RSS - Audios de Ecclesia

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RSS - Audios de Ecclesia episodes

  • “Gratis habéis recibido, dad gratis”

    Esto dice el Señor, el Santo de Israel:

    «Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, se apiadará de ti al oír tu gemido: apenas te oiga, te responderá.

    Aunque el Señor te diera el pan de la angustia y el agua de la opresión ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro.

    Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a tus espaldas que te dice: “Éste es el camino, camina por él”.

    Te dará lluvia para la semilla que siembras en el campo, y el grano cosechado en el campo será abundante y suculento; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas; los bueyes y asnos que trabajan en el campo comerán forraje fermentado, aventado con pala y con rastrillo.

    En toda alta montaña, en toda colina elevada habrá canales y cauces de agua el día de la gran matanza, cuando caigan las torres.

    La luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces mayor, como la luz de siete días, cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure las llagas de sus golpes».

     R/. Dichosos los que esperan en el Señor  

    Alabad al Señor, que la música es buena; 

    nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. 
    El Señor reconstruye Jerusalén, 
    reúne a los deportados de Israel. R/.

    Él sana los corazones destrozados, 

    venda sus heridas. 
    Cuenta el número de las estrellas, 
    a cada una la llama por su nombre. R/.

    Nuestro Señor es grande y poderoso, 

    su sabiduría no tiene medida. 
    El Señor sostiene a los humildes, 
    humilla hasta el polvo a los malvados. R/.

    En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.

    Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».

    Entonces dice a sus discípulos:

    «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

    Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.

    A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:

    «Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

    3 min
  • San Nicolás de Bari

    Nos

    acercamos a un hombre cuya trayectoria está muy imbuida de Dios y de
    su Venida en el Adviento: San Nicolás de Bari. Oriundo de Licia, en
    Turquía, sus padres se encargaron de que tuviese una formación
    sólidamente cristiana. A esta educación se sumó el Obispo de
    Pitara. Desde siempre se dejó llenar de Dios y mostraba también una
    exquisita caridad. 

    A la muerte de sus padres, le queda una importante

    fortuna. Realmente quería emplearla en algo bueno, pero siempre sin
    ser descubierto porque se sentía muy metido en el Pasaje del
    Evangelio que señala que “tu mano izquierda no sepa lo que hace tu
    mano derecha”. 

    Casualmente entonces oyó la noticia de un padre que

    iba a vender a sus hijas, dada la pobreza en que se hallaba
    sumergido. Fue cuando le entregó monedas de oro de las que disponía,
    evitando que pusiese en marcha aquel plan nocivo. Esperando una vida
    más entregada a Dios se prepara y se ordena sacerdote. 

    Inesperadamente, viaja a Mira y reparan en él para que sea el Pastor

    de allí, servicio que aceptó por obediencia. Tuvo que sortear
    muchas dificultades, como defender a inocentes condenados a muerte, o
    asegurar el respeto al Edicto de Milán. 

    También participó en el

    Concilio I de Nicea el año 325 donde se definió a Cristo de la
    misma Naturaleza que el Padre por Quien todo fue hecho, y que este
    año tiene una conmemoración especial al cumplirse 1700 años de su
    desarrollo.. San Nicolás de Bari muere en el siglo IV y sus
    reliquias son trasladadas a Bari (Italia), el siglo XI. Era un
    protector de los marineros. Por eso es su Patrón.

    2 min
  • “¿Tienes fe?”

    Esto dice el Señor:

    «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, y el vergel parecerá un bosque.

    Aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor, y los pobres se llenarán de júbilo en el Santo de Israel; porque habrá desaparecido el violento, no quedará rastro del cínico; y serán aniquilados los que traman para hacer el mal: los que condenan a un hombre con su palabra, ponen trampas al juez en el tribunal, y por una nadería violan el derecho del inocente.

    Por eso, el Señor, que rescató a Abrahán, dice a la casa de Jacob:

    “Ya no se avergonzará Jacob, ya no palidecerá su rostro, pues, cuando vean sus hijos mis acciones en medio de ellos, santificarán mi nombre, santificarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel”.

    Los insensatos encontrarán la inteligencia y los que murmuraban aprenderán la enseñanza».

     R/. El Señor es mi luz y mi salvación  

    El Señor es mi luz y mi salvación, 

    ¿a quién temeré? 
    El Señor es la defensa de mi vida, 
    ¿quién me hará temblar? R/.

    Una cosa pido al Señor, 

    eso buscaré: 
    habitar en la casa del Señor 
    por los días de mi vida; 
    gozar de la dulzura del Señor, 
    contemplando su templo. R/.

    Espero gozar de la dicha del Señor 

    en el país de la vida. 
    Espera en el Señor, sé valiente, 
    ten ánimo, espera en el Señor. R/.

    En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando:

    «Ten compasión de nosotros, hijo de David».

    Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo:

    «¿Creéis que puedo hacerlo?».

    Contestaron:

    «Sí, Señor».

    Entonces les tocó los ojos, diciendo:

    «Que os suceda conforme a vuestra fe».

    Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente:

    «¡Cuidado con que lo sepa alguien!».

    Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

    3 min
  • San Mauro

     Una

    de las notas del Adviento es la profundización en la oración y la
    vigilancia al Dios que viene. Hoy celebramos a San Mauro que siempre
    se mantuvo en la vigilancia propia de un místico contemplativo.
    Nacido hacia el siglo VI en Italia, vive un ambiente donde no hay
    persecución, pero la relajación de costumbres hace necesario el
    testimonio. 

    Desde pequeño es llevado al Monacato de San Benito. Allí

    será apadrinado por el Santo. Ya desde entonces mostraba esa inclinación a la
    reflexión y la oración. Durante todo este periodo se ejercita en la
    obediencia, la oración, el estudio y el trabajo cotidiano. 

    Siempre

    huyó de la fama. Por eso se ganó más el respeto de todos los que
    le conocían porque era un hombre sencillo y fiel a Dios. Uno de los
    milagros que se relatan de él fue que cierto días un novicio se
    estaba ahogando. San Benito le pidió ayuda para rescatarlo. 

    El joven

    Mauro se dispuso a hacerlo y según iba hacia el novicio se daba
    cuenta que caminaba sobre las aguas. Y logró lo que se había
    propuesto. Pero no quiso recordarlo mucho. Simplemente dijo que todo
    había sido sin duda la Providencia. Él había sido solamente un
    instrumento. Enviado a Francia a fundar conventos benedictinos, lo
    llevó a cabo con mucho esmero. 

    En ese Convento fue un gran maestro

    de novicios y un gran ejemplo de consagración al Señor y de
    servicio a los demás. Por todo eso creó una auténtica comunidad.
    La oración y la armonía entre los monjes se notaba como un
    Verdadero Don Divino. San Mauro muere en el propio país francés.  

    1 min
  • “Confiad siempre en el Señor”

    Aquel día, se cantará este canto en la tierra de Judá:

    «Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes.

    Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti.

    Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua.

    Doblegó a los habitantes de la altura, a la ciudad elevada; la abatirá, la abatirá hasta el suelo, hasta tocar el polvo.

    La pisarán los pies, los pies del oprimido, los pasos de los pobres».

     R/. Bendito el que viene en nombre del Señor  

    Dad gracias al Señor porque es bueno, 

    porque es eterna su misericordia.

    Mejor es refugiarse en el Señor

    que fiarse de los hombres,

    mejor es refugiarse en el Señor

    que fiarse de los jefes. R/.

    Abridme las puertas de la salvación,

    y entraré para dar gracias al Señor.

    Esta es la puerta del Señor:

    los vencedores entrarán por ella.

    Te doy gracias porque me escuchaste

    y fuiste mí salvación. R/.

    Señor, danos la salvación;

    Señor, danos prosperidad.

    Bendito el que viene en nombre del Señor,

    os bendecimos desde la casa del Señor;

    el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

    «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

    El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

    El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

    3 min
  • San Juan Damasceno

     Muchos

    han sido los que han mostrado la Sabiduría de Dios para que impregne
    de su amor a los hombres. Ha sido el mejor Adviento, como le ha pasado
    a San Juan Damasceno que celebramos hoy. Nacido en Damasco – de ahí
    su sobrenombre- a finales del siglo VII, procede de familia
    cristiana. El substrato cristiano del hogar le hace prepararse y
    estudiar. 

    Durante algún tiempo estuvo con su padre en los grandes

    servicios políticos y sociales que desempeñaba, hasta que un día
    decide retirarse a la oración y la contemplación en el Monasterio
    de San Sabas. También le gusta reflexionar con el estudio de las
    materias de entonces. 

    La Filosofía y la Teología se unen a las

    matemáticas y la música. Es el último Padre de la Iglesia de
    Oriente, al que la Providencia da una gran sabiduría nutrida de la
    Tradición Eclesiástica y la Sagrada Escritura. En su amor a la
    Iglesia le hace rebatir las herejías de entonces. 

    Por ejemplo, los

    monofisitas que rechazan la Naturaleza Humana de Cristo, porque
    defendían que la Naturaleza Divina había absorbido a la Humana del
    Salvador. Además surgieron los iconoclastas que rechazaban el culto
    a las imágenes. 

    Este Padre de la Iglesia tuvo que resaltar el culto

    relativo a las imágenes que es lo que defiende la Iglesia porque
    ellas nos acercan a Dios, su Madre y los Santos. San Juan Damasceno
    muere a mediados del siglo VIII. Uno de sus libros de mayor compendio
    es “La exposición de la Fe ortodoxa”. Se le
    considera uno de los puentes entre la Fe y la cultura de su tiempo
    que le tocó vivir.  

    1 min
  • “No quiero despedirlos en ayunas”

    En aquel día, preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados.

    Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre a todas las naciones.

    Aniquilará la muerte para siempre. Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo —lo ha dicho el Señor—.

    Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios.

    Esperábamos en él y nos ha salvado.

    Este es el Señor en quien esperamos.

    Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».

     R/. Habitaré en la casa del Señor por años sin término

    El Señor es mi pastor, nada me falta:

    en verdes praderas me hace recostar;

    me conduce hacia fuentes tranquilas

    y repara mis fuerzas. R/.

    Me guía por el sendero justo,

    por el honor de su nombre.

    Aunque camine por cañadas oscuras,

    nada temo, porque tú vas conmigo:

    tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

    Preparas una mesa ante mí,

    enfrente de mis enemigos;

    me unges la cabeza con perfume,

    y mi copa rebosa. R/.

    Tu bondad y tu misericordia me acompañan

    todos los días de mi vida,

    y habitaré en la casa del Señor

    por años sin término. R/.

    En aquel tiempo, Jesús, se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él.

    Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies, y él los curaba.

    La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel.

    Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

    «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».

    Los discípulos le dijeron:

    «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».

    Jesús les dijo:

    «¿Cuántos panes tenéis?».

    Ellos contestaron:

    «Siete y algunos peces».

    Él mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.

    Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.

    3 min
  • San Francisco Javier

     La

    preparación del Camino al Señor ha contado con muchos heraldos y
    mensajeros de paz en la Historia de la Iglesia. Hoy celebramos a San
    Francisco Javier, uno de los grandes baluartes del anuncio de la Fe. 

    Nacido el año 1506 en el Castillo de su familia en Navarra, su padre

    es un hombre de letras, mientras su madre es heredera de la posesión
    de Javier. Siguiendo el afán de estudio, marcha a París. Pero su
    idea es grandes sapiencias humanas. 

    Tras cursar Filosofía y estudios

    teológicos, tres compañeros le ayudarán a entrar en un ámbito de
    Iglesia: Cornelio Fabro, Juan de la Peña y, sobre todo, Ignacio de
    Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Su amistad es grande
    aunque sus ideas les separan porque ellos viven en el carisma de la
    sobrenaturalidad y Francisco en lo meramente terreno. 

    Pero un detalle

    le lleva a la conversión. Y es que San Ignacio le recuerda
    continuamente las palabras del Evangelio donde Cristo lanza a sus
    discípulos esta advertencia en forma de pregunta: “De qué le
    sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?”. 

    Así abraza

    plenamente la Fe. Decidido a entrar en los jesuitas, hizo sus
    primeros votos en Montmartre en 1534, ordenándose sacerdote tres
    años después en Venecia. Entonces hay un proyecto del rey que busca
    extender sus terrenos a Ultramar, él se apunta a la idea para llevar
    el Evangelio. 

    Marcha, por eso, a predicar la Buena Nueva en Las

    Indias, como apóstol y peregrino infatigable. San Francisco Javier
    será Provincial de los jesuitas. Muere en el año 1552, siendo
    declarado Patrón de las misiones. Su huella y testimonio quedan
    patentes en tierras de Japón.  

    1 min
  • “Dios siempre está a nuestro lado”

    Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.

    Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.

    No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con justicia, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará al violento con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios hará morir al malvado.

    La justicia será ceñidor de su cintura, y la lealtad, cinturón de sus caderas.

    Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor.

    La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león como el buey, comerá paja.

    El niño de pecho retozará junto al escondrijo de la serpiente, y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid.

    Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar.

    Aquel día, la raíz de Jesé será elevada como enseña de los pueblos: se volverán hacia ella las naciones y será gloriosa su morada.

     R/. Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente

    Dios mío, confía tu juicio al rey,

    tu justicia al hijo de reyes,

    para que rija a tu pueblo con justicia,

    a tus humildes con rectitud. R/.

    En sus días florezca la justicia

    y la paz hasta que falte la luna;

    domine de mar a mar,

    del Gran Río al confín de la tierra. R/.

    Él librará al pobre que clamaba,

    al afligido que no tenía protector;

    él se apiadará del pobre y del indigente,

    y salvará la vida de los pobres. R/.

    Que su nombre sea eterno,

    y su fama dure como el sol;

    él sea la bendición de todos los pueblos,

    y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.

    En aquella hora Jesús se llenó de la alegría en el Espíritu Santo y dijo:

    «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

    Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:

    «¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».

    3 min
  • Beata María Ángela Astorch

     La

    figura de la mujer que hoy celebramos, estuvo inmersa en la vida
    contemplativa para profundizar en el Amor de Dios y pedir por las
    intenciones de todos los hombres: La Beata María Ángela Astorch.
    Natural de Barcelona en el año 1592, su familia es muy humilde y
    sencilla. El hogar es muy religioso. Muere el padre y eso marca en la
    familia. 

    Y por si fuera poco, un accidente fortuito estuvo a punto de

    llevarle a la muerte por envenenamiento. La madre era una mujer de Fe
    sólida que sabía descubrir siempre la Mano Amorosa de Dios. Incluso
    cuando había dificultades ella sabía dar la esperanza propia del
    cristiano. 

    Este hecho marcó a la familia porque veían en María

    Ángela una persona carismática de carácter fuerte, pero de oración
    al mismo tiempo. Todos pensaban que algo le tenía reservado el
    Señor. En los inicios de su infancia muere la madre y las capuchinas
    de la Ciudad Condal le acogen. 

    En su entorno descubre que está hecha

    para esa vida austera y contemplativa. Incluso sus rezos diarios le
    hacen sentirse muy llena de Dios y su vida. En su reflexión y sus
    escritos se notaba su capacidad mística. Había que reforzar el
    carisma y fue enviada a Zaragoza y a Murcia. Allí debía fundar
    nuevos Conventos. 

    Su profundidad espiritual se incrementó y además

    comprobaron su gran organización. En la capital murciana se hizo más
    patente la Cruz con epidemias y problemas de todo tipo. En ellos se
    afianzó más en Dios. Tuvo probablemente experiencias místicas que
    no divulgó por prudencia. La Beata María Ángel Astorch muere en el
    año 1665.  

    1 min

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