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  • Pedro el Grande, la venganza del Zar
    El Zar Pedro el Grande, un gigante de más de dos metros de altura que literalmente reinventó Rusia y gobernó Rusia con puño de hierro. Sólo su hijo, Alexei, se atrevió a decir no y plantar cara al reformador zar. Alexei huyó del país para escapar de las garras de Pedro el Grande, pero el zar lo rastreó, lo secuestró y e intentó cambiar su sangre, por la fuerza bruta. Examinaremos la política y la intriga que rodeó a una de las grandes figuras de la historia: Pedro I de Rusia, Pedro El Grande (1682-1725) que sacó a Rusia de su pasado medieval y la convirtió en un imperio moderno.
    Pedro I Alekséievich o Pedro I de Rusia, apodado Pedro el Grande (ruso: ???? I, ???? ???????, ???? ?????é????; Moscú, 30 de mayojul./ 9 de junio de 1672greg.- San Petersburgo, 28 de enerojul./ 8 de febrero de 1725greg.)1 hijo del zar Alejo I y de su segunda esposa Natalia Narýshkina y sucesor de su medio hermano Teodoro III (Fiódor Alekséievich), fue uno de los más destacados gobernantes de la historia de Rusia, perteneciente a la Dinastía Románov.
    Gobernó Rusia desde el 7 de mayo de 1682, hasta su muerte, y antes de 1696 lo hizo junto con su débil y enfermizo hermano, Iván V de Rusia. Llevó a cabo un proceso de modernización mediante la occidentalización y expansión que transformó a la Rusia Moscovita en una de las principales potencias europeas. Se casó con Eudoxia Lopujiná, con quien tuvo un hijo y, en segundas nupcias, con su sirvienta, que tomaría el título de Catalina I al suceder a Pedro tras su muerte ocurrida en San Petersburgo el 8 de febrero de 1725 a consecuencia de una infección en la vejiga.
    46 min
  • El Hubble
    Esta es la historia de los hombres y mujeres que concibieron, construyeron, repararon y manejaron el Hubble, el instrumento científico más alabado de la historia.
    El Hubble fue puesto en órbita el 24 de abril de 1990. Fue el primer telescopio espacial que observó la luz visible y por eso ofreció unas imágenes con una calidad desconocida hasta entonces. Un telescopio con el que sus creadores homenajearon a Edwin Hubble, el astrónomo más importante del siglo XX, que cambió radicalmente la forma en que vemos el universo.
    Este documental recuerda cómo fue la construcción y el lanzamiento del Hubble con el testimonio de expertos que trabajaron en aquellos años y que sacaron adelante uno de los proyectos científicos más difíciles de la historia de la astronomía.
    44 min
  • Astrónomos de la prehistoria
    La astronomía es una ciencia que se ocupa del estudio de las cuerpos celestes, pero miles de años antes del nacimiento de esta ciencia como tal nuestros antepasados ya eran conscientes de los movimientos del sol y de la luna y conocían las principales constelaciones a pesar de que todavía no tenían conocimientos de nada y únicamente sobrevivían a partir de la experiencia.
    52 min
  • La verdadera historia del Che Guevara
    Documental que explica cómo Ernesto Che Guevara, el líder guerrillero revolucionario, se convirtió en el icono cultural que es hoy. Este especial de dos horas separa al hombre del mito con una visión sin precedentes de la extraordinaria vida del Che. Desde su formación a gusto en Argentina, hasta su fatídico encuentro con Fidel Castro. desde los campos de batalla de la revolución cubana a su fallida campaña en el Congo y el asesinato eventual sancionado por la CIA en las selvas montañosas de Bolivia.
    1 hr 31 min
  • El perfeccionamiento humano: Preparando la singularidad
    En este episodio tanto los que están a favor como los que están en contra de la perfección del cuerpo humano discuten sobre sus ventajas e inconvenientes. Harán pronósticos sobre cuándo podemos esperar ver esta revolución y explican que hay gente que ya se está preparando para ella.
    54 min
  • En busca de los cientificos de Hitler
    En los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, la derrota era inminente para los alemanes. La invasión de Normandía el 6 de junio de 1944 - el día D - abrió un segundo frente aliado, y los aliados comenzaron a arrollar las posiciones alemanas; París fue liberada el 25 de agosto; Rumania y Bulgaria se rindieron en rápida sucesión.
    Pero los nazis no tenían la intención rendirse sin pelear, y sin infligir tanto daño como fuera posible a los aliados. Para ello, planeaban emplear un arsenal cada vez más mortal de armas militares, desde misiles balísticos hasta aviones de cohetes, hasta, quizás, la bomba atómica.
    Los agentes aliados concentraron sus esfuerzos en tres tecnologías claves nazis: el cohete V-2, el Messerschmitt 163 Komet, la bomba atómica.
    Estrenada en 2002. Documental de la serie Revealed.
    47 min
  • Yo Albrecht Dürer (Durero)
    La época del Renacimiento alumbra con nombres indelebles en el arte y en la ciencia. Pero no solo Italia se enorgulleció de ser su cuna. En Nuremberg también nació un genio: se llamó Alberto Durero.
    Durero, Dürer ,vive en los siglos XV y XVI, siendo por tanto contemporáneo de Leonardo y tantos otros genios del Renacimiento, ese momento histórico sin parangón, en que el cielo parece haber volcado sus regalos sobre la Tierra para maravilla de su momento y de los venideros.
    Hasta su apellido es sugerente. Dice la etimología que procede de Tür, puerta: Alberto es, sí, la puerta de un mundo maravilloso de línea y de color. No siempre lo conserva así, Durero: tras su viaje a Venecia adopta la forma latinizada de Albertus Durerus, que le parece más acorde con el mundo en que se mueve. Y le añade Noricus, de Nuremberg. Alberto se ha enamorado del mundo renacentista de Italia. Pero no firma con ninguno de esos nombres: utiliza una gran D dentro de una A, en un símbolo que los modernos grafólogos interpretarían como un deseo de condensar su presentación en sus inicios, en sí mismo, en un yo dentro de yo mismo, y que solo le conozcan así los sabedores de su arte. Firma así sus cuadros, excepto las acuarelas, que no le parecían obras de arte; son paisajes de su primera época, solo recuerdos de lo visto, a modo de “fotos” de un cuaderno de viajes, porque los paisajes en sí no son apreciados en el siglo XV. Y luego los utilizará de fondos en sus cuadros.
    Aprendió pronto que sus dibujos se cotizaban; y ya en la madurez firma su autorretrato, que permanecía anónimo, y que es el primero que hace, con trece años, a punta seca. Se conservan 90 pinturas, 130 grabados, tres libros de teoría del arte y cientos de dibujos y xilografías. Esta técnica, descubierta hacía poco, es algo que necesitaba explorarse, y él lo hizo. De forma genial, como todo.
    Durero 1El padre de Durero es húngaro, orfebre, y va a Nuremberg porque era un importante núcleo de distribución de metales preciosos controlado por los banqueros Fugger, que lo eran de los reyes de España. Se casa con la quinceañera Bárbara Holfere, y se puede decir que les cundió, porque tuvieron dieciocho hijos: dada la mortalidad infantil de la época, sobrevivieron tres. Todos fueron pintores. Y, gracias a Dios, entre ellos se encontraba Alberto. Relacionados, porque el padre era el equivalente a un gentilhombre, con las familias más importantes, su padrino fue Antón Koberger, el impresor más importante de Nurembreg, que también fue más tarde su mecenas.
    Alberto entró con doce años de aprendiz (y deseado continuador) en el taller de su padre, pero este pronto tuvo que rendirse a la evidencia del genio del dibujo, que ya era más que evidente, y le envía al taller del pintor más importante de la ciudad, Michael Welgemut, que seguía el estilo de Van der Weyden, es decir, de los flamencos, con su maravilloso preciosismo. La obra de examen del chico, los retratos de sus padres, era lo mejor que se había pintado en la ciudad. Desgraciadamente, solo queda el del padre.
    Viajar: una forma de descubrir
    Al volver de un viaje por Alemania, Alberto se encuentra prometido con Agnes Frey. Cosas de la época. De regalo de compromiso le envía su autorretrato, de frente, serio, con un cardo en la mano, símbolo de fidelidad. Pero el símbolo falla: solo dos meses después deja a la reciente esposa y marcha a Venecia, donde hay cosas que le atraen más que la tranquila vida hogareña, trabajando por encargo en un taller. Conoce a Bellini, a Mantegna, a Pollaiuolo, y le impresionan las figuras desnudas que contempla en cuadros y estatuas, tan lejos de la rígida moral luterana de su país. Durante siete años viaja y dibuja todo lo que le llama la atención, que es casi todo lo hermoso, en un prodigioso diario de viaje: plantas, insectos, animales. Su lápiz no descansa.
    De regreso en Nuremberg abre su taller, donde aplica las novedades estudiadas, como el óleo sobre lienzo, no sobre madera como se hacía allí. Pero su obra más revolucionaria son las xilografías de la serie del Apocalipsis, en un momento en que Lutero está en su apogeo predicador. Su Apocalipsis es denso, de línea precisa, detallista, abigarrado, lleno de sugerencias y transmisor perfecto de las ideas de san Juan. Y es un momento en que ha caído cerca un meteorito, nacieron siameses y se desbordó el Tíber como nunca lo había hecho. Son, dicen, signos apocalípticos. Y para Durero es el cenit de su carrera.
    Regresa a Italia, y en Florencia conoce las primeras obras del joven Rafael. Su colorido, su expresividad mágica, le fascinan. Pinta su Adán y Eva, enfrentados, majestuosos, comprometidos. El caballero, la Muerte y el Diablo, casi siguiendo, aunque impregnados de color, la línea de su Apocalipsis, plenas de simbolismo las tres figuras, enfrentadas cada una con su destino. Italia le admira.
    Durero 2Pero regresa a su ciudad, donde la fama le precede, y el emperador Maximiliano le agasaja, pero muere pronto. Alberto no desea apartarse del ámbito del poder, y se une a la corte del emperador Carlos I de España y V de Alemania. Viaja con él, camino de varias ciudades y con destino a España.
    No llegó nunca. En uno de estos viajes contrae la malaria, de la que nunca se repuso. Regresa a su tierra, y el 6 de abril de 1528 muere.
    Como dice su lápida, en La época del Renacimiento alumbra con nombres indelebles en el arte y en la ciencia. Pero no solo Italia se enorgulleció de ser su cuna. En Nuremberg también nació un genio: se llamó Alberto Durero.
    Durero, Dürer ,vive en los siglos XV y XVI, siendo por tanto contemporáneo de Leonardo y tantos otros genios del Renacimiento, ese momento histórico sin parangón, en que el cielo parece haber volcado sus regalos sobre la Tierra para maravilla de su momento y de los venideros.
    Hasta su apellido es sugerente. Dice la etimología que procede de Tür, puerta: Alberto es, sí, la puerta de un mundo maravilloso de línea y de color. No siempre lo conserva así, Durero: tras su viaje a Venecia adopta la forma latinizada de Albertus Durerus, que le parece más acorde con el mundo en que se mueve. Y le añade Noricus, de Nuremberg. Alberto se ha enamorado del mundo renacentista de Italia. Pero no firma con ninguno de esos nombres: utiliza una gran D dentro de una A, en un símbolo que los modernos grafólogos interpretarían como un deseo de condensar su presentación en sus inicios, en sí mismo, en un yo dentro de yo mismo, y que solo le conozcan así los sabedores de su arte. Firma así sus cuadros, excepto las acuarelas, que no le parecían obras de arte; son paisajes de su primera época, solo recuerdos de lo visto, a modo de “fotos” de un cuaderno de viajes, porque los paisajes en sí no son apreciados en el siglo XV. Y luego los utilizará de fondos en sus cuadros.
    Aprendió pronto que sus dibujos se cotizaban; y ya en la madurez firma su autorretrato, que permanecía anónimo, y que es el primero que hace, con trece años, a punta seca. Se conservan 90 pinturas, 130 grabados, tres libros de teoría del arte y cientos de dibujos y xilografías. Esta técnica, descubierta hacía poco, es algo que necesitaba explorarse, y él lo hizo. De forma genial, como todo.
    Durero 1El padre de Durero es húngaro, orfebre, y va a Nuremberg porque era un importante núcleo de distribución de metales preciosos controlado por los banqueros Fugger, que lo eran de los reyes de España. Se casa con la quinceañera Bárbara Holfere, y se puede decir que les cundió, porque tuvieron dieciocho hijos: dada la mortalidad infantil de la época, sobrevivieron tres. Todos fueron pintores. Y, gracias a Dios, entre ellos se encontraba Alberto. Relacionados, porque el padre era el equivalente a un gentilhombre, con las familias más importantes, su padrino fue Antón Koberger, el impresor más importante de Nurembreg, que también fue más tarde su mecenas.
    Alberto entró con doce años de aprendiz (y deseado continuador) en el taller de su padre, pero este pronto tuvo que rendirse a la evidencia del genio del dibujo, que ya era más que evidente, y le envía al taller del pintor más importante de la ciudad, Michael Welgemut, que seguía el estilo de Van der Weyden, es decir, de los flamencos, con su maravilloso preciosismo. La obra de examen del chico, los retratos de sus padres, era lo mejor que se había pintado en la ciudad. Desgraciadamente, solo queda el del padre.
    Viajar: una forma de descubrir
    Al volver de un viaje por Alemania, Alberto se encuentra prometido con Agnes Frey. Cosas de la época. De regalo de compromiso le envía su autorretrato, de frente, serio, con un cardo en la mano, símbolo de fidelidad. Pero el símbolo falla: solo dos meses después deja a la reciente esposa y marcha a Venecia, donde hay cosas que le atraen más que la tranquila vida hogareña, trabajando por encargo en un taller. Conoce a Bellini, a Mantegna, a Pollaiuolo, y le impresionan las figuras desnudas que contempla en cuadros y estatuas, tan lejos de la rígida moral luterana de su país. Durante siete años viaja y dibuja todo lo que le llama la atención, que es casi todo lo hermoso, en un prodigioso diario de viaje: plantas, insectos, animales. Su lápiz no descansa.
    De regreso en Nuremberg abre su taller, donde aplica las novedades estudiadas, como el óleo sobre lienzo, no sobre madera como se hacía allí. Pero su obra más revolucionaria son las xilografías de la serie del Apocalipsis, en un momento en que Lutero está en su apogeo predicador. Su Apocalipsis es denso, de línea precisa, detallista, abigarrado, lleno de sugerencias y transmisor perfecto de las ideas de san Juan. Y es un momento en que ha caído cerca un meteorito, nacieron siameses y se desbordó el Tíber como nunca lo había hecho. Son, dicen, signos apocalípticos. Y para Durero es el cenit de su carrera.
    Regresa a Italia, y en Florencia conoce las primeras obras del joven Rafael. Su colorido, su expresividad mágica, le fascinan. Pinta su Adán y Eva, enfrentados, majestuosos, comprometidos. El caballero, la Muerte y el Diablo, casi siguiendo, aunque impregnados de color, la línea de su Apocalipsis, plenas de simbolismo las tres figuras, enfrentadas cada una con su destino. Italia le admira.
    Durero 2Pero regresa a su ciudad, donde la fama le precede, y el emperador Maximiliano le agasaja, pero muere pronto. Alberto no desea apartarse del ámbito del poder, y se une a la corte del emperador Carlos I de España y V de Alemania. Viaja con él, camino de varias ciudades y con destino a España.
    No llegó nunca. En uno de estos viajes contrae la malaria, de la que nunca se repuso. Regresa a su tierra, y el 6 de abril de 1528 muere.
    Como dice su lápida, en La época del Renacimiento alumbra con nombres indelebles en el arte y en la ciencia. Pero no solo Italia se enorgulleció de ser su cuna. En Nuremberg también nació un genio: se llamó Alberto Durero.
    Durero, Dürer ,vive en los siglos XV y XVI, siendo por tanto contemporáneo de Leonardo y tantos otros genios del Renacimiento, ese momento histórico sin parangón, en que el cielo parece haber volcado sus regalos sobre la Tierra para maravilla de su momento y de los venideros.
    Hasta su apellido es sugerente. Dice la etimología que procede de Tür, puerta: Alberto es, sí, la puerta de un mundo maravilloso de línea y de color. No siempre lo conserva así, Durero: tras su viaje a Venecia adopta la forma latinizada de Albertus Durerus, que le parece más acorde con el mundo en que se mueve. Y le añade Noricus, de Nuremberg. Alberto se ha enamorado del mundo renacentista de Italia. Pero no firma con ninguno de esos nombres: utiliza una gran D dentro de una A, en un símbolo que los modernos grafólogos interpretarían como un deseo de condensar su presentación en sus inicios, en sí mismo, en un yo dentro de yo mismo, y que solo le conozcan así los sabedores de su arte. Firma así sus cuadros, excepto las acuarelas, que no le parecían obras de arte; son paisajes de su primera época, solo recuerdos de lo visto, a modo de “fotos” de un cuaderno de viajes, porque los paisajes en sí no son apreciados en el siglo XV. Y luego los utilizará de fondos en sus cuadros.
    Aprendió pronto que sus dibujos se cotizaban; y ya en la madurez firma su autorretrato, que permanecía anónimo, y que es el primero que hace, con trece años, a punta seca. Se conservan 90 pinturas, 130 grabados, tres libros de teoría del arte y cientos de dibujos y xilografías. Esta técnica, descubierta hacía poco, es algo que necesitaba explorarse, y él lo hizo. De forma genial, como todo.
    Durero 1El padre de Durero es húngaro, orfebre, y va a Nuremberg porque era un importante núcleo de distribución de metales preciosos controlado por los banqueros Fugger, que lo eran de los reyes de España. Se casa con la quinceañera Bárbara Holfere, y se puede decir que les cundió, porque tuvieron dieciocho hijos: dada la mortalidad infantil de la época, sobrevivieron tres. Todos fueron pintores. Y, gracias a Dios, entre ellos se encontraba Alberto. Relacionados, porque el padre era el equivalente a un gentilhombre, con las familias más importantes, su padrino fue Antón Koberger, el impresor más importante de Nurembreg, que también fue más tarde su mecenas.
    Alberto entró con doce años de aprendiz (y deseado continuador) en el taller de su padre, pero este pronto tuvo que rendirse a la evidencia del genio del dibujo, que ya era más que evidente, y le envía al taller del pintor más importante de la ciudad, Michael Welgemut, que seguía el estilo de Van der Weyden, es decir, de los flamencos, con su maravilloso preciosismo. La obra de examen del chico, los retratos de sus padres, era lo mejor que se había pintado en la ciudad. Desgraciadamente, solo queda el del padre.
    Viajar: una forma de descubrir
    Al volver de un viaje por Alemania, Alberto se encuentra prometido con Agnes Frey. Cosas de la época. De regalo de compromiso le envía su autorretrato, de frente, serio, con un cardo en la mano, símbolo de fidelidad. Pero el símbolo falla: solo dos meses después deja a la reciente esposa y marcha a Venecia, donde hay cosas que le atraen más que la tranquila vida hogareña, trabajando por encargo en un taller. Conoce a Bellini, a Mantegna, a Pollaiuolo, y le impresionan las figuras desnudas que contempla en cuadros y estatuas, tan lejos de la rígida moral luterana de su país. Durante siete años viaja y dibuja todo lo que le llama la atención, que es casi todo lo hermoso, en un prodigioso diario de viaje: plantas, insectos, animales. Su lápiz no descansa.
    De regreso en Nuremberg abre su taller, donde aplica las novedades estudiadas, como el óleo sobre lienzo, no sobre madera como se hacía allí. Pero su obra más revolucionaria son las xilografías de la serie del Apocalipsis, en un momento en que Lutero está en su apogeo predicador. Su Apocalipsis es denso, de línea precisa, detallista, abigarrado, lleno de sugerencias y transmisor perfecto de las ideas de san Juan. Y es un momento en que ha caído cerca un meteorito, nacieron siameses y se desbordó el Tíber como nunca lo había hecho. Son, dicen, signos apocalípticos. Y para Durero es el cenit de su carrera.
    Regresa a Italia, y en Florencia conoce las primeras obras del joven Rafael. Su colorido, su expresividad mágica, le fascinan. Pinta su Adán y Eva, enfrentados, majestuosos, comprometidos. El caballero, la Muerte y el Diablo, casi siguiendo, aunque impregnados de color, la línea de su Apocalipsis, plenas de simbolismo las tres figuras, enfrentadas cada una con su destino. Italia le admira.
    Durero 2Pero regresa a su ciudad, donde la fama le precede, y el emperador Maximiliano le agasaja, pero muere pronto. Alberto no desea apartarse del ámbito del poder, y se une a la corte del emperador Carlos I de España y V de Alemania. Viaja con él, camino de varias ciudades y con destino a España.
    No llegó nunca. En uno de estos viajes contrae la malaria, de la que nunca se repuso. Regresa a su tierra, y el 6 de abril de 1528 muere.
    Como dice su lápida, en su túmulo se enterró todo lo que había en él de mortal. El genio, su arte inmenso, sus cuadros, sus dibujos, están entre nosotros.
    43 min
  • Especial 23F
    El golpe de Estado de 1981, también conocido como 23F, fue un intento fallido de golpe de Estado perpetrado el 23 de febrero de 1981 por algunos mandos militares en España.
    Los episodios centrales fueron el asalto al Palacio de las Cortes por un numeroso grupo de guardias civiles a cuyo mando se encontraba el teniente coronel Antonio Tejero, ocurrido durante la votación para la investidura del candidato a la presidencia del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, de Unión de Centro Democrático, así como la ocupación militar de la ciudad de Valencia en virtud del estado de excepción proclamado por el teniente general Jaime Milans del Bosch, capitán general de la III Región Militar.
    1 hr 7 min
  • El Da Vinci perdido
    La historia que nadie ha visto registrada por las cámaras de National Geographic. Detrás de estas paredes centenarias, podría ocultarse una invaluable obra maestra de Leonardo da Vinci.
    1 hr 27 min
  • Plutón, la última frontera
    Después de nueve años desde su lanzamiento, el 14 de julio de 2015 la sonda espacial Nuevos horizontes llegará a la órbita de Plutón y nos desvelará los misterios que envuelven a este desconocido planeta descubierto en 1930 en el borde exterior del Sistema Solar.
    53 min

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