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Fue abadesa, líder monacal, mística, profetisa, médica, compositora y escritora alemana. El 7 de octubre de 2012 el papa Benedicto XVI le otorgó el título de doctora de la Iglesia. Considerada por los especialistas actuales como una de las personalidades más fascinantes y polifacéticas del Occidente europeo, se la definió entre las mujeres más influyentes de la Baja Edad Media, entre las figuras más ilustres del monacato femenino y quizá la que mejor ejemplificó el ideal benedictino, dotada de una cultura fuera de lo común, comprometida también en la reforma de la Iglesia.
San Juan Macías fue un religioso dominico, que, dedicado por mucho tiempo a oficios humildes, atendió con diligencia a pobres y enfermos y rezó asiduamente el Rosario por las almas de los difuntos, en Lima, Perú. Él simplemente hizo lo que le tocaba hacer, desde su vocación y su puesto que le fue encomendado. Veía a Cristo en todos y llevó su vida con mucha oración, viviendo de la forma más humildemente posible.
San Cornelio, Papa, y Cipriano, Obispo, fueron mártires. Juntos son celebrados en esta memoria porque ambos testimoniaron, en días de persecución, su amor por la verdad indefectible ante Dios y el mundo. El Papa Cornelio fue enviado al destierro y murió decapitado en el año 253. Cipriano, Obispo de Cartago, por su parte, sufrió también la persecución de Decio y después la del emperador Valeriano. Fue condenado a muerte por negarse a ofrecer sacrificios a los dioses y por resistirse a la prohibición de celebrar la Eucaristía y administrar sacramentos. Él, al oír su sentencia, exclamó: “Gracias sean dadas a Dios”. Fue decapitado en septiembre del año 258.
Hoy es la memoria de Nuestra Señora de los Dolores, que de pie junto a la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora. Fue la nueva Eva, que por su admirable obediencia contribuyó a la vida, al contrario de lo que hizo la primera mujer, que por su desobediencia trajo la muerte.
Este día se acompaña a María en su experiencia de un muy profundo dolor, el dolor de una madre que ve a su amado Hijo incomprendido, acusado, abandonado por los temerosos apóstoles, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.
María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no la comprendamos.
Es Ella quien, con su compañía, su fortaleza y su fe, nos da fuerza en los momentos de dolor, en los sufrimientos diarios. Pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de Ella y comprender que, en el dolor, somos más parecidos a Cristo y somos capaces de amarlo con mayor intensidad.
El cristianismo es un mensaje de amor. ¿Por qué entonces exaltar la Cruz? Además la Resurrección, más que la Cruz, da sentido a nuestra vida. Miremos la Cruz y dejémonos cautivar por un Dios que murió por nosotros, un Dios que respondió al mal con amor. "En cuanto a mí, no quiero sentirme orgulloso más que de la cruz de Cristo Jesús" (Gal 6:14). Jesús no ha venido a suprimir el sufrimiento: el sufrimiento seguirá presente entre nosotros. Tampoco ha venido para explicarlo: seguirá siendo un misterio. Ha venido para acompañarlo con su presencia. En presencia del dolor y muerte de Jesús, el Santo, el Inocente, el Cordero de Dios, no podemos rebelarnos ante nuestro sufrimiento ni ante el sufrimiento de los inocentes, aunque siga siendo un tremendo misterio.
De Antioquía, Juan (hoy Santo y Doctor de la Iglesia) fue ordenado presbítero y llegó a ser llamado "Crisóstomo" por su gran elocuencia al hablar. Gran pastor y maestro de la fe en la sede de Constantinopla, fue desterrado de la misma por insidias de sus enemigos, y al volver del exilio por decreto del Papa San Inocencio I, como consecuencia de los malos tratos recibidos de sus guardianes durante el camino de regreso, entregó su alma a Dios.
San Guido fue el primer sacristán en el templo de Nuestra Señora de Laken, en Bélgica, Fue dadivoso con los pobres y peregrinó a los santos lugares por siete años. Vuelto a su tierra, murió piadosamente. Este santo trabajó por darle a Dios lo más digno, fue alguien que hizo cosas ordinarias con un amor extraordinario. Conocer a San Guido es una invitación para vivir de esta forma y tratar las cosas de Dios con amor y reverencia.
En la ciudad de Wuchang, de la provincia Hubei, en China, San Juan Gabriel Perboyre, presbítero de la Congregación de la Misión y mártir, fue un hombre dedicado a la predicación del Evangelio, quien sufrió persecución y estuvo mucho tiempo prisionero, siendo atormentado y, finalmente, colgado en una cruz y estrangulado.
"Solamente existe una cosa importante: conocer y amar a Jesucristo, pues no sólo es la luz, sino el modelo, el ideal... Así que no basta con conocerle, sino que hay que amarle... Solamente podemos conseguir la salvación mediante la conformidad con Jesucristo. No olvides que, ante todo, hay que ocuparse de la salvación, siempre y por encima de todo". - San Juan Gabriel Perboyre
Fue un presbítero religioso de la Orden de Ermitaños de San Agustín. Se sabe que fue un fraile de rigurosa penitencia y oración asidua, severo consigo y comprensivo con los demás; se autoimponía muchas veces la penitencia de otros. San Nicolás mostró una espiritualidad y relación con Dios extraordinaria, contagiando ese amor a todas las almas con quienes se encontraba. Pidamos a Dios la gracia de amarlo tanto y vivir tanto en su amor, que otras personas se vean movidas a amarlo también.
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