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San Juan I, Papa y Mártir, que, habiendo sido enviado por el rey arriano Teodorico en embajada al emperador Justino de Constantinopla, fue el primer pontífice romano que ofreció la Víctima Pascual (Santa Misa) en aquella iglesia, pero a su regreso, detenido de manera indigna y arrojado en la cárcel por el mismo Teodorico, pereció como víctima por Cristo Nuestro Señor, en Ravena, en el año 526.
San Pascual Baylón, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, se mostró siempre diligente y benévolo hacia todos y honró constantemente con ardiente amor el misterio de la Santísima Eucaristía, siendo un ejemplo de amor a Jesús Eucarístico desde pequeño.
Andrés Bobola SJ se esforzó activamente por la unión de los cristianos hasta que, habiendo sido capturado por unos soldados cosacos, durante la rebelión de Jmelnytsky, con su sangre dio gustosamente el supremo testimonio de la fe, muriendo en 1657. En los procesos de la Sagrada Congregación, en Roma, se atestiguó más tarde que no había memoria en la historia de la Iglesia de un martirio más despiadado y cruel que el de San Andrés Bóbola.
San Matías fue uno de los seguidores de Jesús de Nazaret, Según los Hechos de los Apóstoles, fue elegido apóstol después de la muerte de Jesucristo para sustituir a Judas Iscariote. Su elección se realizó por sorteo. Años después evangelizó Etiopía, donde sufrió el martirio, siendo apedreado y luego decapitado.
La Virgen de Fátima –formalmente Nuestra Señora del Rosario de Fátima- se apareció a tres pobres niños pastores llamados Lucía, Jacinta y Francisco entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917 en Fátima, Portugal. La Virgen de Fátima fue un mensaje de Dios y es un recordatorio permanente de la importancia de la oración y el sacrificio, pues insistió a sus videntes en la oración del Santo Rosario por la paz del mundo y la salvación de las almas. Hoy el mundo necesita regresar al Santo Rosario y retomar el mensaje de Fátima, venerando también su Inmaculado Corazón. Sólo ella y su Único Hijo traerán la Paz y la Salvación.
Imelda Lambertini fue aceptada desde muy pequeña como monja en la Orden de Predicadores y, siendo aún joven, después de haber recibido de modo admirable la Eucaristía, entregó inmediatamente su espíritu en 1333 a la edad de 9 años. Fue declarada patrona de los niños de Primera Comunión en 1910 por el papa Pio X, siendo ejemplo de un admirable amor eucarístico. Su cuerpo permanece incorrupto.
Álvaro del Portillo fue un hombre fiel y un trabajador incansable al servicio de la Iglesia. En 1935 se incorporó al Opus Dei y en 1945 se ordenó sacerdote. Fue colaborador estrecho de San Josemaría y su sucesor al frente del Opus Dei. Su fidelidad y amor en los actos de la vida cotidiana distinguen a este beato y se convierte para nosotros en un modelo de santidad.
Ceferino es el hijo de un cacique Mapuche que se convirtió al catolicismo quiso ser sacerdote y llegó a estudiar en Roma, donde conoció al Papa Pío X. La beatificación de Ceferino, seminarista salesiano de origen mapuche y criollo, es una invitación a creer en los jóvenes, también en los que apenas han sido evangelizados, y a descubrir la fecundidad de Evangelio, que no destruye nada de aquello que es verdaderamente humano, y la aportación metodológica de la educación en este estupendo trabajo de configuración de la persona humana que llega a reproducir en sí la imagen de Cristo.
San Juan de Ávila recorrió toda la región de la Bética predicando a Cristo, y después, habiendo sido acusado injustamente de herejía, fue recluido en la cárcel, donde escribió la parte más importante de su doctrina espiritual. Se caracterizó por su caridad tan grande y su espíritu misionero, llevando a Nuestro Señor a todas las almas cercanas.
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