RSS - Audios de Ecclesia

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RSS - Audios de Ecclesia episodes

  • “En Israel no he encontrado en nadie tanta fe”

    Aquel día, el vástago del Señor será el esplendor y la gloria, y el fruto del país será orgullo y ornamento para los redimidos de Israel.

    A los que queden en Sion y al resto de Jerusalén

    los llamarán santos: todos los que en Jerusalén están inscritos para la vida.

    Cuando el Señor haya lavado la impureza de las hijas de Sion

    y purificado la sangre derramada en Jerusalén,

    con viento justiciero, con un soplo ardiente,

    creará el Señor sobre toda la extensión del monte Sion y sobre su asamblea

    una nube de día, un humo y un resplandor de fuego llameante de noche.

    Y por encimo, la gloria será un baldaquino

    y una tienda, sombra en la canícula,

    refugio y abrigo de la tempestad y de la lluvia.

     R/. Vamos alegres a la casa del Señor.

    ¡Qué alegría cuando me dijeron:

    «Vamos a la casa del Señor»!

    Ya están pisando nuestros pies

    tus umbrales, Jerusalén. R/.

    Jerusalén está fundada

    como ciudad bien compacta.

    Allá suben las tribus,

    las tribus del Señor. R/.

    Según la costumbre de Israel,

    a celebrar el nombre del Señor;

    en ella están los tribunales de justicia,

    en el palacio de David. R/.

    Desead la paz a Jerusalén:

    «Vivan seguros los que te aman,

    haya paz dentro de tus muros,

    seguridad en tus palacios». R/.

    Por mis hermanos y compañeros,

    voy a decir: «La paz contigo».

    Por la casa del Señor, nuestro Dios,

    te deseo todo bien. R/.

    En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:

    «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».

    Le contestó:

    «Voy yo a curarlo».

    Pero el centurión le replicó:

    «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace».

    Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:

    «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos».

    3 min
  • Santos Edmundo Campion y Roberto Southwell

     Dios

    viene a plantar su tienda entre nosotros y quiere entregar su vida
    por todos. En este primer lunes de Adviento conmemoramos a los Santos
    Edmundo Campión, Roberto Southwell y compañeros mártires. 

    Edmundo

    nació en 1540 en Londres. Su habilidad para el estudio le hacen
    formarse y apoyar a quienes tenían capacidad de formación
    intelectual para prepararse debidamente en la prestigiosa Universidad
    de Óxford. Hombre de gran valía ingresa en la Compañía de Jesús
    huyendo de las alabanzas que le hacían en la Corte. 

    Otro motivo fue

    que la Reforma Anglicana de Enrique VIII le creó serias dudas sobre
    la conducta del monarca y quiso ser fiel al Papa de Roma. Al final es
    capturado por ser católico y condenado a muerte. En el caso de
    Roberto Southwell su nacimiento se sitúa en el año 1561, unos años
    después que Campion. 

    Era un hombre de gran sensibilidad hacia la

    literatura, la poesía y la reflexión espiritual e interior. Y
    también ingresa en la Compañía de Jesús hasta que huye por la
    persecución. Un día recapacita y vuelve a apoyar a sus ovejas. Eso
    sí, lleva una vida oculta por prudencia, pero sin importarle el
    riesgo de muerte. 

    Escribe cartas clandestinas alentando a los

    católicos. Su fidelidad le delata y es arrestado. En el calabozo le
    infringirán muchos tormentos. Todo esto, antes de morir hace que su
    ejemplo arrastre a muchos a abandonar el anglicanismo y abrazar la
    Iglesia Católica.. Tanto Roberto Campion como Roberto Southwell
    fueron estímulo de entrega a Dios, por defender la Verdad.  

    1 min
  • “Tiempo de vivir con el corazón despierto”

    Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén.

    En los días futuros estará firme

    el monte de la casa del Señor,

    en la cumbre de las montañas,

    más elevado que las colinas.

    Hacia él confluirán todas las naciones,

    caminarán pueblos numerosos y dirán:

    «Venid, subamos al monte del Señor,

    a la casa del Dios de Jacob.

    Él nos instruirá en sus caminos

    y marcharemos por sus sendas;

    porque de Sión saldrá la ley,

    la palabra del Señor de Jerusalén».

    Juzgará entre las naciones,

    será árbitro de pueblos numerosos.

    De las espadas forjarán arados,

    de las lanzas, podaderas.

    No alzará la espada pueblo contra pueblo,

    no se adiestrarán para la guerra.

    Casa de Jacob, venid;

    caminemos a la luz del Señor.

     R/. Vamos alegres a la casa del Señor

    ¡Qué alegría cuando me dijeron:

    «Vamos a la casa del Señor»!

    Ya están pisando nuestros pies

    tus umbrales, Jerusalén. R/.

    Allá suben las tribus,

    las tribus del Señor,

    según la costumbre de Israel,

    a celebrar el nombre del Señor;

    en ella están los tribunales de justicia,

    en el palacio de David. R/.

    Desead la paz a Jerusalén:

    «Vivan seguros los que te aman,

    haya paz dentro de tus muros,

    seguridad en tus palacios». R/.

    Por mis hermanos y compañeros,

    voy a decir: «La paz contigo».

    Por la casa del Señor,

    nuestro Dios, te deseo todo bien. R/.

    Hermanos:

    Comportaos reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.

    Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo.

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

    «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.

    En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.

    Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

    Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.

    Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

    3 min
  • Comienzo del Adviento

     Existen

    momentos que nos introducen en la Historia de la Salvación y aunque
    se repitan cada año, siempre tienen algo de nuevo. Hoy precisamente,
    damos comienzo a un Nuevo Año Litúrgico. Después de la Solemnidad
    de Jesucristo, Rey del Universo, con la que cerrábamos un Ciclo
    Litúrgico, empieza el Ciclo A con el Adviento. 

    Este Tiempo es la

    preparación para la Navidad, en el que se recuerdan las tres Venidas
    de Cristo: Una es la que tuvo lugar en la Historia cuando nace en
    Belén; otra es la Venida Al final de los tiempos en Gloria y la
    última es cuando le hacemos Presente cada día en el Sacrificio
    Eucarístico y en nuestras vidas cotidianas. 

    Las cuatro semanas del

    Adviento tiene la primera parte que se refiere a la Venida Gloriosa
    de Cristo el final, y la segunda parte nos adentra en la preparación
    para conmemorar su nacimiento en Belén, el 25 de diciembre. 

    El

    origen de este periodo adventual nos lleva a los Primitivos Tiempos en
    el que los cristianos celebran el Nacimiento de Jesús, tras el
    periodo de persecución, en el 313 retornan las Fiestas centrada en
    el Señor. San Jerónimo en La Vulgata asume la espera en la venida
    del Mesías. 

    El año 380 en Hispania, el Concilio de Zaragoza

    promueve la Preparación para el Nacimiento del Salvador. San Hilario
    también alude a ello y en Las Galias surge este afán preparatorio
    en el corazón. San Gregorio de Tours invita a un ayuno especial
    antes de la Navidad. En el siglo VI Roma ya vive este tiempo con seis
    semanas que San Gregorio Magno reducirá a las cuatro actuales. 

    La

    Virgen, junto a San José, San Juan Bautista y el Profeta Isaías son
    los pilares de este Tiempo. La Corona de Adviento con cada vela que
    se enciende cada domingo evoca al Pueblo Santo que espera a su Señor
    con la lámpara encendida.  

    1 min
  • “Poseerán el reino por los siglos”

    Yo, Daniel, me sentía agitado por dentro, y me turbaban las visiones de mi mente.

    Me acerqué a uno de los que estaban allí en pie y le pedí que me explicase todo aquello.

    Él me contestó exponiéndome la interpretación de la Visión:

    «Esas cuatro bestias gigantescas representan cuatro reinos que surgirán en el mundo. Pero los santos del Altísimo recibirán el reino y lo poseerán para siempre por los siglos de los siglos».

    Yo quise saber qué significaba la cuarta bestia, distinta de las demás, terrible, con dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba, y pateaba las sobras con las pezuñas, y qué significaban los diez cuernos de su cabeza, y el otro cuerno que le salía y eliminaba a otros tres; aquel cuerno que tenía ojos y una boca que profería insolencias, y era más grande que sus compañeros.

    Mientras yo seguía mirando, aquel cuerno luchó contra los santos y los derrotó.

    Hasta que llegó el anciano para hacer justicia a los santos del Altísimo; se cumplió el tiempo y los santos tomaron posesión del reino.

    Después me dijo:

    «La cuarta bestia es un cuarto reino que habrá en la tierra, distinto de todos los demás; devorará toda la tierra, la trillará y triturará. Sus diez cuernos son diez reyes que habrá en aquel reino; después de ellos vendrá otro distinto que destronará a tres reyes, blasfemará contra el Altísimo, e intentará aniquilar a los santos del Altísimo y cambiar el calendario y la ley. Los santos serán abandonados a su poder durante un año, dos años y medio año.

    Pero cuando se siente el tribunal a juzgar, se le quitará el poder y será destruido y aniquilado totalmente.

    El reinado, el dominio y la grandeza de todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo.

    Su reino será un reino eterno, al que temerán y se someterán todos los soberanos».

     R/. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!

    Hijos de los hombres, bendecid al Señor. R/.

    Bendiga Israel al Señor. R/.

    Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor. R/.

    Siervos del Señor, bendecid al Señor. R/.

    Almas y espíritus justos, bendecid al Señor. R/.

    Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor. R/.

    En aquel tiempo, aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

    «Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

    Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

    3 min
  • San Saturnino de Tolosa

     Nuestra

    geografía siempre ha estado amparada por grandes hombres que le han
    hecho “Tierra de Santos”. Hoy es San Saturnino de Tolosa, cuyo
    apostolado recaló en tierras navarro-francesas. La Catedral de esta
    ciudad, contaría con este Santo como su primer Obispo. Algunos le
    señalan como descendiente de personajes nobles romanos. 

    Otros le

    presentan como uno de los discípulos del Señor. En el año 250,
    cuando Decio gobierna Roma, en Tolosa existe una floreciente
    comunidad cristiana, pastoreada por Saturnino. Él había seguido la
    Huella del Espíritu de Dios que le había hecho un gran Pastor. 

    Su

    estilo de predicar era directo, creativo y sencillo. La gente
    disfrutaba escuchándole. Se fue ganando almas para el Cielo, no
    imponiendo la Fe sino exponiéndola con su palabra y el testimonio
    que daba con su sencillez y humildad. Esto es también signo de
    contradicción porque los paganos no aceptan la forma de vida de los
    cristianos, contrarias a las costumbres imperiales. 

    Por eso cuentan

    las actas cómo son martirizados. Su muerte fue muy cruel, porque lo
    atacó un toro hasta matarle. El culto a San Saturnino de Tolosa se
    extiende por todas las Galias, el Mediterráneo y pasa hasta
    Hispania. 

    Su sucesor, el Obispo Hilario, construyó una Basílica en

    su honor que sería destruida el 711. Tras su construcción
    definitiva en el siglo XI, el Papa Urbano II la consagra y el Obispo
    Raimundo de Falgar depositará en el coro los restos del Santo. San
    Saturnino bautizó a muchos navarros. Por eso es el Patrón de
    Pamplona.  

    1 min
  • “Sabed que está cerca el reino de Dios”

    Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: Vi que los cuatro vientos del cielo agitaban el océano. Cuatro bestias gigantescas salieron del mar, distintas una de otra.

    La primera era como un león con alas de águila; la estaba mirando y de pronto vi que le arrancaban las alas, la alzaron del suelo, la pusieron de pie como un hombre y le dieron un corazón humano. Había una segunda bestia semejante a un oso; estaba medio erguida, con tres costillas en la boca, entre los dientes. Le dijeron:

    «Levántate. Come carne en abundancia».

    Después yo seguía mirando y vi otra bestia como un leopardo, con cuatro alas de ave en el lomo, y esta bestia tenía cuatro cabezas. Y le dieron el poder.

    Después seguí mirando y en mi visión nocturna contemplé una cuarta bestia, terrible, espantosa y extraordinariamente fuerte; tenía grandes dientes de hierro, con los que comía y descuartizaba; y las sobras las pateaba con las pezuñas. Era distinta de las bestias anteriores, porque tenía diez cuernos. Miré atentamente los cuernos, y vi que de entre ellos salía otro cuerno pequeño; y arrancaron ante él tres de los cuernos precedentes. Aquel cuerno tenía ojos humanos, y una boca que profería insolencias.

    Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó.

    Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba y corría ante él.

    Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes.

    Comenzó la sesión y se abrieron los libros.

    Yo seguí mirando, atraído por las insolencias que profería aquel cuerno; hasta que mataron a la bestia, la descuartizaron y la echaron al fuego.

    A las otras bestias les quitaron el poder, dejándolas vivas una temporada, hasta un tiempo y una hora.

    Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo.

    Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.

    A él se le dio poder, honor y reino.

    Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron.

    Su poder es un poder eterno, no cesará.

    Su reino no acabará.

     R/. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!

    Montes y cumbres, bendecid al Señor. R/.

    Cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor. R/.

    Manantiales, bendecid al Señor. R/.

    Mares y ríos, bendecid al Señor. R/.

    Cetáceos y peces, bendecid al Señor. R/.

    Aves del cielo, bendecid al Señor. R/.

    Fieras y ganados, bendecid al Señor. R/.

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola:

    «Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.

    Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

    En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

    2 min
  • Santa Catalina Labouré

    Si

    ayer celebrábamos a La Virgen de la Medalla Milagrosa, hoy
    recordamos a Santa Catalina Labouré, Religiosa a la que se apareció
    la Virgen bajo este Título Mariano. Nacida en Fain- les- Moutiers
    (Francia), en el año 1802 fue la séptima de una familia numerosa. 

    Francia entonces vive un momento de grandes turbulencias porque ha

    salido de una Revolución y ahora se enfrenta a una situación de
    penuria. Pronto morirá su madre, con lo que se hace cargo de las
    tareas de la casa. Además se acercó mucho más a la Virgen porque
    sentía que al faltar la madre de la tierra se cogía mayor amor la
    del Cielo donde estaban las dos. 

    La situación familiar le acarrea

    grandes dificultades. Y es que ella quería dedicarse más al Señor
    pero tiene que ayudar en su casa y no lo ve, de momento, posible. Al
    final ingresa en las Hijas de la Caridad, fundadas por San Vicente de
    Paúl, donde resplandecerá por una fidelidad al carisma de la
    Congregación. 

    Su caridad era genuina y siempre estaba donde más

    falta hacía la caridad y la misericordia: Tanto en la cocina como en
    los más ancianos, o en los más pobres. La oración ante el
    Sagrario, le impulsa a visitar asilos, hospitales y orfanatos donde
    atenderá a los necesitados. La última etapa de su vida la pasó en
    el más absoluto anonimato. 

    De hecho, las tres apariciones que tuvo

    de la Virgen no las contó hasta el final. Solamente su confesor le
    escuchó contárselo y él mismo se encargó de que se acuñasen esas
    Medallas y se repartiesen por Francia y por todo el mundo. Santa
    Catalina Labouré muere en
    el año 1876.    

    1 min
  • “Vuestra liberación ya está cerca”

    En aquellos días, los hombres espiaron a Daniel y lo sorprendieron orando y suplicando a su Dios. Luego se acercaron al rey y le hablaron sobre la prohibición:

    «Majestad, ¿no has firmado tú un decreto que prohíbe durante treinta días hacer oración a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones?».

    El rey contestó:

    «El decreto está en vigor, como ley irrevocable de medos y persas».

    Ellos le replicaron:

    «Pues Daniel, uno de los deportados de Judea, no te obedece a ti, majestad, ni acata el edicto que has firmado, sino que hace su oración tres veces al día».

    Al oírlo, el rey, todo sofocado, se puso a pensar cómo salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol estuvo intentando librarlo. Pero aquellos hombres le urgían, diciéndole:

    «Majestad, sabes que, según la ley de medos y persas, todo decreto o edicto real son válidos e irrevocables».

    Entonces el rey mandó traer a Daniel y echarlo al foso de los leones.

    Y dijo a Daniel:

    «¡Que te salve tu Dios al que veneras fielmente!».

    Trajeron una piedra, taparon con ella la boca del foso, y el rey la selló con su sello y con el de sus nobles, de manera que nadie pudiese modificar la sentencia dada contra Daniel.

    Luego el rey volvió a su palacio, pasó la noche en ayunas, sin mujeres y sin poder dormir.

    Por la mañana, al rayar el alba, el rey se levantó y fue corriendo al foso de los leones. Se acercó al foso y gritó a Daniel con voz angustiada. Le dijo a Daniel:

    «¡Daniel, siervo del Dios vivo! ¿Ha podido salvarte de los leones tu Dios al que veneras fielmente?».

    Daniel le contestó:

    «¡Viva el rey eternamente! Mi Dios envió a su ángel a cerrar las fauces de los leones, y no me han hecho ningún daño, porque ante él soy inocente; tampoco he hecho nada malo contra ti».

    El rey se alegró mucho por eso y mandó que sacaran a Daniel del foso; al sacarlo del foso, no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios.

    Luego el rey mandó traer a los hombres que habían calumniado a Daniel, y ordenó que los arrojasen al foso de los leones con sus hijos y esposas. No habían llegado al suelo del foso y ya los leones los habían atrapado y despedazado.

    Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que pueblan la tierra:

    «¡Paz y bienestar! De mi parte queda establecido el siguiente decreto: Que en todos los dominios de mi reino se respete y se tema al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo, que permanece siempre. Su reino no será destruido, su imperio dura hasta el fin. Él salva y libra, hace prodigios y signos en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones».

     R/. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!

    Rocíos y nevadas, bendecid al Señor. R/.

    Témpanos y hielos, bendecid al Señor. R/.

    Escarchas y nieves, bendecid al Señor. R/.

    Noche y día, bendecid al Señor. R/.

    Luz y tinieblas, bendecid al Señor. R/.

    Rayos y nubes, bendecid al Señor. R/.

    Bendiga la tierra al Señor. R/.

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

    «Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción. Entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella; porque estos son “días de venganza” para que se cumpla todo lo que está escrito.

    ¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días!

    Porque habrá una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo.

    “Caerán a filo de espada”, los llevarán cautivos “a todas las naciones”, y “Jerusalén será pisoteada por gentiles”, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles.

    Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.

    Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.

    Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».

    3 min
  • Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

    En

    el final de este mes de los Santos y Fieles Difuntos celebramos otro
    Título en honor de Nuestra Madre, Reina de Cielos y tierra: Nuestra
    Señora de la Medalla Milagrosa. La historia nos lleva al sábado 27
    de noviembre de 1830, coincidiendo con las I Vísperas del Tiempo de
    Adviento. Ese día la Reina del Cielo se apareció en París a Santa
    Catalina Labouré, religiosa perteneciente a las Hijas de la Caridad. 

    La religiosa, había tenido ya una Aparición el 18 de julio de ese

    mismo año. Estando en la madrugada dormida, un misterioso niño le
    despertó y le condujo a la Capilla de la Comunidad donde la Virgen
    se hallaba sentada en una silla del presbiterio y le anunció que más
    adelante el Señor le mostraría a través de Ella, un signo de
    Misericordia con Francia y con todos los hombres. 

    Era un contexto de

    necesidad porque la ciudad de París vivía en un declive de penuria
    demográfica, económica, cultural y religiosa y ahí decide la
    Providencia mostrar su Misericordia de la Mano de su Santísima
    Madre. 

    La Virgen, en el día 27, estaba en una especie de Globo

    terráqueo con un Manto Blanco y Azul. De sus manos salían unos
    rayos de luz, y encima de ella se podía leer unas palabras escritas
    en oro: “¡Oh María sin pecado concebida! Ruega por nosotros que
    recurrimos a Vos”. 

    También oyó una voz que pedía acuñar esa

    misma aparición en forma de Medalla para que cuantos la llevasen,
    obtuviesen gracias especiales. También pudo advertir al mirar hacia
    el Retablo de la Capilla, la letra M, una Cruz y los Sagrados
    Corazones de Jesús y de María.    

    1 min

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