RSS - Audios de Ecclesia

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RSS - Audios de Ecclesia episodes

  • Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno

    Hemos

    terminado la Octava de Navidad que concluíamos ayer con la
    Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. En estos días que
    transcurren hasta el 6 de enero nos encontramos en las jornadas
    antes de Epifanía. Y este viernes, 2 de enero, celebramos a los
    Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno. 

    Basilio Magno nació en

    Cesarea de Capadocio el año 330. Su familia, de probadas virtudes
    cristianas influye en la educación de este hombre que siguió la
    senda de la vida eremítica, hasta que, en el 370, es Obispo de su
    ciudad natal. 

    Fue un hombre muy metido en la vida monástica para la

    que redactó una regla tan importante como la de San Benito en
    Occidente. De hecho, fue muy utilizada en los Monasterios Orientales.
    San Basilio Magno muere el año 379. Y en el mismo año que Basilio,
    nació Gregorio en Nacianzo. 

    Su

    espíritu de estudio le hizo recorrer diversas ciudades. También
    imita a su amigo Basilio en la vocación eremítica, para ser
    ordenado posteriormente, y de forma sucesiva, Presbítero y Obispo.
    Más adelante, el año 381, es designado Patriarca de Constantinopla. 

    En ese momento tiene que hacer frente a muchos problemas, por lo que

    se pone siempre en las Manos de Dios. Cuando ya se siente cansado se
    retira. Poco después, San Gregorio Nacianceno muere hacia el año
    389.    

    2 min
  • Santa María, Madre de Dios

    Abrimos el último Día de la Octava de Navidad, y

    primero de 2026, con la Solemnidad de Santa María Madre de Dios. Es
    la mejor forma de empezar el nuevo año. María, llena de Gracia,
    acoge al Salvador y se prepara de la mejor manera posible para hacer
    germinar la Redención de la humanidad. 

    En los momentos previos al Nacimiento de Jesús, el Ángel la saluda así, mientras Isabel la

    llama bendita entre todas las mujeres como bendito es el fruto de su
    vientre. Es dichosa porque ha creído que lo que el ha dicho el Señor
    se cumplirá. 

    Su marcha de Nazareth a Belén cuando está a punto de

    dar a luz, la presentación de Cristo en el Templo y su purificación,
    así como la huida a Egipto cuando Herodes busca al Niño para
    matarle, o el hallazgo de Jesús con doce años en el Templo de
    Jerusalén entre los Doctores, conforman el cuidado maternal de una
    Madre. 

    Pero esta preocupación está también unida al sentimiento

    del Señor en Caná de Galilea, en las bodas, donde Ella pide a los
    sirvientes cuando falta el vino, que hagan lo que su Hijo les diga.
    Pero, sobre todo, se muestra más unida que nadie al Árbol de la
    Cruz donde Dios consuma su Obra Redentora, rescatando al género
    humano del pecado que le había esclavizado al poder del maligno. 

    Y

    como primera y fiel discípula, acoge el encargo de ser Madre de la
    humanidad redimida, permaneciendo en el Cenáculo con el Colegio
    Apostólico, a la espera del Espíritu Santo, impulsor de la Iglesia.
    María, que sostiene en su regazo al Recién Nacido como hemos
    contemplado durante toda la Octava, y seguiremos viendo hasta que
    termine la Navidad, es también nuestra Abogada ante el Padre del
    Cielo. 

    1 min
  • "Ya existía la Palabra"

    Hijos míos, es la última hora.

    Habéis oído que iba a venir un anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es la última hora.

    Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros.

    En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis.

    Os he escrito, no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira viene de la verdad.

     R/. Alégrese el cielo, goce la tierra  

    Cantad al Señor un cántico nuevo, 

    cantad al Señor, toda la tierra; 
    cantad al Señor, bendecid su nombre, 
    proclamad día tras día su victoria. R/.

    Alégrese el cielo, goce la tierra, 

    retumbe el mar y cuanto lo llena; 
    vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, 
    aclamen los árboles bosque. R/.

    Delante del Señor, que ya llega, 

    ya llega a regir la tierra: 
    regirá el orbe con justicia 
    y los pueblos con fidelidad. R/.

    En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

    Él estaba en el principio junto a Dios.

    Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

    En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

    Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

    Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

    No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

    El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

    En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

    Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

    Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

    Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

    Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

    Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

    Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

    Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.

    A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

    3 min
  • San Silvestre, Papa

    Hoy, última jornada de 2025, es VII Día de la

    Octava de Navidad. La manifestación de Dios a los hombres en un Portal, ha llevado a poner los ojos en ese Misterio Salvador que nos
    hace a todos hijos adoptivos para participar de la vida divina y ser
    herederos del Cielo. 

    Y de la misma forma que los coros angélicos

    cantan el Gloria in Excelsis Deo, y los pastores llegan con presentes
    a la cueva, Simeón que es un varón piadoso, acude al Templo cuando
    los padres entran con el Niño Jesús para presentarle. El Espíritu
    Santo le ha asegurado que no moriría sin ver al Esperado por
    generaciones. 

    Ahora sí que puede el Señor dejar a su siervo irse en

    paz. Porque sus ojos han visto al Salvador, a quien ha presentado a
    todos los pueblos: La Luz que alumbra a todos los hombres, y la
    gloria de Israel, el Pueblo Elegido desde la Antigua Alianza. 

    ¡Oh

    Cetro de la Casa de Israel, que vienes a iluminar a quienes viven en
    tinieblas y en sombras de muerte!¡Ven a restaurarnos con el poder de
    tu brazo! ¡Que brille tu rostro y nos salve! Pero, en este día, la
    Iglesia honra a San Silvestre. 

    Elegido Papa, rigió a la Iglesia

    Universal desde el año 314, durante el Imperio de Constantino El
    Grande. Después del Edicto de Milán, cesa la persecución a los
    cristianos, pero no faltan dificultades en la Nave de la Iglesia. 

    Así se ponen de manifiesto la Fuerza del Espíritu que es quien suscita

    a este Pontífice para hacer frente al arrianismo, que negaba la
    divinidad de Cristo, y el donatismo, que afirmaba que los pecadores
    no podían ser miembros de la Iglesia. El Concilio de Nicea,
    convocado el 325, condenó estas herejías. Silvestre, Pastor de la
    Iglesia de Cristo, morirá el año 355.  

    1 min
  • "La gracia de Dios estaba con Él"

    Os escribo, hijos míos, porque se os han perdonado vuestros pecados por su nombre.

    Os escribo, padres, porque conocéis al que es desde el principio.

    Os escribo, jóvenes, porque habéis vencido al Maligno.

    Os he escrito, hijos, porque conocéis al Padre.

    Os he escrito, padres, porque ya conocéis al que existía desde el principio.

    Os he escrito, jóvenes, porque sois fuertes y que la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al Maligno.

    No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo —la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la arrogancia del dinero—, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, y su concupiscencia.

    Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

     R/. Alégrese el cielo, goce la tierra  

    Familias de los pueblos, aclamad al Señor, 

    aclamad la gloria y el poder del Señor; 
    aclamad la gloria del nombre del Señor. R/.

    Entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. 

    Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, 
    tiemble en su presencia la tierra toda. R/.

    Decid a los pueblos: «El Señor es rey: 

    él afianzó el orbe, y no se moverá; 
    él gobierna a los pueblos rectamente». R/.

    En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

    Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

    3 min
  • San Félix, Papa

    Seguimos

    inmersos en la Octava de Navidad. Concretamente en el VI Día. La
    Palabra de Dios nos lleva hasta el Templo en el que, después de
    Simeón, aparece Ana, hija de Fanuel de la Tribu de Aser. Una mujer
    bastante anciana. Siempre ha estado sirviendo con oraciones y obras
    de misericordia al Señor en el Templo. 

    Ahora habla del Niño a todos

    los que se acercan allí. Después como para cerrar estos días,
    llega como un Resumen de la Infancia según San Lucas donde cuenta
    cómo vuelve a Nazaret, y crece y se robustece ante Dios y ante los
    hombres. Continuamos en este Tiempo en el que la Gloria de Dios se ha
    aparecido, como Niño en un Pesebre. 

    Y en este VI Día de la Octava

    de Navidad, recordamos al Papa San Félix. Su vida transcurre en el
    siglo III. Oriundo de Roma, la Iglesia se encuentra inmersa en una de
    las persecuciones más sanguinarias que van a afectar a los
    cristianos. Desde pequeño se formó en la Fe cristiana con un gran
    fervor a Dios, a Cristo Eucaristía y con gran respeto por la
    Iglesia. 

    También destacaba por su rectitud de intención. Esto le

    hizo ser elegido Pontífice. Fue el 26 Sucesor de San Pedro como
    Vicario de Cristo. Siempre tuvo una gran vivencia en la Celebración
    de la Santa Misa y celebró muy especialmente por los mártires que
    derramaron su Sangre como Cristo. 

    De hecho, lo hacía encima de sus

    tumbas. Era la manera de poner de relieve la entrega total de estos
    por el Reino de los Cielos. En medio de este ambiente cruento es
    descubierto como discípulo del Evangelio. Por esto le apresan. San
    Félix muere mártir. 

    1 min
  • “Luz para alumbrar a las naciones”

    Queridos hermanos:

    En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos.

    Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.

    En esto conocemos que estamos en él.

    Quien dice que permanece en él debe caminar como él caminó.

    Queridos míos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado.

    Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo —y esto es verdadero en él y en vosotros—, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya.

    Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

     R/. Alégrese el cielo, goce la tierra  

    Cantad al Señor un cántico nuevo, 

    cantad al Señor, toda la tierra; 
    cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

    Proclamad día tras día su victoria. 

    Contad a los pueblos su gloria, 
    sus maravillas a todas las naciones. R/.

    El Señor ha hecho el cielo; 

    honor y majestad lo preceden, 
    fuerza y esplendor están en su templo. R/.

    Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

    Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

    Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

    «Ahora, Señor, según tu promesa,

    puedes dejar a tu siervo irse en paz.

    Porque mis ojos “han visto a tu Salvador”,

    a quien has presentado ante todos los pueblos:

    “luz para alumbrar a las naciones”

    y gloria de tu pueblo Israel».

    Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre:

    «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

    3 min
  • Santo Tomás Beckett

    Nos

    encontramos en el V Día de la Octava de Navidad. ¡Qué hermosos son
    sobre los montes los pies del mensajero que trae la paz! El que
    grita: “Tu Dios Sión es Rey! Es el Niño que a los cuarenta días
    después de haber nacido, es llevado al Templo para ser presentado al
    Señor. Así le había mandado Yavé escribirlo como norma a Moisés: 

    “Todo varón primogénito será consagrado, realizando la ofrenda

    con un par de tórtolas o dos pichones”. En cumplimiento de esto,
    María y José llevan al Niño a Jerusalén, la Ciudad Santa. 

    Y es

    que aunque fuese el Autor de todo lo creado y, por supuesto de la
    Ley, tenía que parecerse en todo a los demás hombres, excepto en el
    pecado. Eres Niño y has amor. 

    ¿Qué harás cuando mayor? Todos se

    admiran de Aquella Flor Celestial que ha caído como el rocío
    mañanero, suavizando todo lo que encontraba a su paso. Y también
    hoy, recordamos a Santo Tomás Beckett. Su nacimiento se sitúa en
    Londres (Inglaterra) el año 1118. Clérigo de Cantorbery y canciller
    del reino, fue elegido Obispo el año 1162. 

    Cuando el rey Enrique II

    pretendió abusar de sus poderes, frente a la Iglesia, Tomás,
    combate valientemente al monarca, defendiendo a la comunidad eclesial
    en sus derechos. De esta forma, prueba la Cruz de Cristo, siendo
    desterrado a Francia. Cuando vuelve a Inglaterra, no lo tiene mejor
    que antes, muriendo mártir en el año 1170.  

    1 min
  • La Sagrada Familia

    En

    este IV Día de la Octava, y Primer Domingo después de la Natividad
    del Señor, la Iglesia celebra a la Sagrada Familia. Seguimos
    contemplando el Nacimiento que es Centro de atención en los hogares
    en un clima netamente familiar. 

    Dios quiso venir en el seno de una

    Familia. Hijo de José, el carpintero de Nazareth, que procedía de
    la estirpe real de David en Belén, y de María, hija de Joaquín y
    Ana. En este ámbito el Niño iba creciendo y robusteciéndose en
    gracia y sabiduría ante Dios y los hombres. 

    La Sagrada Familia de

    Belén es ejemplo de unidad y de amor. Allí se agradece al Dios del
    Cielo todos los beneficios de cada día. Nazareth es escuela de
    oración, donde la mano amorosa de la Providencia se descubre en todo
    momento. 

    Es lugar de formación porque allí, el Dios Hecho Hombre

    aprende todas las cosas bajo la tutela de sus padres. Jesús, José y
    María son el mejor Modelo para todas las familias del mundo. En este
    día, también recordamos a los Santos Inocentes. 

    Cuando Herodes ve

    que los Magos no vuelven, monta en cólera, y manda matar en belén y
    sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, según el
    tiempo que le habían precisado. Así se cumple lo que dijo el
    Profeta: “Una voz se oye en Ramá. Llantos y grandes gemidos. Es
    Raquel que llora por sus hijos y rehúsa el consuelo porque ya no
    viven”.  

    1 min
  • San Juan, evangelista

    Cada

    una de los evangelistas se dirigen especialmente a unos destinatarios
    al redactar el Evangelio. En el caso de San Juan, queda destinado a
    judíos y gentiles. Como muchos de ellos habían desviado la Fe en
    Cristo, él tuvo que poner en claro las cosas. 

    Por eso cuando escribe

    tiene que empezar hablando del Verbo para mostrar a Cristo como el
    Verdadero Dios que se encarna y que se hace Hombre. Por comenzar así
    el cuarto Evangelio se le incluye en este Tercer Día de la Octava de
    Navidad donde el Dios Hombre se encuentra en un Pesebre. Pero yendo a
    Juan, su origen nos lleva a Genesaret. 

    A orillas de este Lago hay un

    gran propietario de pesca de nombre Zebedeo. Tiene dos hijos. Uno es
    Santiago y otro Juan. Este último se cree que era muy joven y a poca
    edad sigue al Bautista. Cuando Juan les muestra al Señor se acerca a
    Él. 

    Hasta que, repasando las redes de su padre, Jesús les llama por

    su nombre para que lo dejen todo y le sigan. Después les elige
    dentro del grupo de los Apóstoles. Deseoso de grandes glorias cuando
    pide estar con su hermano en los Puestos preferentes del Cielo,
    también busca vengarse de los samaritanos que les impiden el paso
    por el pueblo. 

    Pero al mismo tiempo sabe experimentar a Dios con tal

    ternura que es el Discípulo Amado que se reclina en el Pecho de
    Jesús y está con María al pie de la Cruz a la que acoge. Autor
    también de las Tres Cartas que llevan su nombre en la Escritura y
    del Apocalipsis, es el único Apóstol que no sufre el martirio, sino
    que muere longevo desterrado en la Isla de Patmos.  

    1 min

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