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Con Laura hablamos sobre la figura de San José como protector, proveedor, padre nutricio de Nuestro Señor y cómo las mujeres debemos imitar sus virtudes y, así, esperarlas en nuestro esposo, si es nuestra vocación.
Sabiendo que la mayor virtud de San José es la confianza en quien es la Sabiduría misma y el más grande Proveedor y Protector, imitémosle en eso también, sabiendo que Dios nos da en su infinita sabiduría lo que necesitamos para cumplir nuestra vocación y nuestros anhelos si son su Voluntad y nos llevarán al Cielo.
En Villa del Tránsito, Córdoba, Argentina, el Cura Brochero vivió una vida austera y recorrió poblados y zonas olvidadas y alejadas anunciando el Evangelio, llenando iglesias y moviendo a la conversión de miles de fieles. Juan Pablo II le llama el "Cura de Ars Argentino" por su forma tan simple y directa de hablar, de mover corazones y por su humildad y sencillez en la vida.
Hoy Juan Pablo nos acompaña para hablar de algunas virtudes de San José como hombre y padre, como el silencio, la mansedumbre, la sumisión a Dios, la modestia y la protección a la familia.
Hoy, Manuel Soní, esposo y padre, nos expone la devoción entorno a San José desde una perspectiva paternal y familiar, siendo al virilidad de este santo la virtud en la que la conversación gira en torno. Hablamos de la importancia tan grande que tiene la familia y, cómo hoy en día, hay tantas familias rotas por la falta de virilidad. Vemos a San José como padre protector y el llamado que tienen todos los hombres a proteger a sus familias, especialmente el alma de sus integrantes, buscando su bien máximo, que es la salvación. Finalmente, Manuel nos comparte qué significado tiene San José en su rol como esposo y padre.
En Quedlinburg, Sajonia, Alemania, Santa Matilde, esposa fidelísima del rey Enrique I, la cual, caracterizada por la humildad y la paciencia, se dedicó a aliviar a los pobres y a fundar hospitales y monasterios. Sufrió penas muy grandes como el rechazo y calumnias de sus hijos, pero abrazó todos sus sufrimientos, los ofreció y al final de sus vidas vivió una vida en el anonimato y el servicio.
San Rodrigo vivió en lo que hoy es España en el siglo XVII, bajo el dominio árabe. Fue entregado al juez musulmán por su hermano y, después de tiempo en prisión, amenazas y ofertas para dejar su fe, fue decapitado con San Salomón. Hoy lo recordamos por su valentía y por el ejemplo tan grande que dio a los cristianos de esos tiempos.
Fue un sacerdote de los últimos años de 1800 que instituyó la Pequeña Obra de la Divina Providencia, para bien de los jóvenes y de todos los marginados. Animado por una gran pasión por la Iglesia y por la salvación de las almas, se interesó activamente por los problemas emergentes de aquel tiempo, como la libertad y la unidad de la Iglesia, el modernismo, el socialismo y la cristianización de las masas obreras.
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