RSS - Audios de Ecclesia

RSS - Audios de Ecclesia

By COPE
Download on the App Store

RSS - Audios de Ecclesia episodes

  • San Ildefonso

     Los

    Santos siempre han vivido con sencillez cada momento de su vida. Eso
    les ha hecho grandes a los ojos de Dios. Hoy celebramos a San
    Ildefonso, que fue siempre un sencillo servidor del Señor y de los
    demás. Nace a principios del siglo VII, ingresando, en el Monasterio
    de Agalí, uno de los más emblemáticos en la España visigoda. 

    De

    él sería Abad. Aquí comienza a estudiar, perfeccionándose después
    en Sevilla, y aprendiendo mucho de San Isidoro. Siempre tuvo gran
    devoción por la Sagrada Escritura. De hecho hizo reflexiones
    sencillas sobre Ella con el fin de que la gente la entendiese mejor y
    se acercase más plenamente a Dios. 

    Ordenado Diácono por San Eladio

    en Toledo, en el año 659 será obispo de esta Diócesis. Siempre
    destacó por su profunda espiritualidad y sus escritos teológicos. Gran devoto de María, defiende en sus obras la Virginidad de la
    Madre de Dios. 

    Entonces la Virgen se le aparece, regalándole una

    Casulla, bordada por Ella Misma para que la usase en las
    celebraciones marianas. De hecho le nombró su Capellán Mayor. Todo
    esto ocurrió el 18 de diciembre, día en que este Santo fijó a
    Nuestra Señora de la O para vivir un poco más a Santa María Madre
    del Verbo Encarnado. 

    Y es que el Misterio de la Encarnación quedaba

    diluido en marzo debido a que siempre coincide con la Cuaresma, la
    Semana Santa y, a veces, hasta la Octava de Pascua. San Ildefonso
    muere en el año 667 y sus reliquias reposan en la Catedral de
    Zamora.  

    1 min
  • San Vicente, diácono

     La

    Historia de la Iglesia en España ha dado multitud de Santos que han
    merecido la Palma del martirio. Hoy celebramos al Diácono San
    Vicente. La historia le sitúa como el mártir más antiguo de
    España. Su ministerio de diácono le ayudó a servir a los más
    necesitados. 

    Fue un fiel servidor como San Esteban en los Hechos de

    los Apóstoles. Esta labor y su elocuencia fueron valoradas por San
    Valero que, en multitud de ocasiones, le invitaba a hablar él.
    Cuando ejercía el Diaconado en Zaragoza, su tierra natal, el
    Gobernador Dacio mandó detenerle junto al Obispo Valerio. 

    Los

    romanos les condujeron encadenados a Valencia. Dada la dificultad que
    Valerio tenía para expresarse, Vicente habló en nombre de los dos.
    Y lo hizo de tal manera que mostraba seguridad y fuerza. 

    Ya dice el

    Señor en la Escritura: “Cuando seáis llevados ante un Tribunal
    haced propósito de no preparar defensa. No seréis vosotros los que
    habléis. El Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros”.
    Este coraje y seguridad molestó al Procurador, quien se llenó de
    ira y rabia. 

    Fruto de su venganza, decretó el destierro para el

    Obispo, mientras a Vicente le azotaron, hiriéndole también con
    otros instrumentos punzantes. No contentos con eso le prolongaron los
    sufrimientos en prisión. Después de morir, fue recogido por una
    viuda piadosa que lo sepultó.  

    1 min
  • "Tú eres el Hijo de Dios"

    En aquellos días, cuando David volvía de haber matado al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel al encuentro del rey Saúl para cantar danzando con tambores, gritos de alborozo y címbalos.

    Las mujeres cantaban y repetían al bailar:

    «Saúl mató a mil,

    David a diez mil».

    A Saúl lo enojó mucho aquella copla, y le pareció mal, pues pensaba:

    «Han asignado diez mil a David, y mil a mí. No le falta más que la realeza».

    Desde aquel día Saúl vio con malos ojos a David.

    Saúl manifestó a su hijo Jonatán y de sus servidores la intención de matar a David. Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a David. Y le advirtió:

    «Mi padre busca el modo de matarte. Mañana toma precauciones, quédate en lugar secreto y permanece allí oculto. Yo saldré y me colocaré al lado de mi padre en el campo donde te encuentres. Le hablaré de ti, veré lo que hay y te lo comunicaré».

    Jonatán habló bien de David a su padre Saúl. Le dijo:

    «No haga daño el rey a su siervo David, pues él no te ha hecho mal alguno, y su conducta ha sido muy favorable hacia ti. Expuso su vida, mató al filisteo y el Señor le concedió una gran victoria a todo Israel. Entonces te alegraste al verlo. ¿Por qué hacerte culpable de sangre inocente, matando a David sin motivo?».

    Saúl escuchó lo que le decía Jonatán, y juró:

    «Por vida del Señor, no morirá».

    Jonatán llamó a David y le contó toda aquella conversación. Le trajo junto a Saúl y siguió a su servicio como antes.

     R/. En Dios confío y no temo  

    Misericordia, Dios mío, que me hostigan, 

    me atacan y me acosan todo el día; 
    todo el día me hostigan mis enemigos, 
    me atacan en masa, oh Altísimo. R/.

    Anota en tu libro mi vida errante, 

    recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío, 
    mis fatigas en tu libro. 
    Que retrocedan mis enemigos 
    cuando te invoco. R/.

    Así sabré que eres mi Dios. 

    En Dios, cuya promesa alabo, 
    en el Señor, cuya promesa alabo. R/.

    En Dios confío y no temo; 

    ¿qué podrá hacerme un hombre? 
    Te debo, Dios mío, los votos que hice, 
    los cumpliré con acción de gracias. R/.

    En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.

    Al enterarse de las cosas que hacia, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.

    Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.

    Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.

    Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban:

    «Tú eres el Hijo de Dios».

    Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

    3 min
  • “Él nos hace capaces de amar”

    En aquellos días, Saúl mandó llamar a David, y éste le dijo:

    «Que no desmaye el corazón de nadie por causa de ese hombre. Tu siervo irá a luchar contra ese filisteo».

    Pero Saúl respondió:

    «No puedes ir a luchar con ese filisteo. Tú eres todavía un joven y él es un guerrero desde su mocedad».

    David añadió:

    «El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará también de la mano de ese filisteo».

    Entonces Saúl le dijo:

    «Vete, y que el Señor esté contigo».

    Agarró el bastón, se escogió cinco piedras lisas del torrente y las puso en su zurrón de pastor y en el morral, y avanzó hacia el filisteo con la honda en mano. El filisteo se fue acercando a David, precedido de su escudero. Fijó su mirada en David y lo despreció, viendo que era un muchacho, rubio y de hermoso aspecto.

    El filisteo le dijo:

    «¿Me has tomado por un perro, para que vengas a mí con palos?».

    Y maldijo a David por sus dioses.

    El filisteo siguió diciéndole:

    «Acércate y echaré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo».

    David le respondió:

    «Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. En cambio, yo voy contra ti en nombre del Señor del universo, Dios de los escuadrones de Israel al que has insultado. El Señor te va a entregar hoy en mis manos, te mataré, te arrancaré la cabeza y hoy mismo entregaré tu cadáver y los del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra. Y toda la tierra sabrá que hay un Dios de Israel. Todos los aquí reunidos sabrán que el Señor no salva con espada ni lanzas, porque la guerra es del Señor y os va a entregar en nuestras manos».

    Cuando el filisteo se puso en marcha, avanzando hacia David, este corrió veloz a la línea de combate frente a él. David metió la mano en el zurrón, cogió una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayó de bruces en tierra.

    Así venció David al filisteo con una honda y una piedra. Lo golpeó y lo mató sin espada en la mano.

    David echó a correr y se detuvo junto al filisteo. Cogió su espada, la sacó de la vaina y lo remató con ella, cortándole la cabeza. Los filisteos huyeron, al ver muerto a su campeón.

     R/. ¡Bendito el Señor, mí alcázar!  

    Bendito el Señor, mi Roca, 

    que adiestra mis manos para el combate, 
    mis dedos para la pelea. R/.

    Mi bienhechor, mi alcázar, 

    baluarte donde me pongo a salvo, 
    mi escudo y refugio, 
    que me somete los pueblos. R/.

    Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, 

    tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: 
    para ti que das la victoria a los reyes,
    y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna. R/.

    En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.

    Entonces le dice al hombre que tenia la mano paralizada:

    «Levántate y ponte ahí en medio».

    Y a ellos les pregunta:

    «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».

    Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:

    «Extiende la mano».

    La extendió y su mano quedó restablecida.

    En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.

    3 min
  • Santa Inés

    Nos

    acercamos hasta el testimonio de una Santa en la adolescencia de su
    vida. Hoy celebramos a Santa Inés. Nacida el año 290, es hija de
    padre perteneciente al noble linaje de Clodi. Su nombre viene del
    latín agnus-i, que significa “cordero”. 

    Educada en la Fe

    cristiana, desde pequeña sintió la llamada a consagrarse por
    completo a Cristo como su Esposo. Su fidelidad se puso a prueba
    cuando el hijo del Prefecto Romano quiso pretenderla en matrimonio.
    Ella alega su condición de consagrada al Señor Jesús con estas
    palabras: “Yo amo a Cristo”. 

    Al delatarse será denunciada por el

    propio pretendiente ante su padre. Y es que Diocleciano gobernaba en
    este momento el Imperio y era un gran perseguidor de los cristianos.
    Tenían que intentar convencerla de que solamente tenía que
    sacrificar a los ídolos y así quedaría libre. 

    Incluso, con el

    tiempo lograrían ponerla en un escalafón alto del Imperio. Al no
    lograr disuadirla, el tribunal decretó que Santa Inés sea
    decapitada, sentencia que se aplicó, teniendo así ocasión de dar
    testimonio de su Fe con el derramamiento de sangre. 

    De hecho los que

    le iban a decapitar estaban muy asustados al ver lo que le pasaría a
    la niña, y se admiraron de su Fe y fortaleza. Al significar su
    sombre "cordero", siempre aparece en las Imágenes con este animal.
    Todo esto hace que sea recordada por su Fe, fortaleza y entereza.  

    1 min
  • “Nosotros miramos a los ojos, el Señor mira el corazón”

    En aquellos días, el Señor dijo a Samuel:

    «¿Hasta cuándo vas a estar sufriendo por Saúl, cuando soy yo el que lo he rechazado como rey de Israel? Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mi».

    Samuel respondió:

    «¿Cómo voy a ir? Si lo oye Saúl, me mata».

    El Señor respondió:

    «Llevas de la mano una novilla y dices que has venido a ofrecer un sacrificio al Señor. Invitarás a Jesé al sacrificio, y yo te indicaré lo que has de hacer. Me ungirás al que te señale».

    Samuel hizo lo que le había ordenado el Señor.

    Una vez llegado a Belén, los ancianos de la ciudad salieron temblorosos a su encuentro.

    Preguntaron:

    «¿Es de paz tu venida?».

    Respondió:

    «Si. He venido para ofrecer un sacrificio al Señor. Purificaos y venid conmigo al sacrificio».

    Purificó a Jesé y a sus hijos, y los invitó al sacrificio.

    Cuando estos llegaron, vio a Eliab y se dijo:

    «Seguro que está su ungido ante el Señor».

    Pero el Señor dijo a Samuel:

    «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón».

    Jesé llamó a Abinadab y lo presentó a Samuel, pero le dijo:

    «Tampoco a éste lo ha elegido el Señor».

    Jesé presentó a Samá. Y Samuel dijo:

    «El Señor tampoco ha elegido a este».

    Jesé presentó a sus siete hijos suyos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé:

    «El Señor no ha elegido a estos».

    Entonces Samuel preguntó a Jesé:

    «¿No hay más muchachos?».

    Y le respondió:

    «Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño».

    Samuel le dijo:

    «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa, mientras no venga».

    Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel:

    «Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este».

    Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

    Samuel emprendió luego el camino de Ramá.

     R/. Encontré a David, mi siervo  

    Un día hablaste en visión a tus santos: 

    «He ceñido la corona a un héroe, 
    he levantado a un soldado de entre el pueblo». R/.

    «Encontré a David, mi siervo, 

    y lo he ungido con óleo sagrado; 
    para que mi mano esté siempre con él 
    y mi brazo lo haga valeroso». R/.

    «Él me invocará: “Tú eres mi padre, 

    mi Dios, mi Roca salvadora”; 
    y lo nombraré mi primogénito, 
    excelso entre los reyes de la tierra». R/.

    Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.

    Los fariseos le preguntan:

    «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».

    Él les responde:

    «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, como entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que sólo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a los que estaban con él?».

    Y les decía:

    «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».

    3 min
  • San Sebastián

     Dios

    muestra con claridad en el Evangelio que si “alguien se pone de su
    parte ante los hombres, también Él se pondrá de su parte ante el
    Padre del Cielo”. Hoy recordamos a San Sebastián. Su vida
    transcurre en el siglo III y su entrega fue por confesar a Cristo y
    ponerse de parte de Él. Su vida transcurre en el siglo III.

    Entra en el Ejército Romano, para ayudar a

    los cristianos perseguidos. Su cargo de Capitán Imperial, le hará
    si cabe mayor defensor de la causa de Cristo. Eran momentos
    convulsos, pero él no tenía ningún miedo al sentirse protegido por
    el Señor. 

    Sin ningún problema, sigue dando testimonio, aun a riesgo

    de ser reconocido. Pero no le importa. Descubierto y denunciado ante
    el Emperador Maximino éste le pone en una disyuntiva: Si acepta
    ofrecer un sacrificio a los ídolos será ascendido, mientras que si
    persiste en su creencia será condenado a muerte. 

    Cuando él proclama

    su Fe con toda claridad, es llevado a un árbol donde será
    asaeteado. Hay un momento en el que le dan por muerto. Pero recogido
    por unos cristianos y curado, poco después volverá a ser detenido. 

    El motivo es que, en lugar de huir, se siente llamado a defender la

    Fe en el Señor Jesús. Y sin ningún miedo se presenta ante el
    Emperador. Esta vez muere por culpa de los azotes que recibió. Es la
    manera con que dió Gloria a Dios hasta llegar al Paraíso Eterno.
    Pronto levantarían en Roma una Basílica dedicada a San Sebastián.  

    1 min
  • “Jesucristo, eterna novedad”

    En aquellos días, Samuel dijo a Saúl:

    «Voy a comunicarte lo que me ha manifestado el Señor esta noche».

    Saúl contestó:

    «Habla».

    Samuel siguió diciendo:

    «¿No es cierto que siendo pequeño a tus ojos eres el jefe de las doce tribus de Israel? El Señor te ha ungido como rey de Israel. El Señor te envió con esta orden: “Ve y entrega al anatema a esos malvados amalecitas y combátelos hasta aniquilarlos”. ¿Por qué no has escuchado la orden del Señor, lanzándote sobre el botín, y has obrado mal a sus ojos?».

    Saúl replicó:

    «Yo he cumplido la orden del Señor y he hecho la campaña a la que me envió. Traje a Agag, rey de Amalec, y entregué al anatema a Amalec. El pueblo tomó del botín ovejas y vacas, lo más selecto del anatema, para ofrecérselo en sacrificio al Señor, tu Dios, en Guilgal».

    Samuel exclamó:

    «¿Le complacen al Señor los sacrificios y holocaustos tanto como obedecer su voz? La obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de carneros. Pues pecado de adivinación es la rebeldía y la obstinación, mentira de los terafim. Por haber rechazado la palabra del Señor, te ha rechazado como rey».

     R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios  

    No te reprocho tus sacrificios, 

    pues siempre están tus holocaustos ante mi. 
    Pero no aceptaré un becerro de tu casa, 
    ni un cabrito de tus rebaños. R/.

    ¿Por qué recitas mis preceptos 

    y tienes siempre en la boca mi alianza, 
    tú que detestas mi enseñanza 
    y te echas a la espalda mis mandatos? R/.

    Esto haces, ¿y me voy a callar? 

    ¿Crees que soy como tú? 
    Te acusaré, te lo echaré en cara. 
    El que me ofrece acción de gracias, 
    ése me honra; 
    al que sigue buen camino 
    le haré ver la salvación de Dios». R/.

    En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:

    «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?».

    Jesús les contesta:

    «¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras el novio está con ellos, no pueden ayunar.

    Llegarán días en que les arrebatarán al novio, y entonces ayunarán en aquel día.

    Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto -lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor.

    Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

    3 min
  • Beato Marcelo Spínola

     Grandes

    son los Santos que ha dado nuestra tierra española. Muchos de ellos
    han tenido mayor grandeza por su gran sencillez. Hoy celebramos al
    Beato Marcelo Spínola. Su humildad le hizo admirable por su
    confianza en el Señor, sintiendo su Bendición en todo cuanto hizo,
    a nivel espiritual y pastoral. 

    Nacido en 1835 en San Fernando (Cádiz)

    procede de familia con Título Nobiliario. Siempre le enseñaron a
    vivir la Fe, el respeto, la educación y el amor al prójimo como
    Dios nos pide. Todo ello con humildad y sencillez. 

    Estudió Derecho en

    Sevilla, y en Huelva abrió un bufete de abogados para asistir a los
    pobres que no podían pagar los pleitos. Tras descubrir su vocación
    al Sacerdocio, deja todo por el Evangelio. Ordenado sacerdote en
    Sevilla, su destino pastoral será la Iglesia de San Lorenzo donde
    ejercerá por un periodo de ocho años. 

    Desde ese momento es conocido

    porque no era un pastor distante sino que escuchaba a la gente y les
    acogía, y muy especialmente si eran necesitados. Posteriormente, es
    canónigo de la Catedral. Nombrado obispo de Coria, aquí funda las
    Esclavas del Divino Corazón. Málaga será su segunda Diócesis de
    destino hasta que recala en la Archidiócesis de Sevilla. 

    En todo

    momento vivió muy desprendido entregando cuanto poseía a los más
    necesitados y él vivía con lo estrictamente necesario. El Papa San
    Pío X le creará Cardenal en 1905. Una birreta que le será impuesta
    por Alfonso XIII. El Beato Marcelo Spínola muere en 1906.  

    1 min
  • “Tras de mí viene uno que está por delante de mí”

    Me dijo el Señor:

    «Tu eres mi siervo, Israel,

    por medio de ti me glorificaré».

    Y ahora dice el Señor,

    el que me formó desde el vientre como siervo suyo,

    para que le devolviese a Jacob,

    para que le reuniera a Israel;

    he sido glorificado a los ojos de Dios.

    Y mi Dios era mi fuerza:

    «Es poco que seas mi siervo

    para restablecer las tribus de Jacob

    y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.

    Te hago luz de las naciones,

    para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

     R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.  

    Yo esperaba con ansia al Señor; 

    él se inclinó y escuchó mi grito. 
    Me puso en la boca un cántico nuevo, 
    un himno a nuestro Dios. R/.

    Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, 

    y, en cambio, me abriste el oído; 
    no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios, 
    entonces yo digo: «Aquí estoy». R/.

    «-Como está escrito en mi libro- 

    para hacer tu voluntad. 
    Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R/.

    He proclamado tu justicia 

    ante la gran asamblea; 
    no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes. R/.

    Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

    En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

    «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

    Y Juan dio testimonio diciendo:

    «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.

    Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:

    “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.

    Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

    3 min

About RSS - Audios de Ecclesia

From the publisher's feed

Ecclesia: Las últimas noticias, audios, fotografías y vídeos sobre la Iglesia en España, el Papa Francisco y el Vaticano.Toda la información sociorreligiosa.