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En la antigua provincia romana de Nórico, en las riberas del Danubio, San Severino, presbítero y monje, con su don de profecía, defendió a los pueblos, aplacó a los violentos, convirtió a los infieles, fundó monasterios e impartió instrucción religiosa a los que la necesitaban. Sus ojos siempre estuvieron puestos en el Señor y en hacer de su vida una alabanza a Él.
Este Santo vivió dedicó su vida a la Iglesia, ofreciendo toda su persona y todo su intelecto para bien de ella pero, pese a sus grandes capacidades y virtudes, vivió en suma humildad, obedeciendo y despreciando grandes cargos, pues supo que la grandeza está en ser el más pequeño, haciendo todo para la mayor gloria de Dios.
En Montreal, San André Bessette, religioso de la Congregación de la Santa Cruz, trabajó incansablemente en la construcción del insigne santuario dedicado a san José que se alza en aquella ciudad. Fue un ejemplo de caridad incansable, amor a San José y entrega absoluta a los demás. Mostrando, aún en su vejez, un rostro joven de la Iglesia.
En la ciudad de Filadelfia, en los Estados Unidos de Norteamérica, San Juan Nepomuceno Neumann, obispo, de la Congregación del Santísimo Redentor, se distinguió por su solicitud a favor de los inmigrantes pobres, ayudándoles con sus consejos y su caridad, así como en la educación cristiana de los niños.
San Manuel González fue un sacerdote español que promovió el amor a la Sagrada Eucaristía. Su vida entera fue para amarlo en la Sagrada Forma y dedicó su vida a formar a los fieles en este amor que quemaba su corazón.
En París, Francia, en el año 500, Santa Genoveva, patrona de París, hizo mucho bien. A los 15 años se consagró Virgen a Dios y ayudó en muchas catástrofes y calamidades a su ciudad, dando ella siempre el mérito a poner la confianza en Dios.
Hoy es la memoria de los santos Basilio Magno y Gregorio Nazianceno, obispos y doctores de la Iglesia. Basilio, obispo de Cesarea de Capadocia, hoy Turquía. Basilio, apellidado “Magno” por su doctrina y sabiduría, enseñó a los monjes la meditación de la Escritura, el trabajo en la obediencia y la caridad fraterna, ordenando su vida según las reglas que él mismo redactó. Con sus egregios escritos educó a los fieles y brilló por su trabajo pastoral en favor de los pobres y de los enfermos.
La Iglesia Católica quiere comenzar el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María, la Madre de Dios. Es esta la fiesta mariana más antigua y el primer dogma mariano establecido en el Concilio de Éfeso. Por ser Madre de la Iglesia, la María es también Madre de cada uno de nosotros, que somos miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Desde la cruz Jesús encomendó a su Madre a cada uno de sus discípulos. San Juan concluye el breve y sugestivo relato con las palabras: "y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa". La acogió en su propia realidad, en su propio ser. Este aceptarla en la propia vida es testamento del Señor. María es Madre Dios, quien la acogió, y también madre nuestra, por lo que debemos acogerla también en nuestras vidas.
San Silvestre I fue un Papa que piadosamente rigió la Iglesia durante muchos años. Durante su Pontificado, se reunió en le Concilio de Nicea en el año 325, en el cual los Obispos de todo el mundo declararon que quien no creía que Jesucristo es Dios, no es católico. Desde pequeño se distinguió por su gran caridad.
Margarita Colonna fue una mujer que, a pesar de tener una vida tan rica, vivió en pobreza y enteramente para Dios. Margarita representa para el mundo una delicadísima figura de mujer en quien las dotes naturales de inteligencia, fascinación y sensibilidad resaltan.
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