Cada acto es una confesión. Detrás de cada acto hay una verdad. Esta verdad es tan personal como a lo mejor innegociable. Y esta verdad obedece a una razón, cualquiera que sea la que todos tengamos para decir o hacer. Considero que ante cualquier situación difícil con una persona, en vez de dividirme, calificando esta situación como buena o mala, prefiero imaginar cuál fue la conciencia detrás del acto, y desde esta posición, intento generar empatía con todos los seres humanos.