocer su salvación, 

    revela a las naciones su justicia. 
    Se acordó de su misericordia y su fidelidad 
    en favor de la casa de Israel. R/.

    Los confines de la tierra han contemplado 

    la salvación de nuestro Dios. 
    Aclama al Señor, tierra entera; 
    gritad, vitoread, tocad. R/.

    Tañed la cítara para el Señor, 

    suenen los instrumentos: 
    con clarines y al son de trompetas, 
    aclamad al Rey y Señor. R/.

    En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.

    En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos.

    Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.

    Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»; y en otro lugar: «Yo seré para él un padre, y el será para mi un hijo»?

    Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios».

    En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

    Él estaba en el principio junto a Dios.

    Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

    En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

    Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

    Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

    No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

    El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

    En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

    Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

    Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

    Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

    Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

    Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

    Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

    Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.

    A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

    3 min
  • Natividad del Señor

     Hay

    fechas que lo dicen todo por sí y no hace falta más añadidos. Lo
    mismo sucede en la Historia de la Salvación. Es el caso de este día
    en el que celebramos el Nacimiento del Salvador. Tal y como cuenta la
    Sagrada Escritura es el Emperador Augusto el que decreta un censo en
    todas las Provincias del Imperio. 

    Cada uno tenía que subir a su

    ciudad natal a inscribirse. También José que era de la Ciudad de
    David, Belén, subió con María su Mujer. Durante su estancia
    intentó buscar alojamiento pero no encontraron a nadie que les
    dejase una sencilla habitación. Tras buscar, no encontraron posada. afanosamente pero sin
    resultados. 

    Fueron al campo de los pastores y en una de las cuevas se

    le cumplió a María el tiempo, dando a luz a su Hijo Primogénito al
    que envolvió en pañales. En ese momento unos pastores se
    encontraban velando por turnos sus rebaños al raso. De repente se
    les presentó un Ángel y sintieron que la Gloria de Dios les
    envolvió. 

    El Mensajero Celestial les dio la Gran Noticia de que en

    la Ciudad de David les había nacido el Mesías, el Salvador. También
    les dijo que estaba en el Establo donde le encontrarían envuelto en
    pañales. Cuando se fueron los ángeles los pastores se fueron
    derechos a Belén a ver todo lo que les habían contado. 

    Y tal como

    les dijeron se encontraron al Niño con María, su Madre, y con José.
    Cuando llegaron contaron todo lo que les había dicho el Ángel. Y se
    sentían emocionados de ver ese momento tan crucial. Ante la
    admiración, todos los pastores se fueron dando Gloria a Dios por todo cuanto habían visto y oído.  

    1 min
  • “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra”

    El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.

    Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.

    Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.

    Porque la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre serán combustible, pasto del fuego.

    Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: «Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz».

    Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre. El celo del Señor del universo lo realizará.

     R/. Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor  

    Cantad al Señor un cántico nuevo, 

    cantad al Señor, toda la tierra; 
    cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

    Proclamad día tras día su victoria. 

    Contad a los pueblos su gloria, 
    sus maravillas a todas las naciones. R/.

    Alégrese el cielo, goce la tierra, 

    retumbe el mar y cuanto lo llena;
    vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, 
    aclamen los árboles del bosque. R/.

    Delante del Señor, que ya llega, 

    ya llega a regir la tierra: 
    regirá el orbe con justicia
    y los pueblos con fidelidad. R/.

    Querido hermano:

    Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo, el cual se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo de su propiedad, dedicado enteramente a las buenas obras.

    Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio.

    Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.

    También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

    En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

    De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.

    El ángel les dijo:

    «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»

    De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

    «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

    3 min
  • Nochebuena

    La

    Iglesia siempre ha tomado elementos del mundo judío para asumirlos
    en la Fe Cristiana. Por ejemplo, es el caso de hoy, 24 de diciembre,
    día de Nochebuena. En el judaísmo, las fiestas grandes tienen tal
    relevancia que ya al caer la tarde de la jornada anterior se vivía
    como si fuese el propio día en cuestión. 

    Y es que la grandeza de las fiestas

    religiosas ponía en cierta tensión el alma que esperaba el día
    grande. En la antigüedad los judíos revivieron la importancia de
    vigilar tal y como sucedió en la noche de la Liberación de Egipto
    donde tuvieron que estar alerta para salir victoriosos de la
    esclavitud. 

    Los cristianos en el caso de la Nochebuena, vivimos la

    Vigilia Extraordinaria que espera el Feliz Alumbramiento. En Él, la
    Virgen María dará a luz al Salvador del mundo. A lo largo de esta
    jornada la Creación está más expectante para vivir el Nacimiento
    de Cristo. 

    Cada una de las horas que pasan alimenta la Fe en que ha

    llegado la Plenitud de los tiempos. Los cristianos asumieron esto y
    evocaron esa vigilia, especialmente en la Pascua, pero también en la
    Segunda Celebración más importante como es Misterio de su
    Encarnación y Nacimiento en la humildad de nuestra carne. 

    La

    Nochebuena no es todavía Navidad. Es el último día del Tiempo de
    Adviento que culmina en la medianoche con la Misa del Gallo. Hasta
    ese momento la Iglesia recuerda que “esta noche vendrá vosotros el
    Señor”.  

    1 min
  • “La mano del Señor estaba con él”

    Esto dice el Señor Dios:

    «Voy a enviar a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí.

    De repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando; y el mensajero de la alianza en quien os regocijáis, mirad que está llegando, dice el Señor del universo.

    ¿Quién resistirá el día de su llegada? ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada? Pues es como el fuego de fundidor, como lejía de lavandero. Se sentará como fundidor que refina la plata; refinará a los levitas y los acrisolará como oro y plata, y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas.

    Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en tiempos pasados, como antaño.

    Mirad, os envío al profeta Elías, antes de que venga el Día del Señor, día grande y terrible. Él convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir a castigar y destruir la tierra».

     R/. Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación  

    Señor, enséñame tus caminos, 

    instrúyeme en tus sendas: 
    haz que camine con lealtad; 
    enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

    El Señor es bueno y es recto, 

    y enseña el camino a los pecadores; 
    hace caminar a los humildes con rectitud, 
    enseña su camino a los humildes. R/.

    Las sendas del Señor son misericordia y lealtad 

    para los que guardan su alianza y sus mandatos. 
    El Señor se confía a los que lo temen, 
    y les da a conocer su alianza. R/.

    A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.

    A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo:

    «¡No! Se va a llamar Juan».

    Y le dijeron:

    «Ninguno de tus parientes se llama así».

    Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.

    Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

    Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo:

    «Pues ¿qué será este niño?»

    Porque la mano del Señor estaba con él.

    3 min
  • San Antonio de Santa Ana Galvaõ

    La

    impresión de la Paz de Dios en el corazón de los hombres ha tenido
    cauces concretos y variados. Uno de ellos ha sido el carisma
    franciscano. Hoy, a punto de concluir el Adviento, celebramos a San
    Antonio de Santa Ana Galvaõ. Su armonía de paz que procede del
    Cielo la vivió entre sus hermanos franciscanos. Nacido en Saõ
    Paulo, cerca de Río de Janeiro, en 1739. Su familia era muy
    fervorosa y desde pequeño le educaron en el Temor de Dios. Desde
    siempre aprendió a amar a Dios, a orar un rato y asentir que existen
    muchos necesitados de cualquier tipo con los que hay que vivir la
    misericordia. Su padre era militar y terciario Franciscano, mientras
    su madre también religiosa, formaba parte de una de las familias más
    nobles que había en la zona. Enviado a los jesuitas para estudiar,
    desembocará finalmente en los franciscanos. Ordenado sacerdote
    continuó formación y estuvo de sacerdote en Saõ Paulo. Su
    consagración a Dios fue siempre ser un servidor del Señor y la
    Comunidad Eclesial. Fomentó mucho la dirección espiritual de las
    almas. Allí fundaría la "Congregación
    de las Hermanas Franciscanas de la Santísima Concepción".
    San Antonio de Santa Ana Galvaõ muere en el año 1823. El Papa San
    Juan Pablo II le beatifica en 1998. Por su parte, Benedicto XVI le
    canonizó en el año 2007. Es el primer brasileño elevado a los
    Altares. Siempre tuvo una gran cercanía a los enfermos. Todos se
    admiraban de las curaciones que realizaba y su cercanía a los que
    sufren espiritual y humanamente.  

    1 min
  • “Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador”

    En aquellos días, una vez que Ana hubo destetado a Samuel, lo subió consigo, junto con un novillo de tres años, unos cuarenta y cinco kilos de harina y un odre de vino. Lo llevó a la casa del Señor a Siló y el niño se quedó como siervo.

    Inmolaron el novillo, y presentaron el niño a Elí. Ella le dijo:

    «Perdón, por tu vida, mi Señor, yo soy aquella mujer que estuvo aquí en pie ante ti, implorando al Señor. Imploré este niño y el Señor me concedió cuanto le había mi pedido. Yo, a mi vez, lo cedo al Señor. Quede, pues, cedido al Señor de por vida».

    Y se postraron allí ante el Señor.

     R/. Mi corazón se regocija en el Señor, mi Salvador  

    Mi corazón se regocija en el Señor, 

    mi poder se exalta por Dios. 
    Mi boca se ríe de mis enemigos, 
    porque gozo con tu salvación. R/.

    Se rompen los arcos de los valientes, 

    mientras los cobardes se ciñen de valor. 
    Los hartos se contratan por el pan, 
    mientras los hambrientos engordan; 
    la mujer estéril da a luz siete hijos, 
    mientras la madre de muchos queda baldía. R/.

    El Señor da la muerte y la vida, 

    hunde en el abismo y levanta; 
    da la pobreza y la riqueza, 
    humilla y enaltece. R/.

    Él levanta del polvo al desvalido, 

    alza de la basura al pobre, 
    para hacer que se siente entre príncipes 
    y que herede un trono de gloria. R/.

    En aquel tiempo, María dijo:

    «Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava”.

    Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

    Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

    Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” —como lo había prometido a “nuestros padres”— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

    María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

    3 min
  • Santa Francisca Javier Cabrini

    Hoy recordamos a Santa Francisca Javier Cabrini. Nacida en Lombardía,

    en 1850, dentro de una familia numerosa de campesinos cristianos, con
    tan sólo ocho años es confirmada, recibiendo poco después la
    Primera Comunión. Tras cursar estudios y hacerse maestra, desempeña
    su profesión en un pueblo donde dejará una gran impronta de caridad
    y entrega. 

    Sin embargo, no tuvo la misma acogida como Superiora en el

    Hospicio de la Providencia en Codoño, Orden que tuvo que disolver el
    Obispo quien, animó a Francisca a luchar por una Congregación
    Misionera que daría origen a las Misioneras del Sagrado Corazón. 

    El

    pequeño comienzo del nuevo carisma, desemboca en una gran expansión
    por Europa y América, con comunidades fundadas por ella misma. En
    1907, obtendrá la aprobación Pontificia. Con un deseo de llevar el
    Evangelio hasta los confines del mundo tal y como pide Cristo, siente
    el impulso de ir a China. 

    Conociendo este pensamiento el Papa León

    XIII, le encamina a la atención especial a los emigrantes
    italianos, desplazados al Nuevo Continente, como la mejor forma de
    atender al prójimo, viendo así el Plan de Dios sobre ella. Este
    servicio se incrementó al final en todo tipo de personas que venían
    a América procedentes de otros países. Muere en 1917, y Pío XII le
    canoniza en 1943.  

    1 min

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