RSS - Audios de Ecclesia

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RSS - Audios de Ecclesia episodes

  • “Mi casa será casa de oración”

    En aquellos días, Judas y sus hermanos propusieron:

    «Nuestros enemigos están vencidos; subamos, pues, a purificar el santuario y a restaurarlo».

    Se reunió todo el ejército y subieron al monte Sion.

    El año ciento cuarenta y ocho, el día veinticinco del mes noveno (es decir, casleu), todos madrugaron para ofrecer un sacrificio, según la ley, en el nuevo altar de los holocaustos que habían reconstruido. Precisamente en el aniversario del día en que lo habían profanado los gentiles, lo volvieron a consagrar, cantando himnos y tocando cítaras, laúdes y timbales. Todo el pueblo se postró en tierra adorando y alabando al Cielo, que les había dado el triunfo.

    Durante ocho días celebraron la consagración, ofreciendo con alegría holocaustos y sacrificios de comunión y de alabanza. Decoraron la fachada del santuario con coronas de oro y escudos. Restauraron también el portal y las dependencias, poniéndoles puertas. El pueblo celebró una gran fiesta, que invalidó la profanación de los gentiles.

    Judas, con sus hermanos y toda la asamblea de Israel, determinó que se conmemorara anualmente la nueva consagración del altar con solemnes festejos, durante ocho días a partir del veinticinco del mes de casleu.

     R/. Alabamos tu nombre glorioso, Señor.

    Bendito eres, Señor,

    Dios de nuestro padre Israel,

    por los siglos de los siglos. R/.

    Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,

    la gloria, el esplendor, la majestad,

    porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra. R/.

    Tú eres rey y soberano de todo.

    De ti viene la riqueza y la gloria. R/.

    Tú eres Señor del universo,

    en tu mano está el poder y la fuerza,

    tú engrandeces y confortas a todos. R/.

    En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:

    «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».

    Todos los días enseñaba en el templo.

    Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

    3 min
  • La Presentación de la Virgen

    Diversas

    son las festividades y memorias en honor de Nuestra Madre en este mes
    de noviembre. Hoy celebramos La Presentación de la Virgen. Porque
    como relata la Tradición, la Virgen de Niña fue presentada en el
    Templo y se consagra a Dios. 

    Son sus padres Joaquín y Ana los que le

    llevan al Lugar Sagrado para agradecer al Señor el feliz
    alumbramiento. Ella, ante la admiración de todos, sube sola la
    escalinata y el Sacerdote de la Antigua Alianza le incorpora al grupo
    de niñas que oran y se preparan para servir. La Reina del Cielo
    siempre dispuesta, pero sin saberlo, se prepara para ser la Madre del
    Mesías Salvador. 

    Más tarde, tal día como hoy, pero del año 543 en

    la Colina de Sión, ante el Templo de Jerusalén se inaugura y dedica
    la Basílica de Santa María La Nueva. Aquí se presenta al nuestra
    Madre como Purísima. La
    Liturgia Bizantina presenta a María en esta jornada como la Fuente
    Perpetuamente Manante del Amor. 

    También se le venera en este rito

    como Templo Espiritual de la Santa Gloria de Cristo nuestro Dios. Al
    mismo tiempo se le invoca como Protectora de todos aquellos que se
    consagran muy especialmente a Cristo. Oriente ya celebraba en el siglo
    VI esta memoria. En Occidente tuvo que ocurrir u hecho curioso. 

    Y es

    que el Embajador de Chipre ante el Papa le refirió en una ocasión
    la gran celebración que tenían en Grecia. Tanto le agradó al
    Pontífice que pensó en ponerla también en Occidente. Poco después
    Sixto V la introdujo para toda la Iglesia. Y desde entonces La
    Presentación de la Virgen se celebra cada 21 de noviembre.  

    1 min
  • “¡Si reconocieras lo que conduce a la paz!”

    En aquellos días, los funcionarios reales, encargados de imponer la apostasía, llegaron a Modín para que la gente ofreciese sacrificios, y muchos israelitas acudieron a ellos.

    Matatías y sus hijos se reunieron aparte. Los funcionarios del rey tomaron la palabra y dijeron a Matatías:

    «Tú eres una persona ilustre, un hombre importante en esta ciudad, y estás respaldado por tus hijos y parientes. Adelántate el primero, haz lo que manda el rey, como lo han hecho todas las naciones; y los mismos judíos, y los que han quedado en Jerusalén. Tú y tus hijos recibiréis el título de Amigos del rey; os premiarán con oro y plata y muchos regalos».

    Pero Matatías respondió en voz alta:

    «Aunque todos los súbditos del rey le obedezcan apostatando de la religión de sus padres y aunque prefieran cumplir sus órdenes, yo, mis hijos y mis parientes viviremos según la Alianza de nuestros padres. ¡Dios me libre de abandonar la ley y nuestras costumbres! No obedeceremos las órdenes del rey, desviándonos de nuestra religión ni a derecha ni a izquierda».

    Nada más decirlo, un judío se adelantó a la vista de todos, dispuesto a sacrificar sobre el ara de Modín, como lo mandaba el rey.

    Al verlo, Matatías se indignó, tembló de cólera y, en un arrebato de ira santa, corrió a degollar a aquel hombre sobre el ara. Y, acto seguido, mató al funcionario real que obligaba a sacrificar y derribó el ara. Lleno de celo por la ley, hizo lo que Pinjás a Zimrí, hijo de Salu.

    Luego empezó a decir a voz en grito por la ciudad:

    «Todo el que sienta celo por la ley y quiera mantener la Alianza, que me siga!».

    Y se echó al monte, con sus hijos, dejando en la ciudad todo cuanto tenía.

    Por entonces, muchos decidieron bajar al desierto para instalarse allí, porque deseaban vivir santamente de acuerdo con el derecho y la justicia.

     R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

    El Dios de los dioses, el Señor, habla:

    convoca la tierra de oriente a occidente.

    Desde Sion, la hermosa,

    Dios resplandece. R/.

    «Congregadme a mis fieles,

    que sellaron mi pacto con un sacrificio».

    Proclame el cielo su justicia;

    Dios en persona va a juzgar. R/.

    «Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,

    cumple tus votos al Altísimo

    e invócame el día del peligro:

    yo te libraré, y tú me darás gloria». R/.

    En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:

    «Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.

    Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

    3 min
  • San Octavio

     El

    Santoral este día nos acerca a alguien que comenzó sirviendo a los
    intereses de Roma y siguió en la causa del Reino de los Cielos. Hoy
    celebramos a San Octavio. Su vida se sitúa en el siglo III. Eran
    tiempos de persecución en los que el Imperio Romano perseguía a los
    cristianos. 

    Sobre todo, indagaba mucho la situación de los soldados

    que habían abrazado la Fe en Cristo, porque las autoridades se
    habían enterado de que algunos de sus soldados habían dejado la
    creencia de Roma para seguir a Dios, aunque su conversión era muy
    silenciosa. 

    Y precisamente el Santo de este día, es procedente de la

    Legión Tebea que eran militares del Norte de África e imbuidos de
    Dios. Varios compañeros le siguieron en su camino hacia el Dios
    Verdadero. Entendieron lo que era colaborar en bien de la sociedad
    romana, pero obedeciendo antes a Dios que a los hombres en la Leyes
    Religiosas. 

    Pero un día surge la obligación de hacer una ofrenda a

    los ídolos y ellos se niegan. Llevados a prisión por este acto de
    traición para Roma, serán ajusticiados. Todos se admiran de la
    paciencia y fortaleza con que Octavio y sus compañeros asumen este
    suplicio. 

    Todos ellos son muy humildes y sencillos aceptando lo que

    el Señor dice “estar alegres y contentos porque la “recompensa
    será grande un día en el Cielo”. Sus cuerpos fueron muy queridos
    y venerados en los primeros tiempos. De hecho, asegura la historia
    que una matrona se hizo cargo de sus reliquias para que se les diese
    el culto debido. Son Patronos de Turín.  

    1 min
  • “Al que tiene se le dará”

    En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley.

    En extremo admirable y digna de recuerdo fue la madre, quien, viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día, lo soportó con entereza, esperando en el Señor. Con noble actitud, uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno y les decía en su lengua patria:

    «Yo no sé cómo aparecisteis en mi seno: yo no os regalé el aliento ni la vida, ni organicé los elementos de vuestro organismo. Fue el Creador del universo, quien modela la raza humana y determina el origen de todo. Él, por su misericordia, os devolverá el aliento y la vida, si ahora os sacrificáis por su ley».

    Antíoco creyó que la mujer lo despreciaba, y sospechó que lo estaba insultando.

    Todavía quedaba el más pequeño, y el rey intentaba persuadirlo; más aún, le juraba que si renegaba de sus tradiciones lo haría rico y feliz, lo tendría por amigo y le daría algún cargo.

    Pero como el muchacho no le hacía el menor caso, el rey llamó a la madre y le rogaba que aconsejase al chiquillo para su bien.

    Tanto le insistió, que la madre accedió a persuadir al hijo: se inclinó hacia él y, riéndose del cruel tirano, habló así en su idioma patrio:

    «Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y te crié durante tres años, y te he alimentado hasta que te has hecho mozo! Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contienen, y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y el mismo origen tiene el género humano. No temas a ese verdugo; mantente a la altura de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos».

    Estaba todavía hablando, cuando el muchacho dijo:

    «¿Qué esperáis? No obedezco el mandato del rey; obedezco el mandato de la ley dada a nuestros padres por medio de Moisés. Pero tú, que eres el causante de todas las desgracias de los hebreos, no escaparás de las manos de Dios».

     R/. Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante

    Señor, escucha mi apelación,

    atiende a mis clamores,

    presta oído a mi súplica,

    que en mis labios no hay engaño. R/.

    Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,

    y no vacilaron mis pasos.

    Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;

    inclina el oído y escucha mis palabras. R/.

    Guárdame como a las niñas de tus ojos,

    a la sombra de tus alas escóndeme.

    Yo con mi apelación vengo a tu presencia,

    y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.

    En aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida.

    Dijo, pues:

    «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después.

    Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles:

    “Negociad mientras vuelvo”.

    Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo:

    “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.

    Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.

    El primero se presentó y dijo:

    “Señor, tu mina ha producido diez”.

    Él le dijo:

    “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.

    El segundo llegó y dijo:

    “Tu mina, señor, ha rendido cinco”.

    A ese le dijo también:

    “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.

    El otro llegó y dijo:

    “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.

    Él le dijo:

    “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”. Entonces dijo a los presentes:

    “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”.

    Le dijeron:

    “Señor, ya tiene diez minas”.

    “Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».

    Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

    3 min
  • San Crispín de Écija

     Para

    Dios lo importante no es tener grandes gestas o acciones buenas. Lo
    bueno es hacer las cosas bien aunque sean pocas las que nos pidan.
    Hoy celebramos a San Crispín de Écija. No hay muchos datos acerca
    de su infancia y juventud, aunque se le sitúa en el siglo III que es
    cuando hay noticias sobre su Episcopado. 

    Sí se sabe, por ejemplo, que

    su infancia fue una auténtica vivencia de Fe. Siempre fue educado en
    el amor de Dios que practicó en el amor a los más necesitados para
    tener una Fe fuerte. Cuando llega su juventud quiso buscar un mayor
    compromiso con Dios. 

    Y no se sabe más en este periodo de su

    existencia. No obstante, todo lo que había sobre su trayectoria es
    muy fecundo de cara a su Santidad de vida. No fue muy llamativo, sino
    que buscaba que su mano izquierda no supiese lo que hace su derecha. 

    Écija era una población con una Comunidad Cristiana incipiente y

    que se iba haciendo cada vez más grande. Designado Obispo fue un gran Pastor que
    confirmó a sus fieles en la Fe y les alentó ante la persecución.
    Esto le hizo ser notado y empezaron las investigaciones a sus
    espaldas, además de las denuncias. 

    Llegado el momento fue arrestado

    y sufrió cárcel, torturas y otros sufrimientos, hasta que le decapitaron según las Actas. La acusación que escribieron contra él
    fue que se negó a sacrificar a los ídolos romanos. 

    Desde tiempos

    inmemoriales, San Crispín de Écija fue muy venerado entre los
    cristianos de aquellas tierras. Con el tiempo fue declarado Patrono
    de diversos gremios. También se le puso como Intercesor en diversos
    momentos de necesidad espiritual y humana.  

    1 min
  • “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”

    En aquellos días, Eleazar era uno de los principales maestros de la Ley, hombre de edad avanzada y semblante muy digno. Le abrían la boca a la fuerza para que comiera carne de cerdo.

    Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida de infamia, escupió la carne y avanzó voluntariamente al suplicio, como deben hacer los que son constantes en rechazar manjares prohibidos, aun a costa de la vida.

    Quienes presidían este impío banquete, viejos amigos de Eleazar, movidos por una compasión ilegítima, lo llevaron aparte y le propusieron que hiciera traer carne permitida, preparada por él mismo, y que la comiera haciendo como que comía la carne del sacrificio ordenado por el rey, para que así se librara de la muerte y, dada su antigua amistad, lo tratasen con consideración.

    Pero él, adoptando una actitud cortés, digna de sus años, de su noble ancianidad, de sus canas honradas e ilustres, de su conducta intachable desde niño y, sobre todo, digna de la ley santa dada por Dios, respondió coherentemente, diciendo enseguida:

    «¡Enviadme al sepulcro! No es digno de mi edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar a los noventa años ha apostatado y si miento por un poco de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso sería manchar e infamar mi vejez. Y aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no me libraría de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble, por amor a nuestra santa y venerable ley».

    Dicho esto, se fue enseguida al suplicio.

    Los que lo llevaban, considerando insensatas las palabras que acababa de pronunciar, cambiaron en dureza su actitud benévola de poco antes.

    Pero él, a punto de morir a causa de los golpes, dijo entre suspiros:

    «Bien sabe el Señor, dueño de la ciencia santa, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y que en mi alma los sufro con gusto por temor de él».

    De esta manera terminó su vida, dejando no solo a los jóvenes, sino a la mayoría de la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud.

     R/. El Señor me sostiene

    Señor, cuántos son mis enemigos,

    cuántos se levantan contra mí;

    cuántos dicen de mí:

    «Ya no lo protege Dios». R/.

    Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,

    tú mantienes alta mi cabeza.

    Si grito invocando al Señor,

    él me escucha desde su monte santo. R/.

    Puedo acostarme y dormir y despertar:

    el Señor me sostiene.

    No temeré al pueblo innumerable

    que acampa a mi alrededor.

    Levántate, Señor; sálvame, Dios mío. R/.

    En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.

    En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.

    Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo:

    «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».

    Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.

    Al ver esto, todos murmuraban diciendo:

    «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».

    Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:

    «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».

    Jesús le dijo:

    «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

    3 min
  • La Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo

     Noviembre es un mes para hacernos sentir especialmente

    Iglesia Peregrina en Comunión con los Santos y las Almas del
    Purgatorio. Hoy, precisamente, celebramos la Dedicación de las
    Basílicas de San Pedro y San Pablo. 

    En este día no celebramos a los

    Apóstoles como tal, que ya tienen su día el 29 de junio, sino que
    honramos el lugar donde fueron martirizados y reposan sus reliquias,
    y que ha sido lugar de peregrinación. 

    San Pedro cuando borró las

    negaciones en la Segunda Pesca Milagrosa, el Señor Resucitado le
    aseguró que cando era joven, él mismo se ceñía e iba donde
    quería, pero cuando fuese mayor otro le ceñiría y le llevaría a
    donde no quiera en alusión al martirio. Precisamente entre los años
    64 y 67 tuvo lugar el martirio de San Pedro. 

    Y fue en la zona

    Vaticana. Allí fue sepultado, y el Emperador Constantino levantó
    una Iglesia en su honor. En el siglo XVI grandes artistas como
    Brunellesci o Bernini trabajaron para culminar un Basílica en su
    honor como ha llegado a nuestros días. 

    Por su parte, Saulo era

    perseguidor y cuando se encontró con el Señor Camino de Damasco, se
    convirtió y pasó a ser Pablo, Apóstol de los Gentiles. Durante la
    persecución de Nerón, entre los años 64 y 67, fue decapitado en la
    parte de las afueras de las murallas cerca de donde están sus
    reliquias. 

    También Constantino levantó una Gran Iglesia que,

    actualmente, es San Pablo Extramuros. En el año 1823 sufrió un
    incendio y tendría que ser retocada, volviéndola a dedicar el Papa
    Pío IX en el año 1854. La Iglesia ha puesto en el mismo día la
    Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo como puso el
    29 de junio la Fiesta de los dos.  

    1 min
  • “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”

    En aquellos días, brotó un vástago perverso Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco. Había estado en Roma como rehén y subió al trono el año ciento treinta y siete de la era seléucida.

    Por entonces surgieron en Israel hijos apóstatas que convencieron a muchos:

    «Vayamos y pactemos con las naciones vecinas, pues desde que que nos hemos aislado de ellas nos han venido muchas desgracias».

    Les gustó la propuesta y algunos del pueblo decidieron acudir al rey.

    El rey les autorizó a adoptar la legislación pagana; y entonces, acomodándose a las costumbres de los gentiles, construyeron en Jerusalén un gimnasio, disimularon la circuncisión, apostataron de la alianza santa, se asociaron a los gentiles y se vendieron para hacer el mal.

    El rey decretó la unidad nacional para todos los súbditos de su reino, obligando a cada uno a abandonar la legislación propia. Todas las naciones acataron la orden del rey e incluso muchos israelitas adoptaron la religión oficial: ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado.

    El día quince de casleu del año ciento cuarenta y cinco, el rey Antíoco mandó poner sobre el altar de los holocaustos la abominación de la desolación; y fueron poniendo aras por todas las poblaciones judías del contorno.

    Quemaban incienso ante las puertas de las casas y en las plazas. Rasgaban y echaban al fuego los libros de la ley que encontraban; al que le descubrían en casa un libro de la Alianza, y a quien vivía de acuerdo con la ley, lo ajusticiaban según el decreto real.

    Pero hubo muchos israelitas que resistieron, haciendo el firme propósito de no comer alimentos impuros. Prefirieron la muerte antes que contaminarse con aquellos alimentos y profanar la Alianza Santa. Y murieron.

    Una cólera terrible se abatió sobre Israel.

     R/. Dame vida, Señor, para que conserve tus preceptos.

    Sentí indignación ante los malvados,

    que abandonan tu ley. R/.

    Los lazos de los malvados me envuelven,

    pero no olvido tu ley. R/.

    Líbrame de la opresión de los hombres,

    y guardaré tus mandatos. R/.

    Ya se acercan mis inicuos perseguidores,

    están lejos de tu ley. R/.

    La salvación está lejos de los malvados

    que no buscan tus decretos. R/.

    Viendo a los renegados, sentí asco,

    porque no guardan tus palabras. R/.

    Cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron:

    «Pasa Jesús el Nazareno».

    Entonces empezó a gritar:

    «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!».

    Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte:

    «Hijo de David, ten compasión de mí!».

    Jesús se paró y mandó que se lo trajeran.

    Cuando estuvo cerca, le preguntó:

    «¿Qué quieres que haga por ti?».

    Él dijo:

    «Señor, que recobre la vista».

    Jesús le dijo:

    «Recobra la vista, tu fe te ha salvado».

    Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

    3 min
  • Santa Isabel de Hungría

     Hoy la Iglesia nos presenta otra mujer ejemplar en el

    Gobierno de un país. Si ayer celebrábamos a San Margarita de
    Escocia, hoy recordamos a Santa Isabel de Hungría. Nacida en 1207
    esta mujer, es hija de Andrés, Rey de Hungría y primo del Emperador
    de Alemania. Desde muy pequeña fue al Castillo de Turinga para
    educarse con su prometido que iba a ser Don Luis de Landgrave. 

    Ahí

    aprendió a afianzarse en la Fe cristiana que ya tenía en su corazón
    siempre dispuesto y servicial. Desde muy niña cuando veía a alguien
    pobre y necesitado se le hacía poco todo lo que tenía para ayudarle
    y asistirle. Cuando llegó el momento de desposarse hubo quienes lo
    vieron muy prematuro por la adolescencia de ella. 

    Sin embargo,

    rompieron moldes porque el matrimonio no era de pura conveniencia.
    Ambos esposos se querían de verdad y él apoyaba a su esposa en su
    vida de Fe y sus obras de caridad. De hecho, si algún cortesano le
    criticaba por lo que hacía, él también salía en su defensa. 

    Ella,

    por su parte, nunca descuidó a su ámbito familiar que tuvo tres
    hijos. No faltaron las envidias propias de los hombres, y en la Corte
    le acusaron de repartir comida a los más necesitados, porque aunque
    era tiempo de hambre pensaban que no era lógico quitar el pan de los
    hijos y dárselo a los criados. 

    Casualmente cuenta la historia que un

    día algunos palaciegos le quisieron acusar de robar la comida de los
    nobles en el Palacio. Entonces le preguntaron qué llevaba. Ella, al
    mostrarles el manto, aparecieron rosas. Entonces repararon en su
    bondad y pureza. Su esposo fue a las Cruzadas y falleció de unas
    fiebres dejando a Isabel viuda en plena juventud. 

    También fallece su

    hijo y las calumnias de la propia familia de su esposo hace que la
    echen de la Casa Real. Esto le hace confiar más en Dios y seguir la
    senda de Terciaria Franciscana, viviendo pobremente y auspiciando la
    fundación de un hospital. Ahí atendió personalmente a los
    enfermos. Santa Isabel de Hungría murió en el año 1231.  

    1 min

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