En la actualidad y por primera vez, conviven hasta cuatro generaciones en las organizaciones: los baby boomers, la generación X, la generación Y (millennials) y, la más reciente, la generación Z (centennials), todas ellas con diferentes puntos de vista, etapas vitales, motivaciones y formas de concebir el trabajo. Para los gerentes y las áreas responsables de gestionar el personal supone un reto, ya que deben conocerlas, adaptar sus políticas y estrategias, y, sobre todo, facilitar su convivencia, ya que, solo de esta manera, podrán reforzar y mantener el compromiso, así como la eficiencia y productividad de sus colaboradores. Las sociedades cambian y, con ellas, las personas que la integran, nacidas y educadas en circunstancias y valores diferentes. En la última mitad de siglo, ese proceso de cambio se ha acelerado: poco tiene que ver la forma de entender el trabajo de una persona de 60 años con la de uno de 20, recién incorporado al mercado laboral y educado en un contexto radicalmente distinto. Hasta hace pocas décadas, las plantillas de las empresas eran más homogéneas. La transformación digital, acentuada en los 90 y los 2000, ha sido un elemento clave a la hora de reflejar y hacer tangibles las diferencias generacionales de los colaboradores. Las organizaciones se enfrentan, por tanto, a un nuevo desafío: ser capaces de motivar y comprometer a su plantilla. Para esto, deben conocer, previamente, cómo perciben el entorno laboral cada una de las generaciones que la conforman, cuáles son sus inquietudes y expectativas en el trabajo, y qué esperan de su organización. La gestión de esta diversidad es fundamental para que la organización pueda beneficiarse de las fortalezas de cada una de las generaciones que conviven en ella. Todas son importantes para el desarrollo de las organizaciones porque cada una aporta de diferente manera en la consecución de los resultados. En esta línea, distintos estudios han evidenciado que la gestión de los gerentes y sus praxis integradoras, de acompañamiento y formación son claves para el “gerenciamiento de la diversidad”. Esta realidad debe ser asumida y trabajada por las organizaciones. Para que esa diversidad sea atendida y gestiona correctamente, las políticas y estrategias deben estar orientadas a ella: cómo se va a motivar, cómo se va a compensar y reconocer el trabajo, y los logros, cómo va a ser la comunicación in house (clave), cómo se van a diseñar los puestos y organizarse las funciones, cómo se equilibra “trabajo-familia” (conciliación), etc. La diversidad debe contemplarse como una oportunidad para fomentar la tolerancia y la igualdad, y no como un elemento de separación. Por eso, el reto de las organizaciones está en gestionar esa diversidad y estructura multigeneracional.