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  • San Hilario de Poitiers

     Durante

    este Tiempo de Contemplación del Verbo hecho Carne, hemos
    reflexionado sobre este Misterio. Y San Hilario de Poitiers, Obispo y
    Doctor de la Iglesia, que celebramos hoy, tuvo parte en su
    explicación para estimular a un mayor conocimiento del Pueblo de
    Dios al Señor. 

    Nacido a principios del siglo IV en el seno de una

    familia pagana de origen noble, se convierte a la Fe. Al más puro
    estilo de San Agustín y San Ambrosio, pasa por el catecumenado,
    periodo para prepararse al Bautismo. 

    Elegido Obispo de Poitiers,

    durante su Ministerio tuvo que enfrentarse al arrianismo que negaba
    que Cristo fuese la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el
    Verbo de Dios hecho Hombre. 

    Precisamente en su Tratado sobre la

    Trinidad, defiende esta Verdad de Fe. Para ello se basó en el
    Concilio de Nicea donde se proclamó el Dogma de Cristo, Verbo
    Encarnado. 

    Su testimonio, le hizo ser desterrado a Frigia, porque el

    Emperador Constancio no podía tolerar el ataque a la confesión
    arriana a la que él pertenecía también. A su vuelta fue recibido
    con una gran acogida espiritual y humana. 

    San Hilario de Piitiers

    muere en el año 368, dejando un gran legado de escritos y
    reflexiones teológicas. Se le considera el introductor del canto en
    las Iglesias de Occidente. También tiene parte en que la iglesia
    fije el Tiempo de Adviento que prepara a la Navidad que acabamos de
    celebrar en estos días.  

    1 min
  • “Convertíos y creed la Buena Noticia”

    Había un hombre de Ha Ramatáin Sufín, en la montaña de Efraín, llamado Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Suf, efrateo. Tenía dos mujeres: la primera se llamaba Ana y la otra Feniná. Feniná tenía hijos, pero Ana no los tenía.

    Ese hombre subía desde su ciudad de año en año a adorar y ofrecer sacrificios al Señor del universo en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos hijos de Elí: Jofní y Pinjás.

    Llegado el día, Elcaná ofrecía sacrificios y entregaba porciones de la víctima a su esposa Feniná y a todos sus hijos e hijas, mientras que a Ana le entregaba una porción doble porque la amaba, aunque el Señor la había hecho estéril. Su rival la importunaba con insolencia hasta humillarla, pues el Señor la había hecho estéril.

    Así hacía Elcaná año tras año, cada vez que subía a la casa del Señor; y así Feniná la molestaba del mismo modo. Por tal motivo, ella lloraba y no quería comer.

    Su marido Elcaná le preguntaba:

    «Ana, ¿por qué lloras y por qué no comes? ¿Por qué está apenado tu corazón? ¿Acaso no soy para ti mejor que diez hijos?».

     R/. Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza  

    ¿Cómo pagaré al Señor 

    todo el bien que me ha hecho? 
    Alzaré la copa de la salvación, 
    invocando el nombre del Señor. R/.

    Cumpliré al Señor mis votos 

    en presencia de todo el pueblo. 
    Te ofreceré un sacrificio de alabanza, 
    invocando el nombre del Señor. R/.

    Cumpliré al Señor mis votos 

    en presencia de todo el pueblo, 
    en el atrio de la casa del Señor, 
    en medio de ti, Jerusalén. R/.

    Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:

    «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

    Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.

    Jesús les dijo:

    «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

    Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

    Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

    3 min
  • San Antonio María Pucci

    La

    mejor forma de vivir el Amor de Dios es permanecer siempre atentos a
    sus Palabras. Iniciamos la primera parte del Tiempo Ordinario después
    de la Navidad, y hoy celebramos a San Antonio María Pucci. Nacido
    en Florencia (Italia) en 1819 se le bautiza con el nombre de
    Eustaquio. Desde
    pequeño tiene una inclinación a la vida consagrada. 

    A ello se une

    su Fe sencilla que le han inculcado sus padres. También admira su
    sentido de ayudar a los demás y su madurez para discurrir todo esto
    y llevarlo a cabo. Cuando
    ingresa en
    los Siervos de María cambia su nombre, por el de Antonio María. 

    Tras estudiar Teología es ordenado sacerdote. Entonces es destinado

    a Viareggio. Allí desempeña su ministerio sacerdotal de por
    vida. Nunca se le ocurrió pedir un cambio. Ahí mostró su paciencia
    para escuchar, acoger y consolar a los necesitados. 

    Siempre aseguraba

    que Viendo
    esa necesidad de formación espiritual y humana de los fieles funda
    la Congregación de la Doctrina Cristiana y de San Luis. Preocupado
    también por las madres y la educación de los hijos funda una
    Congregación de madres cristianas. 

    Por último funda las

    “Terciarias” Siervas de María para educar a los jóvenes. San
    Antonio María Pucci muere
    en 1892 dejando una honda huella misionera y caritativa. En la mente
    de todos se fraguó el nombre con el que se le conoció: “El cura
    de los pobres”. 

    1 min
  • "Este es mi Hijo amado"

    Esto dice el Señor:

    «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.

    He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones.

    No gritará, no clamará, no voceará por las calles.

    La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará.

    Manifestará la justicia con verdad.

    No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país.

    En su ley esperan las islas.

    Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».

     R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz  

    Hijos de Dios, aclamad al Señor, 

    aclamad la gloria del nombre del Señor, 
    postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R/.

    La voz del Señor sobre las aguas, 

    el Señor sobre las aguas torrenciales. 
    La voz del Señor es potente, 
    la voz del Señor es magnífica. R/.

    El Dios de la gloria ha tronado. 

    En su templo un grito unánime: «¡Gloria!» 
    El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio, 
    el Señor se sienta como rey eterno. R/.

    En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

    «Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

    Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

    En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

    Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:

    «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».

    Jesús le contestó:

    «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».

    Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.

    Y vino una voz de los cielos que decía:

    «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

    3 min
  • El Bautismo del Señor

    Para

    Dios su Amor no tiene límites. Por eso hoy, cuando concluimos el
    Tiempo de Navidad no es un punto y final, sino una continuación
    porque lo hacemos con la Celebración del Bautismo del Señor.
    Cuando Jesús culmina su Vida Oculta, a los treinta años, marcha al
    Jordán donde será bautizado por Juan Bautista. 

    El Precursor no

    quiere echarle agua sobre su Cabeza porque reconoce que el Señor le
    tiene que bautizar a él, a lo que el Maestro le responde “que se
    cumpla toda Justicia”. Entonces este bautismo es preparación para
    la Venida del Mesías y su Salvación sobre el género humano. 

    Dicho

    signo también es prefiguración del Bautismo Sacramental que instituyó
    Cristo antes de subir a los Cielos, y que tendrá el poder de borrar
    el pecado original, devolviéndonos la Gracia para ser hijos de Dios
    y miembros de la Iglesia. Pero no va más allá esta señal. 

    Por este

    motivo Jesús se hace bautizar para presentarse al Pueblo Elegido,
    pero no porque tenga pecado ni necesite conversión. El origen de la
    Fiesta nos lleva a los principios de la Vida de la Iglesia cuando no
    había tantas celebraciones como en la actualidad. 

    Todo se unificaba

    con la Epifanía que era la Manifestación de Dios a los hombres. En
    ella se incluía el Día de Reyes, además del Bautismo, porque era
    su Manifestación como el Cristo Adulto; y las Bodas de Caná, donde
    manifestaba su Poder con el primer Milagro de convertir el agua en
    vino. 

    Después de la Edad Media se le otorgó una consistencia propia

    quitándola del 6 de enero, hasta que el Concilio Vaticano II, la
    puso el Domingo siguiente a Reyes y donde los Reyes son el domingo,
    se fijó el lunes posterior.    

    1 min
  • “El espíritu del Señor está sobre mí”

    Queridos hermanos:

    Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.

    Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano.

    Todo el que cree que Jesús es el cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama al que da el ser ama también al que ha nacido de él.

    En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.

    Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.

     R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra  

    Dios mío, confía tu juicio al rey, 

    tu justicia al hijo de reyes, 
    para que rija a tu pueblo con justicia, 
    a tus humildes con rectitud. R/.

    Él rescatará sus vidas de la violencia, 

    su sangre será preciosa a sus ojos. 
    Recen por él continuamente 
    y lo bendigan todo el día. R/.

    Que su nombre sea eterno, 

    y su fama dure como el sol; 
    él sea la bendición de todos los pueblos, 
    y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.

    En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca.

    Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.

    Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

    «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

    Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».

    Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles:

    «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

    Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.

    3 min
  • San Gregorio Niseno

    En

    medio del Tiempo de Navidad que toca a su fin mañana con la Fiesta
    del Bautismo del Señor, nos encontramos con la reflexión de un
    Padre de la Iglesia que escribió sobre la Vida del Señor, Verbo
    hecho Carne. 

    Y es que hoy, sábado después de Epifanía, dentro del Tiempo de

    Navidad, celebramos a San Gregorio de Nisa. Natural de Turquía en el
    siglo IV es hermano de San Basilio Magno y amigo de San Gregorio
    Nacianceno. 

    Hombre intelectual y capaz de escuchar, tras su formación

    en Atenas, donde también da clases de Retórica, se ordena sacerdote
    y se hace contemplativo. El ejemplo lo tiene en su madre que se había
    retirado a la clausura. Poco después es consagrado obispo de Nisa. 

    También será obispo de Sebaste. Dos desviaciones que tiene que

    hacer frente son el arrianismo y el macedonianismo. El primero,
    difundido por Arrio, negaba que Cristo fuese Dios hecho Hombre. El
    problema es que el Emperador también lo profesaba. Todo esto le hizo
    ser desterrado, pero el Concilio de Nicea condenó tal desviación y
    le defendió. 

    En el caso del macedonianismo destacaba que El

    Espíritu Santo no era la tercera persona de la Santísima Trinidad.
    Por todo ello, sufre acusaciones injustas y logra escapar de la
    cárcel, renunciando al Ministerio Episcopal. San Gregorio de Nisa
    muere en el año 395.  

    1 min
  • "Yo soy, no tengáis miedo"

    Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

    A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amarnos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

    En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.

    Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.

    Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

    Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

    En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

    No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.

     R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra  

    Dios mío, confía tu juicio al rey, 

    tu justicia al hijo de reyes, 
    para que rija a tu pueblo con justicia, 
    a tus humildes con rectitud. R/.

    Los reyes de Tarsis y de las islas 

    le paguen tributo. 
    Los reyes de Saba y de Arabia 
    le ofrezcan sus dones; 
    postrense ante él todos los reyes, 
    y sirvanle todos los pueblos. R/.

    Él librará al pobre que clamaba, 

    al afligido que no tenía protector; 
    él se apiadará del pobre y del indigente, 
    y salvará la vida de los pobres. R/.

    Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.

    Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra.

    Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo.

    Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.

    Pero él habló enseguida con ellos y les dijo:

    «Animo, soy yo, no tengáis miedo».

    Entró en la barca con ellos y amainó el viento.

    Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.

    3 min
  • San Eulogio de Córdoba

     En

    este Tiempo de Navidad después de la Epifanía del Señor, la figura
    de los Magos recuerda también las dificultades por las que pasaron
    hasta llegar al Portal. Hoy la Iglesia nos presenta a San Eulogio que
    vivió sus dificultades hasta derramar la sangre por el Evangelio. 

    Nacido en Córdoba, se le considera el Doctor de la Iglesia Mozárabe.

    En medio de una fuerte persecución y sumisión de los cristianos a
    la dominación sarracena, exhorta a la Iglesia a mantenerse firme en
    la Fe de Jesucristo. 

    Educado por su familia en el temor de Dios, es

    encomendado a los monjes del Monasterio de Santa Clara, cerca de
    Córdoba. La madurez espiritual y humana, le llevan a ser párroco de
    San Zoilo con tan sólo 25 años. 

    En Santa Clara, traba amistad con

    un joven que se halla en su misma situación, y que se llama Álvaro
    Paulo. Después de intentar en vano peregrinar a Roma, quiere ir a la
    zona del Rhin para tener noticias de dos hermanos suyos, dedicados al
    comercio allí, pero no podrá avanzar mucho porque en Los Pirineos
    le cortan el paso, aunque en Zaragoza, le informan de que están
    bien. 

    Elegido Obispo de Toledo, su aptitud de apostolado, molesta a

    las autoridades que terminan por perseguirle y encarcelarle. Él se
    reafirma en su amor por el Señor Jesús. Por eso decretan su
    condena a muerte. San Eulogio de Córdoba muere decapitado en el año
    859.    

    1 min
  • "Dios es amor"

    Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

    En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.

    En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

     R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra  

    Dios mío, confía tu juicio al rey, 

    tu justicia al hijo de reyes, 
    para que rija a tu pueblo con justicia, 
    a tus humildes con rectitud. R/.

    Que los montes traigan paz, 

    y los collados justicia; 
    defienda a los humildes del pueblo, 
    socorra a los hijos del pobre. R/.

    En sus días florezca la justicia 

    y la paz hasta que falte la luna; 
    domine de mar a mar, 
    del Gran Río al confín de la tierra. R/.

    En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

    Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle:

    «Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer».

    Él les replicó:

    «Dadles vosotros de comer».

    Ellos le preguntaron:

    «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?».

    Él les dijo:

    «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver».

    Cuando lo averiguaron le dijeron:

    «Cinco, y dos peces».

    Él les mandó que la gente se recostara sobre la hierba verde en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.

    Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.

    Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces.

    Los que comieron eran cinco mil hombres.

    3 min

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