Continuamos conociendo como el poder de Dios no solo es grande, sino que extremadamente superior, que sobre pasa toda medida, y no tiene comparación.
Aprendimos como Cristo es el poder de Dios, pero como en Él operó ese poder al momento de resucitarlo y colocarlo a su diestra, sobre todo principado, toda potestad, allí esta la máxima expresión de este poder.