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  • San Miqueas, Profeta

    Los Profetas ya anunciaron que el Salvador nacería de la Virgen María. Hoy,

    Domingo IV de Adviento entramos en la recta final de este Tiempo de
    esperanza por excelencia. El Evangelio del día nos encuadra en los
    desposorios de José y María según San Mateo. Antes de convivir
    juntos resultó que Ella esperaba un Hijo por Obra del Espíritu
    Santo. 

    San José piensa en abandonar a su Prometida en secreto. Pero

    cuando lo decide el Señor le envía a su Ángel para que le diga que
    tome a María como Esposa ya que el Niño que hay en su seno viene de
    Dios. Al despertar el Santo Varón sigue al pie de la letra lo que
    el Señor le ha pedido. 

    Y ahora nos trasladamos hasta el Antiguo

    Testamento para conmemorar a San Miqueas. Él fue uno de los que
    anunció al Mesías Salvador, ya muchos siglos antes, manteniendo al
    Pueblo en la Fe del Señor de los Cielos, que vendrá y no tardará. 

    Este Profeta, cuyo nombre significa “¿Quién como Dios?”,

    predicó en el siglo VIII a. C., es el sexto del grupo de los
    Profetas Menores. Además
    de esta exigencia a la conversión, Miqueas habla ya de la Venida del
    Salvador: “Y
    tú Belén de Efratá, no eres ni mucho menos la menor de todas las
    ciudades, pues de ti saldrá un Jefe, que será el Pastor de mi
    Pueblo Israel”. 

    Esta es la Profecía que recordaron los letrados a

    Herodes cuando los Magos, venidos de Oriente, preguntan por el Rey de
    los judíos que había nacido. Esta
    Profecía se une a la de Isaías, que habla del Renuevo que brotará
    del Tronco de Jesé. San Miqueas muere
    en el siglo VII a. C. Muchas de sus ideas en las predicaciones fueron
    utilizadas por el rey Ezequías.  

    1 min
  • "La misericordia de Dios toca la tierra"

    En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo:

    «Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

    Respondió Ajaz:

    «No lo pido, no quiero tentar al Señor».

    Entonces dijo Isaías:

    «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel».

     R/. Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria  

    Del Señor es la tierra y cuanto la llena, 

    el orbe y todos sus habitantes: 
    él la fundó sobre los mares, 
    él la afianzó sobre los ríos. R/.

    ¿Quién puede subir al monte del Señor? 

    ¿Quién puede estar en el recinto sacro? 
    El hombre de manos inocentes y puro corazón, 
    que no confía en los ídolos. R/.

    Ese recibirá la bendición del Señor, 

    que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.

    Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios, que fue prometido por sus profetas en las Escrituras Santas y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne, constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos: Jesucristo nuestro Señor.

    Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados por Jesucristo.

    A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados santos, gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

    La generación de Jesucristo fue de esta manera:

    María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

    José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

    «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

    Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta:

    «Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

    Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

    3 min
  • San Vicente Romano

    Dios

    siempre es Novedad porque todo lo viene a hacer nuevo y a restaurar
    todas las cosas en Cristo. Hoy celebramos a San Vicente Romano, cuya
    trayectoria siempre estuvo marcada por la caridad y ese Amor que nos
    trae el Recién Nacido en el Pesebre. Nace en 1751 a las afueras de
    Nápoles. Siempre tuvo una gran sensibilidad por su Fe, con un afán
    de ayudar a los más necesitados. 

    Cuando descubre su vocación,

    ingresa en el Seminario napolitano. Allí tendrá como profesor al
    prestigioso Alfonso María de Ligorio, que fundó los Redentoristas.
    Ordenado con menos de treinta años, será cura de su propio lugar
    natal. Allí fue un gran apóstol entregado a todos. 

    Su preocupación

    fueron los necesitados y cuidó de que los feligreses fuesen
    atendidos. Se le llamó cariñosamente “el Párroco incansable”.
    También promovió los Sacramentos y quiso que los niños tuviesen su
    particular formación, algo que no debía morir de ninguna de las
    maneras. 

    Cuando el Vesubio entró en erupción, impulsó la

    reconstrucción moral y humana de la ciudad. Creó el apostolado de
    la pesca, tan usado actualmente muchas veces. Consistía en acercarse
    a cualquier paseante e invitarle a entrar a orar un poco en la
    próxima Iglesia. 

    Esto le hizo preocuparse por la realidad del mundo

    costero y de los que se dedicaban cada día a desafiar el mar.
    También puso paz en los conflictos entre los pescadores. Esto le
    hizo ser aún más valorado entre las gentes del mar. San Vicente
    Romano, concluyó la Basílica de Napóles y murió en 1831.  

    1 min
  • “Hágase en mí según tu palabra”

    En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo:

    «Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

    Respondió Ajaz:

    «No lo pido, no quiero tentar al Señor».

    Entonces dijo Isaías:

    «Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel».

     R/. Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria  

    Del Señor es la tierra y cuanto la llena, 

    el orbe y todos sus habitantes: 
    él la fundó sobre los mares, 
    él la afianzó sobre los ríos. R/.

    ¿Quién puede subir al monte del Señor? 

    ¿Quién puede entrar en el recinto sacro? 
    El hombre de manos inocentes y puro corazón, 
    que no confía en los ídolos. R/.

    Ese recibirá la bendición del Señor, 

    le hará justicia el Dios de salvación. 
    Esta es la generación que busca al Señor, 
    que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.

    En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

    El ángel, entrando en su presencia, dijo:

    «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

    Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:

    «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

    Y María dijo al ángel:

    «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?»

    El ángel le contestó:

    «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».

    María contestó:

    «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

    Y el ángel se retiró.

    3 min
  • "Tu ruego ha sido escuchado"

    En aquellos días, había en Sorá un hombre de estirpe danita, llamado Manoj. Su esposa era estéril y no tenía hijos.

    El ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo:

    «Eres estéril y no has engendrado. Pero concebirás y darás a luz un hijo. Ahora guárdate de beber vino o licor, y no comas nada impuro, pues concebirás y darás a luz un hijo. La navaja no pasará por su cabeza, porque el niño será un nazir de Dios desde el seno materno. Él comenzará a salvar a Israel de la mano de los filisteos».

    La mujer dijo al esposo:

    «Ha venido a verme un hombre de Dios. Su semblante era como el semblante de un ángel de Dios, muy terrible. No le pregunté de dónde era, ni me dio a conocer su nombre. Me dijo: “He aquí que concebirás y darás a luz un hijo. Ahora, pues, no bebas vino o licor, y no comas nada impuro; porque el niño será nazir de Dios desde el seno materno hasta el día de su muerte”».

    La mujer dio a luz un hijo, al que puso de nombre Sansón. El niño creció, y el Señor lo bendijo. El espíritu del Señor comenzó a agitarlo.

     R/. Que mi boca esté llena de tu alabanza y cante tu gloria  

    Sé tú mi roca de refugio, 

    el alcázar donde me salve, 
    porque mi peña y mi alcázar eres tú. 
    Dios mío, líbrame de la mano perversa. R/.

    Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza 

    y mi confianza, Señor, desde mi juventud. 
    En el vientre materno ya me apoyaba en ti, 
    en el seno tú me sostenías. R/.

    Contaré tus proezas, Señor mío; 

    narraré tu justicia, tuya entera. 
    Dios mío, me instruiste desde mi juventud, 
    y hasta hoy relato tus maravillas. R/.

    En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel.

    Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.

    Una vez que Zacarías oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.

    Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.

    Pero el ángel le dijo:

    «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, “para convertir los corazones de los padres hacia los hijos”, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».

    Zacarías replicó al ángel:

    «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada».

    Respondiendo el ángel, le dijo:

    «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia. Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno».

    El pueblo, que estaba aguardando a Zacarías, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo.

    Al cumplirse los días de su servicio en el templo, volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses, diciendo:

    «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor, cuando se ha fijado en mí para quitar mi oprobio ante la gente».

    3 min
  • San Anastasio

     La

    Sencillez que Dios quiere para sus discípulos es la que tuvo Él y
    la que llevaron en sus vidas, Santos como el de este día. Y es que
    hoy celebramos a San Anastasio. Su nacimiento se sitúa en Persia y
    vive en el siglo VII. Procedente de familia no cristiana, su nombre
    originario fue Magundat. Desde pequeño recibió una educación según
    el pueblo al que pertenecía. 

    También asumió la disciplina y todas

    las costumbres de sus paisanos. Pero hay un hecho que le llevará
    hasta Dios. Se trata de que continuamente había guerras entre Persia
    y el ejército bizantino. Estos último eras cristianos y, sin
    saberlo cómo, Anastasio conoció a algunos de estos servidores del
    Evangelio. 

    Pero esto no quedó así ni pasó desapercibido en su

    corazón. De su indiferencia pasó a sus curiosidad, conocimiento y
    luego abrazo del cristianismo. El hecho de que los cristianos
    hubiesen usurpado la Cruz de Cristo le impresionó de tal manera que
    poco a poco fue descubriendo la Verdad que es el Señor. 

    Un día pide

    ser bautizado y termina en un convento como ermitaño. Para mejor
    prepararse decide adentrarse en esa vida muy eremítica. Pero toma
    una opción que le llevará a la persecución y la muerte, que es
    volver a su tierra natal. Descubierto por ser cristiano, es
    arrestado. 

    San Anastasio muere mártir, hacia el año 620. Los

    cristianos tuvieron gran devoción por él desde el principio. Una
    vez martirizado siguieron difundiendo su culto. Lo que hicieron
    también fue repartir sus reliquias por diversos lugares para
    fomentar ese culto al mártir San Anastasio.  

    1 min
  • "Le pondrás por nombre Jesús"

    Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que daré a David un vástago legítimo: reinará como monarca prudente, con justicia y derecho en la tierra.

    En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro.

    Y le pondrán este nombre: «El-Señor-nuestra-justicia».

    Así que llegan días —oráculo del Señor— en que ya no se dirá: «Lo juro por el Señor, que sacó a los hijos de Israel de Egipto», sino: «Lo juro por el Señor, que sacó a la casa de Israel del país del norte y de los países por donde los dispersó, y los trajo para que habitaran en su propia tierra».

     R/. En sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente  

    Dios mío, confía tu juicio al rey, 

    tu justicia al hijo de reyes, 
    para que rija a tu pueblo con justicia, 
    a tus humildes con rectitud. R/.

    Él librará al pobre que clamaba, 

    al afligido que no tenía protector; 
    él se apiadará del pobre y del indigente,
    y salvará la vida de los pobres. R/.

    Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

    el único que hace maravillas; 
    bendito por siempre su nombre glorioso; 
    que su gloria llene la tierra. 
    ¡Amén, amén! R/.

    La generación de Jesucristo fue de esta manera:

    María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

    José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

    «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

    Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta:

    «Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

    Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

    3 min
  • Nuestra Señora, La Virgen de la O

    Nos

    encontramos en estos días donde todo tiene un aroma de feliz espera.
    Hoy es Nuestra Señora de la O, una de las Advocaciones Marianas más
    relacionadas precisamente con la esperanza del cristiano. 

    Cuando nos

    encontramos a una semana del Nacimiento del Mesías, la Creación
    está expectante.
    Incluso
    gime toda Ella con dolores de Parto. Y
    dentro de esta gozosa espera, se encuentra María, preparada de la
    mejor manera que se pueda imaginar para alumbrar al Fruto Bendito de
    su vientre. Para ser la Nueva Eva que engendra al nuevo Adán. 

    Así

    lo propagaron sucesivamente San Eugenio III y San Ildefonso, como
    devotos Obispos de María. Sobre todo San Ildefonso se fijó en que
    uno de los Misterios más sublimes es la Encarnación del Señor el
    25 de marzo.
    Es
    el
    más
    importante después de la Resurrección y
    Pentecostés.

    Un

    Acontecimiento que queda diluido ya que la Cuaresma, de alguna forma,
    le eclipsa. 

    Y es que muchas veces coincide con los días principales

    de Cuaresma o la Semana Santa, o la Octava de Pascua. De esa manera
    no se vive como debiera hacerse. Por ese motivo, para complementar
    esa festividad puso ocho días antes de la Natividad del Señor la
    Virgen Expectante. Esto se trasladó a toda la Iglesia. 

    Durante la

    Edad Media las mujeres a punto de dar a luz, pedían la Bendición
    especial. En España se sigue viviendo de forma popular esta
    festividad, y muy particularmente en el Sur. Pero la devoción ha
    saltado nuestras fronteras y ha saltado el Charco hasta llegar a
    Tierras del Nuevo Continente.  

    1 min
  • "Reuníos, agrupaos y escuchadme"

    En aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les dijo:

    «Reuníos, que os voy a contar lo que os va a suceder en el futuro; agrupaos y escuchadme, hijos de Jacob, oíd a vuestro padre Israel:

    A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, pondrás la mano sobre la cerviz de tus enemigos, se postrarán ante ti los hijos de tu padre.

    Judá es un león agazapado, has vuelto de hacer presa, hijo mío; se agacha y se tumba como león o como leona, ¿quién se atreve a desafiarlo?

    No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos».

     R/. En sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente  

    Dios mío, confía tu juicio al rey, 

    tu justicia al hijo de reyes, 
    para que rija a tu pueblo con justicia, 
    a tus humildes con rectitud. R/.

    Que los montes traigan paz, 

    y los collados justicia; 
    defienda a los humildes del pueblo, 
    socorra a los hijos del pobre. R/.

    En sus días florezca la justicia 

    y la paz hasta que falte la luna; 
    domine de mar a mar, 
    del Gran Río al confín de la tierra. R/.

    Que su nombre sea eterno, 

    y su fama dure como el sol; 
    él sea la bendición de todos los pueblos, 
    y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.

    Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.

    Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés engendró a Esrón, Esrón engendró a Aran, Aran engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.

    David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.

    Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

    Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo, catorce.

    3 min
  • San Juan de Mata

    El

    Adviento muestra sobre todo la Liberación de Dios con su Nacimiento,
    que alcanzará su plenitud cuando llegue la Pascua. Hoy celebramos a
    un hombre escogido por Dios para devolver la libertad a los cautivos:
    San Juan de Mata. Nace en Francia en los límites con tierras
    españolas en 1160. 

    Hombre de estudios alcanzó el Doctorado. Pero

    también tenía una gran vida interior. Oraba muchos ratos y ayudaba
    a los necesitados. Esto le hace adentrarse en la vida consagrada por
    lo que se ordena sacerdote. Un día, concretamente en su Primera Misa
    tiene una visión. 

    En ella Dios le hace ver a un grupo numeroso de

    cristianos apresados en África y de los que nadie se acuerda. Otros
    datos aportan que en otra visión volvió a ver dos personas: un
    cristiano y un africano, apresados ambos. 

    Queriendo descubrir el

    sentido de las dos visiones, consulta a su amigo también Santo Félix
    de Valois. Descubriendo lo que la Providencia les pide, fundan los
    Trinitarios dedicados a rescatar cautivos. Para lograrlo, consagró
    el carisma a la Santísima Trinidad. 

    De ahí el nombre de la Orden.

    Tras obtener la autorización del Papa y el beneplácito del rey
    francés ponen en práctica su carisma en tierras africanas con
    grandes dificultades. San Juan de Mata pasa sus últimos años
    predicando en Roma donde morirá el año 1213.  

    1 min

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