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San Pedro Claver fue un jesuita español que llevó a Cristo a las almas más olvidadas, usadas y despojadas de su humanidad, desempeñando una vasta labor evangelizadora en la ciudad de colombiana de Cartagena de Indias, bautizando y adoctrinando a los esclavos que llegaban de África. Es llamado, tal y como él mismo se definió, "el esclavo de los negros". Bautizó a casi trescientos mil esclavos. Murió en 1654.
Con su nacimiento surgió en el mundo la aurora de la salvación, como un presagio de la proximidad del día. Así lo reconoce la Iglesia en la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora: por tu nacimiento, Virgen Madre de Dios, anunciaste la alegría a todo el mundo: de ti nació el Sol de justicia, Cristo, Dios nuestro.
Santa Regina, santa del año 200, originaria de lo que hoy es Francia, fue una niña fuerte quien, a pesar de la tortura y la muerte, permaneció fiel a Dios y conservó su pureza para él. A sus 16 años fue decapitada y encerrada. Se dice que durante su ejecución apareció una paloma blanquísima que se posó sobre ella. Esto fue considerado como un signo de la presencia del Espíritu Santo fortaleciendo a la Santa. Su muerte suscitó innumerables conversiones entre quienes la acompañaron hasta el momento final, y entre quienes tuvieron noticia de su sacrificio.
San Eleuterio vivió en el siglo VI, y su vida fue escrita por el propio Papa San Gregorio, con quien compartió una gran amistad, tanto en el plano espiritual como el humano. Su sencillez fue admirada por este Papa y por todas las personas y monjes que trataron con él. Como cristianos, estamos llamados a vivir una vida sencilla y a ser ejemplo para nuestros amigos y todos los que nos rodean de transmitir las virtudes de Cristo.
La Madre Teresa vivió amando, en oración y siempre unida a Dios. Viviendo un amor fecundo, una vida de silencio interior y siempre al servicio de los más pobres entre los pobres, volviéndose un Cristo para ellos. Desgastó su vida para hacer llegar el mensaje de amor de Dios a todos, sin excepción.
En Viterbo, en la Toscana, Santa Rosa, virgen de la Tercera Orden de San Francisco, fue en las obras de caridad. En 1253, a los 18 años, consumó rápidamente el breve curso de su vida. De ella podemos aprender a ser humildes, a aceptar la Voluntad de Dios y a siempre entregarnos y buscar cumplir lo que Él quiere en nosotros.
Aunque a los personajes del Antiguo Testamento se les conoce más como "justos" que "santos", no está mal llamar a algunos "santos", como Elías o Moisés, quien fue un santo, profeta y pastor de hace más de 3000 años que liberó al pueblo hebreo de Egipto. A él fue quien Dios le reveló Su Santo Nombre; Moisés se esforzó en nunca tomar Su Nombre en vano y siempre santificarlo. Dios se refería a él como "mi siervo más fiel". No hay mejor que santo que aquel que sirve a sus ovejas, pero, para poder servirlas, debemos seguir los principales consejos de Moisés: tener paciencia, escuchar y recordar.
San Gregorio Magno fue Papa y es Doctor de la Iglesia. Siendo monje ejerció ya de legado pontificio en Constantinopla, y después fue elegido como Pontífice. Arregló problemas temporales y, como siervo de los siervos. atendió a los cuidados espirituales, mostrándose como verdadero pastor en el gobierno de la Iglesia, ayudando sobre manera a los necesitados, fomentando la vida monástica y propagando y reafirmando la fe por doquier, para lo cual escribió muchas y célebres obras sobre temas morales y pastorales.
Bartolomé nació en la ciudad de México en 1580, y con 16 años ingresa a la orden agustina. En 1606 se embarcó en Acapulco y llego a Filipinas. Allí, los superiores al ver sus cualidades, lo nombraron maestro de novicios, desempeñando este cargo durante un sexenio. Tenía una gran facilidad para los idiomas, era un buen latinista y aprendió pronto el japonés a pesar de las dificultades de esta lengua. Venció innumerables peligros para llevar a Cristo a los creyentes y para no ser detenido, vivía en los campos y bosque; vivió pobremente, padeció las inclemencias del clima y también el hambre. A esto él añadió ayunos, vigilias y tales maceraciones, que aquel joven robusto de 25 años, se convirtió en un hombre enjuto y seco que no parecía tener más que huesos y piel. Víctima de una traición, el Beato Bartolomé fue sorprendido y arrestado en 1629, junto con el catequista y ahora Beato Juan Shozaburo y otros tres auxiliares con los que fue enviado a la cárcel de Nagasaki. Al llegar al lugar del suplicio, entonaron, como era la costumbre entre quienes eran sacrificados, el salmo 116 “Laudate Dominum omnes gentes”, luego los ataron con lazos muy frágiles, para que se pudieran romper si decidían renegar. La leña era verde y llena de lodo para que ardiera con dificultad. Al ser encendido el fuego, el Beato Vicente Carvalho sacó su crucifijo y levantándolo en alto exclamo “¡Adelante valerosos soldados de Jesucristo! ¡Viva nuestra fe y por ella valerosamente muramos!”.
Donde hoy es Francia, San Gil erigió un monasterio donde vivió y murió. De San Gil aprendemos a estar unidos en todo momento a Dios, a confiar en su Voluntad y a llevarlo a las personas que más lo necesitan.
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